Pasión por tu trabajo

Igor Stravinsky
Igor Stravinsky

“Si hubiera recibido un peso por cada vez que la gente me dijo que me iba a morir de hambre al dedicarme a tocar el piano en México, hoy sería millonario.”

Por Santiago Piñeirúa

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Una persona apasionada no trabaja, vive. Recientemente me enteré de una entrevista que le hicieron al gran compositor ruso Igor Stravinsky, en la que decía que él no era un compositor, sino un inventor de la música. Es verdad; si escuchamos su música, no obstante la innegable influencia de muchísimos compositores y de miles de años de evolución de historia, tiene algo nuevo, algo que no concuerda con el termino “composición”, sino invento. Esto es un gran ejemplo de pasión y de entrega; Stravinsky, pues, vivía la música, no era su trabajo, es decir, no era una nada más una actividad u obligación con la que cumplía para poder mantenerse y vivir: era parte de lo que quería aportar para el mundo y para sí mismo.

Hace poco, también, vi un documental sobre el pianista chino Yundi Li. Aparecía en el documental el famosísimo director de orquesta japonés Seiji Ozawa. Una de las escenas mostraba a los dos músicos trabajando: ambos preparaban el concierto para piano No. 2 de Prokofiev. El video mostraba a los músicos durante los últimos segundos antes de salir al escenario. Durante esos tensos momentos seguían trabajando, dándose indicaciones uno al otro, hablando de tempo, sonido y ensamble. Esto es verdadero ejemplo de la pasión con la que ambos hacían su “trabajo”. Puedo asegurar, queridos lectores, que jamás se les pasó por la cabeza cuánto dinero iban a recibir por ese concierto en particular, al menos durante el proceso creativo o el trabajo meramente musical y artístico. Ellos no lo hacen por dinero.

Otro ejemplo. Viendo los videos de detrás de las cámaras de la película de Indiana Jones, percibí esa pasión en Steven Spielberg, quien se esforzaba durante todo el día para que su película fuera exitosa y llena de detalles. Es increíble ver la energía que tenía y el entusiasmo con el que dirigía y se involucraba con cada aspecto del proceso creativo.

En una anécdota personal viví algo parecido. Antes de un concierto me encontraba trabajando el día anterior al gran evento con el gran pianista Horacio Gutiérrez, quien fue mi maestro. Eran las 10 pm del día anterior y seguía dándome indicaciones, a pesar de haber dicho que estaba muy contento ya con el resultado obtenido y el nivel alcanzado. El dijo: “Está muy bien, pero tenemos unas horas todavía. Sigamos trabajando”. Horacio no pensó cuál sería su remuneración o qué beneficio de otro tipo tendría por trabajar esas horas extras durante la noche. Estaba poseído por la pasión por lo que hacía. “Es la música”, dijo al preguntarle de dónde sacaba tanta energía.

Es famosa la frase “dedícate a lo que amas y jamás tendrás que trabajar un día más en tu vida”. Es verdad, queridos lectores. Los artistas que destacan a los más altos niveles de sus profesiones no “trabajan” -en este sentido que ya mencionamos-, sino que viven su actividad. No tienen horario, no tienen tabuladores de salarios y no checan tarjeta (por lo menos figurativamente). Desarrollan proyectos, se esfuerzan y por supuesto también se cansan como el resto de los mortales, pero sus mentes están enfocadas en su trabajo, ya no entendido como una actividad que hacen nada más para ganar dinero, sino como esa actividad que viven porque es para lo que están hechos, lo que les permite desarrollarse y aportar algo a este mundo.

Se dice mucho que el hombre debe trabajar para vivir, no vivir para trabajar, pues se entiende que el trabajo debería ser el medio para alcanzar el fin de la manutención y la procuración de bienes. En mi opinión, esto se debería entender al revés: el hombre debe vivir para trabajar, no trabajar para vivir, porque el trabajo no debería ser un medio molesto y tedioso para conseguir dinero: debería entenderse como una actividad natural del ser humano que lo lleva a crecer y a entregarse a los demás. En la vivencia misma del trabajo las personas se pueden enriquecer a sí mismas y a otros.

En el momento en el que esta concepción del trabajo se ve alterada empiezan los problemas. Es natural enfrentarnos a los miedos más comunes: ¿de qué voy a vivir?, ¿cuánto voy a ganar?, ¿podré mantener a mi familia? Un amigo muy querido me dijo: “si amas lo que haces tu productividad será óptima, pues dedicarás el 100% de tu tiempo a trabajar”. Se refería a la pasión por tu actividad de vida, la cual, cuando la amas, puede ser parte de tu vida familiar y personal, y no sólo profesional. Mi amigo dijo: “buscarás la manera de hacer las cosas mejor todo el tiempo, trabajarás 24 horas al día aunque estés descansando”. ¿De qué voy a vivir?, pues de lo que viva y punto. No imagino la vida haciendo otra cosa con tal de “tener más dinero”. Y, hablando de dinero, si hubiera recibido un peso por cada vez que la gente me dijo que me iba a morir de hambre al dedicarme a tocar el piano en México, hoy sería millonario.

Hasta ahora, queridos lectores, no he logrado ser millonario y tampoco tengo un interés especial en serlo. Pero les puedo decir que no me ha faltado nada ni a mí ni a mi familia y lo he conseguido tocando el piano. Mi único interés profesional es ser mejor músico cada vez para poder disfrutarlo más. Mi consejo es: atrévanse a ser lo que quieran ser. Ya después resolverán lo del ingreso, que probablemente saldrá de la pasión por su trabajo.

 

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