A propósito de México

Mujer - Chamula por: Armando Cuellar
Woman – Chamula por: Armando Cuellar

“Cada quién, desde donde esté, puede construir un México mejor. Podemos cambiar nuestra forma de ver a los demás, de juzgar. Podemos elegir cómo educar a nuestros hijos, cómo queremos que vean el mundo. Podemos curar el corazón dividido de los mexicanos.”

Por: Susana Kiehnle

Twitter: @SusanaKiehnle

“-Quiero a México como a un niño desvalido- le escuché decir a mi padre hace mucho tiempo… Así precisamente lo quiero yo también. No como una patria protectora sino como una filia a proteger, a comprender, a criar y educar. En ese sentido no me declaro patriota sino filiota. Y mi filia es como una niña de la calle: andrajosa, maleducada, canija, mañosa, trapacera. Pero es mi niña y por eso veo en ella lo que otros no pueden ver: su enorme potencial, su belleza ensuciada, su notable inteligencia, su gran corazón. Sé que no debo cegarme ni ablandarme si he de enderezar su camino, pero eso no resta un ardite a mi adoración por ella, ni condiciona mi determinación de salvarla a costa de lo que sea.”

-Agustín Basave, Mexicanidad y Ezquizofrenia.

Hace algunos días, al leer el post de Chloe, me vino a la mente esta cita de Agustín Basave que puedo recitar de memoria, pues expresa lo que siento por México, mi país. Yo tampoco sé “cómo dibujar la complejidad del país que me ha forjado”. México me llena de orgullo: ese mosaico de culturas, tradiciones, paisajes, platillos, músicas. Pero también me duele, y es un dolor sofocante, un sentimiento que me ahoga porque, a lo largo de 25 años, he visto ante mis ojos una realidad que promete cambio y, sin embargo, sigue igual. Como buena mexicana, he pasado por todas las etapas, moderadas y radicales. He culpado al gobierno, al narco, a los ricos, a los que se van. He salido a las calles creyendo firmemente en una causa, he llorado cantando en el Zócalo el himno nacional, he escogido mis trabajos con la firme convicción de que a través de ellos puedo ser agente de cambio.

Y hoy me encuentro voluntariamente en Noruega. He pensado una y otra vez en este sentimiento de culpa que me invade por “ya no servir a la patria.” “Yo nunca voy a vivir fuera de México. Si quiero un país mejor, tengo que trabajar para ello. La España de hoy no la hicieron los españoles que se vinieron a México por la guerra, la hicieron los valientes que se quedaron,” dije una y mil veces. No obstante, he llegado a la conclusión de que este sentimiento es producto de rezagos nacionalistas. Y la verdad es que puedo existir sirviendo a la patria sin estar en ella porque el problema de México es uno y se le puede combatir desde donde sea.

El problema de México es uno, con un sinfín de caras, y todos lo sabemos: tenemos una sociedad profundamente dividida. Me causa risa y terror escuchar a personas argumentar que en México no existe el racismo. Tenemos un racismo institucionalizado que va tanto de arriba hacia abajo, como de abajo hacia arriba: rico, pobre; fresa, naco; indio, hijo de papi. Y otro peor, que va de arriba hacia abajo, disfrazado de alma caritativa: “morenito”, “indito”, “pobrecito”. “En nuestro país hay dos clases, ellos -dijo un conocido a un extranjero, señalando a la señora que le ayuda en la casa- y nosotros. Y no nos mezclamos.”

Mi novio dice siempre algo que me encanta: “yo no puedo juzgar a alguien por algo que no escogió y que no puede cambiar.” Nos faltan agallas, nos falta valentía para romper este sistema clasista que nos divide. México seguirá doliendo mientras sigamos lavando nuestras culpas con acciones mediocres para “ayudar al pobrecito”, mientras el “naco” siga juzgando al “fresa” por ser güero, mientras los jóvenes sigan yendo a misiones a salvar al mundo con su iPhone 5 en la mano y sus lentes de sol. Cada quién, desde donde esté, puede construir un México mejor. Podemos cambiar nuestra forma de ver a los demás, de juzgar. Podemos elegir cómo educar a nuestros hijos, cómo queremos que vean el mundo. Podemos curar el corazón dividido de los mexicanos.

Hoy y siempre: ¡Viva México!”

Susana

Un comentario en “A propósito de México

  1. Me gustó la idea de que una persona puede servir a la patria desde donde esté. Sin embargo, creo que esto tiene que ver más con la humanidad de la persona que con su nacionalidad específica: una persona puede servir a la patria desde donde esté porque puede servir a la humanidad en cualquier lugar. Es lo que yo creo.

    Y no creo que sea malo ir de misiones con lentes de sol y un iphone 😛 Creo que esos encuentros de una sola vez quizás no van a cambiar la situación de las personas que los vivieron, pero sí pueden cambiar algo dentro de las personas mismas. En ese encuentro pueden nacer personas como tú, que de pronto comienzan a preocuparse por darle un sentido de servicio a su vida. Y eso es valioso, con o sin iphone 😉

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