Rayuela y la creación literaria en Julio Cortázar

construir

“El arte, en todas sus manifestaciones, nos da la oportunidad de ver las cosas desde otra perspectiva. Nos permite elevarnos a través de la experiencia ajena, es por eso que al momento de elegir una obra tenemos que ser cuidadosos.”

Por Chloé Nava

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Elegir un libro, un museo, un concierto o incluso una película es un asunto serio. Aunque estas actividades a menudo están relacionadas con la idea de pasar el tiempo, son algo más que sólo eso. Nuestro tiempo es valioso, no somos seres eternos y lo que dejamos entrar a nuestra mente es importante porque no tendremos tiempo de verlo todo en nuestras vidas; estamos condenados a elegir todo el tiempo.

El arte, en todas sus manifestaciones, nos da la oportunidad de ver las cosas desde otra perspectiva. Nos permite elevarnos a través de la experiencia ajena, es por eso que al momento de elegir una obra tenemos que ser cuidadosos, buscar aquéllo que pensamos que puede ayudarnos a elevarnos o a enriquecernos. Visitar un museo por decir que se le ha visitado o leer un libro sólo por estar a la moda me parece poco enriquecedor, pues la comunicación entre el objeto y el espectador se vuelve estéril. Esta relación existe en varios niveles y para cada quien de forma diferente, los lazos creados son únicos cada vez y la experiencia casi inexpresable.

La experiencia está ligada a nuestras sensaciones y lo que hacemos de ellas. Si al recibir toda esa nueva información quisiéramos comunicarla a alguien más tendríamos que hacer un gran esfuerzo y hallar el medio para hacerlo. La creación artística está tanto del lado de la asimilación de nuevas experiencias como en la necesidad de compartirlas. Cada artista encuentra una manera particular para hacerlo, a eso solemos llamarle “estilo”. El estilo es perfectible en cada caso, debido a la complejidad de lo que se quiere expresar, como mencioné anteriormente de manera inexacta: la experiencia es inexpresable. Eso no quiere decir que no se pueda hablar de ella ni que no pueda compartirse, pero no es fácil hacerlo. El poeta hará de las palabras una paleta de colores y del ritmo las formas de lo que quiere mostrar, trabajará duro para hacernos ver aquello que a sus ojos es simplemente la realidad.

Rayuela es una novela que me hace pensar eso una y otra vez, sus personajes habitan mi mente y a menudo me dejan ver fragmentos de mi vida desde su lado. Es por eso que pienso que es importante elegir sabiamente las novelas que leemos, de esa forma podrán decirnos algo sobre el mundo que habitamos, en el que interactuamos. Lo he pensado en términos de llaves y puertas de cuartos. Imagino que mi mente es una gran casa repleta de cuartos, algunos cerrados, otros abiertos, todos conteniendo misterios que sólo yo puedo desenmascarar. Si leo una historia suelo usarla como llave para abrir alguno de esos cuartos misteriosos; tengo algo que resolver al momento de comenzar a leer, busco algo y al mismo tiempo simplemente disfruto del momento. Hay muchas partes de Rayuela que permanecen latentes en mi interior, se despiertan después de ciertos fenómenos y de repente me doy cuenta que ahí estaban otras llaves.

Pero ¿qué quería decir Cortázar con Rayuela o con toda obra suya anterior o posterior?, ¿por qué escribir un libro que puede leerse de dos formas diferentes?; ¿por qué escribir una serie de instrucciones que van desde subir las escaleras, hasta llorar?; ¿por qué los cronopios? En fin, ¿qué buscaba que no había encontrado ya?

Una teoría, dibujada en el capítulo 6 de Rayuela y respaldada en una de sus entrevistas, es la del libro más:

“Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de la plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libros-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club.”

En este pasaje encontramos a la Maga y Oliveira, personajes centrales de la novela. Opuestos y complementarios en varios sentidos que ellos rara vez llegan a entender. La Maga es la clase de chica que puede dejarse impresionar por aquellos que van a museos, leen o escuchan música para demostrar algo a los demás. Lo que coloquialmente llamamos “apantallar”. Pero la Maga no es así, la experiencia artística la adquiere de lugares completamente diferentes y poco ortodoxos para los amantes del arte clásico. Puede ver la belleza de la calle, en los objetos que la gente deja perdidos, en los aparadores de las tiendas, en los cafés, en el azar, etcétera. En cambio Oliveira es otro asunto, él necesita conocer un poco de todo, desde lo clásico hasta lo inusual para responder a la sarta de preguntas que no deja de hacerse y por eso para él un libro leído es sólo un libro más. Esa obra lo acerca a alguna respuesta pero no se la da, se acerca al destino final pero no llega a él, porque la experiencia adquirida a través del alma ajena debe hacerse propia, lo que se convierte en nuevos misterios que resolver (y también en el desenmascaramiento de otros).

En una entrevista de 1977 en el programa A Fondo Cortázar habla del libro más como “un libro menos”, en el sentido que la obra escrita lo acerca a la obra final que jamás podrá escribir. No hay libro final, no existe un momento en el que el genio literario se sienta detrás de su escritorio y dice: “lo he dicho todo”. Pero cada vez que escribe sabe que se acerca más y más a lo que quiere decir, de ahí que entienda que la Maga y Oliveira estén en lo correcto.

Elegir una obra de arte es un asunto serio porque nos revela una serie de misterios que solos no hubiéramos podido desenmascarar. Un libro más es tan sólo eso por el hecho de que nunca llegamos a entenderlo ni saberlo todo. Lo que leemos desvela un misterio, pero revela otros tantos. Un libro más es un libro menos, tanto para el autor como para el lector. Tomar decisiones forma parte de nuestra constitución, por lo tanto sería sabio hacerlo de manera inteligente.

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