Uno más de Émile Zola

Auguste  toulmouche

“El rol de la esposa aquí va mas allá de ser un miembro clave de la familia, sino que se convierten en un engrane dentro del mundo de los negocios y por supuesto en el de la farándula.”

Por Chloé Nava

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La curée es el segundo libro de la serie Rougon-Macquart del autor E. Zola que relata los hechos del segundo imperio francés. Aquí el abuso de los nuevos ricos y políticos del imperio convierte a París en un objeto de cacería. Cada uno de los personajes desea ser parte de la cacería y hacerse de la presa, lo que queda al final es un esqueleto e incluso entonces eso es disputado.

Los nuevos burgueses se interesan menos en mercados tangibles y más en aquellos basados en la especulación. El personaje principal de la novela, Aristide Saccard, se dedica a la compraventa de inmuebles al estado, proyecta valores improbables sobre terrenos o edificios que valen poco o nada. Con el único propósito de enriquecerse usará la belleza de su esposa y colocará estratégicamente a su hijo.

Pero La curée no sólo relata la historia de una ciudad saqueada, sino también cuenta la vida de las mujeres que ayudaban a cerrar tratos y fundar nuevos proyectos. El rol de la esposa aquí va mas allá de ser un miembro clave de la familia, sino que se convierten en un engrane dentro del mundo de los negocios y por supuesto en el de la farándula. El éxito de cada fiesta, baile o simple reunión podía medirse de muchas maneras, pero la mejor era por la calidad de las mujeres invitadas o en el dinero que los hombres podían gastar para verlas.

Ya sea por su vestuario, joyas o escándalos encontraban la manera de apantallar este pequeño mundo. Aparecer en primera plana de los periódicos por cualquiera de esas razones era bueno para ellas y las mantenía en la mente de los hombres adinerados. Regalarle accesorios costosos a una mujer reputada era parte de este juego lleno de derroche, era una manera de mostrar su poder a los demás. Existía una clase de sobreentendido sobre lo que las esposas hacían, pero siempre que sus actividades favorecieran los proyectos del marido y fueran discretas en ello, no provocaba mayor escándalo. Las damas solteras podían moverse como querían, pero según quien las protegiera debían meditar bien sus amistades.

Este papel es a la vez impresionante y triste y lo digo por lo que Zola relata sobre la vida de Renée (segunda esposa de Saccard). Casada a los 20 años tras haber sido educada en un convento, fue entregada a su esposo con una gran dote (único aliciente para este último), pero sin ninguna idea de cómo manejar su dinero y sin entender el mundo rapaz al que entraba. Llega a una familia interesada en desposeerla de todo lo que pueda convertirse en oro, desde su dinero hasta sus encantos. Sus nervios, que nunca entendieron nada al amor ni a la sencillez, salen de control al conocer la vida superflua y lujuriosa de la ciudad. Desposeída de todo centro se entrega a los placeres que la rodean sin estar consciente de ello.

Sin embargo, ante la sociedad, eso se traduce en simple excentricidad. El dolor que la corroe y el vacío que la invade no tienen lugar en ese mundo, son para los débiles. Renée a final de la novela se da cuenta de su situación y que seguirá siendo exprimida hasta que realmente no se le pueda sacar nada más, igual que la ciudad.

La metáfora que Emile pone ante nosotros entre París y Renée es clave en esta novela y da ciertas pistas para entender con mayor profundidad otra de sus obras: Au bonheur des dames. El saqueo de la ciudad y la exhibición de la fortuna fueron, en gran parte, lo que creó a París. E incluso ahora esta ciudad tiene un poco de eso, un poco de orgullo de su frivolidad; pero, a diferencia de estos burgueses, conserva una profunda conciencia histórica y un ideal sobre el amor más que una consideración objetivante de la mujer.

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