Tenía muchas respuestas para el mismo problema

bohr

“La capacidad de cuestionamiento es buscada y fomentada en el área científica, pero también como empresarios es fundamental desarrollarla.”

Por Ana Belén Díaz E.

 

Se dice que Sir Ernest Rutherford, premio Nobel de química, contaba una anécdota en la que lo invitaban a calificar a un estudiante quien aseguraba haber contestado correctamente un problema de física que decía lo siguiente: “demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro”, cuya respuesta lógica es: la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares.

El estudiante no había dado esta respuesta, a cambio de eso había escrito otras respuestas, por no decir todas las otras opciones que le comentó a Rutherford una vez que le habían dado la más alta calificación.

“Mis profesores me enseñaron a pensar”, ésa fue la respuesta que dio cuando Rutherford le preguntó por qué no había dado la respuesta más lógica al problema, en lugar de buscar muchas otras. Ese alumno era Niels Bohr, posteriormente también ganador del Premio Nobel y quien propuso el modelo atómico.

Cierta o falsa, esta anécdota nos deja un punto para reflexionar: ¿hasta dónde somos capaces de llegar si no nos quedamos en lo que nos dicen que debe de ser la respuesta a una pregunta? Es cierto que esta capacidad de cuestionamiento es buscada y fomentada en el área científica, pero también como empresarios es fundamental desarrollarla.

Ya había hablado en otro escrito sobre la importancia de conocer nuestro producto y darlo a conocer a nuestro cliente de forma clara, pero podríamos darnos la oportunidad de detenernos y tratar de ver nuestro producto o servicio desde otra perspectiva: ¿hay otra forma de venderlo, otro mercado que pudiera interesarle, alguna característica que aún no hemos explotado?

Y ese mismo afán de salir de lo cotidiano y de lo común lo podemos llevar a cada proyecto que iniciamos, o incluso a la empresa. Cuando emprendemos estamos en ese punto en el que arrancamos desde una idea nueva, y es ése el mejor momento para echar a andar nuestra creatividad e imaginación. Ya tenemos una idea, pero siempre hay que estar pensando hasta dónde puede llegar, hasta dónde la vamos a llevar. En la anécdota de Bohr él fue capaz de contestar al problema incluso con opciones diferentes a las de la física.

Así debemos ver nuestra idea, desde todos los puntos de vista posibles, los clásicos como administración, contabilidad, mercadotecnia, pero también lo podemos ver desde la sociología, la moda, historia o pedagogía. Abriendo nuestro panorama nos podemos dar cuenta que el producto cubre alguna necesidad que quizá no habíamos visto.

Ejercitar esta capacidad de ver nuestro entorno desde otro punto de vista, o mejor dicho desde varios puntos de vista, nos abre la capacidad de descubrir todas las variables que podemos aprovechar para crear o mejorar una idea.

Les dejo un link donde pueden ver la anécdota de Bohr completa.

 

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