Tres pasos a seguir para ayudar a México desde hoy

“¿Qué podemos hacer por México hoy? ¿Cómo podemos cambiar la realidad de nuestro país que tanto nos repele, que tanto nos hiere? (…) Si nos planteamos estas preguntas con sinceridad, y no como víctimas de una historia perdida, podemos encontrar varias maneras para comenzar a enderezar el camino.”

Por Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

La noticia del terrible caso de Ayotzinapa tiene en muy malas condiciones anímicas a muchos mexicanos. Las redes y las conversaciones sociales hierven con protestas y se llenan de ponzoñosas voces de reprobación en contra del gobierno mexicano. Los inconformes y los agraviados desfilan en las calles, tratando de hacer el mayor ruido posible, y las noticias en los medios de comunicación, mexicanos y extranjeros por igual, abordan el tema desde todos los ángulos imaginables.

Sin embargo, muchos de nosotros tememos –o presumimos– que todo esto no resultará en un cambio de nuestro sistema político, sino que este ruido será sólo eso: un escándalo más que se acallará con el tiempo y que no dejará una huella relevante en nuestra historia como país.

Pero si nos detenemos un momento a respirar y acallamos el ensordecedor ruido de la indignación y el dolor de nuestras mentes, podemos hacer un ejercicio de esperanza y abandonar ese traicionero sentimiento de impotencia, tomar fuerza y preguntarnos con sinceridad: ¿Qué podemos hacer por México hoy? ¿Cómo podemos cambiar la realidad de nuestro país que tanto nos repele, que tanto nos hiere?

Es obvio que no existe una solución mágica que mejore todos los males de nuestra sociedad de la noche para la mañana y que un cambio real implicaría mucho trabajo, pero si nos planteamos estas preguntas con sinceridad, y no como víctimas de una historia perdida, podemos encontrar varias maneras para comenzar a enderezar el camino.

Hay muchas acciones posibles (como las que plantea Alejandro Martí en este artículo), pero yo quisiera compartir con ustedes las tres que considero más relevantes, que creo que tenemos que aplicar desde ya, con sentido de urgencia, tomando el asunto en nuestras propias manos.

1. Evita la tentación del populismo y no siembres el odio

Que 43 personas puedan ser desaparecidas por mandato de un funcionario público es, en efecto, una realidad terrible, decididamente grave y que tiene que ser corregida a la brevedad posible. El caso, por su brutalidad, amerita que nos conmueva y que nos provoque indignación. Pero lamentablemente esto nos deja en una situación vulnerable: nos deja proclives a caer en la tentación del populismo y la demagogia.

Héctor Aguilar Camín, Doctor en Historia de México y Director de la Revista Nexos, estuvo presente en el pasado Encuentro Empresarial Coparmex para hablar de los peligros de la demagogia contemporánea, también llamada “populismo”. El populismo se caracteriza por tener un “discurso bueno” en contra del “gobierno malo”, desacreditando y, por lo tanto, debilitando a todas las instituciones que del segundo dependen. Así, no sólo dañamos nuestra percepción de que un cambio es posible –pues sin instituciones y sin la posibilidad de una política virtuosa, ¿cómo promover un cambio a nivel sociedad?–, sino que nos engañamos pensando que estamos haciendo algo valioso simplemente al elevar nuestras quejas y denunciar lo que no nos parece.

Un ejemplo clarísimo: el #Yamecansé de Denise Dresser –quien lleva años ganándose el pan criticando a la clase política mexicana–. El artículo y el hashtag que de él se deriva es un anestésico: aliviana un poco el dolor al permitirnos expresar lo que sentimos en un foro público. Pero es todo lo que hace.

Un anestésico puede ser muy dañino: elimina el dolor, pero no lo que lo provoca, y así nos engaña con una falsa sensación de bienestar mientras que la enfermedad sigue presente. El “activismo” populista es, pues, un engaño anestésico y muy peligroso, pues es también muy tentador y puede resultar adictivo.

Lo que verdaderamente nos hace falta es un antibiótico: algo que no alivie el dolor por medio de la catarsis emocional, sino que cure de raíz la causa que nos provoca el dolor en primer lugar. No necesitamos agredir a nuestros gobernantes, sino guiarlos y presionarlos para que puedan generar el cambio que queremos.

El Dr. Aguilar lo dejó muy claro: para combatir a la demagogia, tenemos que represtigiar a la política. Tenemos que fortalecer las instituciones, no entorpecerlas más. Tenemos que recuperar nuestra fe en el gobierno mexicano y separarlo de la imagen de corrupción e impunidad con la que la tentación del populismo nos ha hecho asociarla. Y eso, por supuesto, cuesta mucho trabajo.

Quiero aclarar que no se trata de tener una fe ciega o estúpida: para represtigiar a la política mexicana, tenemos que efectivamente cambiarla. Pero el primer paso es la esperanza, la convicción de que es una tarea posible. Por esto mismo acompaño a este primer paso con la recomendación de no sembrar el odio, pues este sentimiento tan terrible es un veneno virulento y agresivo que sólo daña a quien lo consume.

No bebas el veneno, y no lo compartas tampoco: esto sólo nos hace más vulnerables a la tentación del populismo.

2. ¡Éntrale a la grilla! Sé políticamente activo

La política mexicana tiene tan mala fama entre nosotros que vemos con ojos despectivos a quienes son “grilleros”, y consideramos que es de mala educación hablar de temas políticos en reuniones familiares o con amigos. Si queremos hacer un cambio, ¡basta ya de eso!

“Político” es quien está relacionado con la ciudad, con la “polis” en la que vive. En ese sentido, todo ciudadano responsable es un político activo. Seguramente sabes que siendo un ciudadano virtuoso y respetuoso de la ley contribuyes positivamente en tu sociedad, pero los tiempos en los que vivimos nos exigen más que sólo esto.

Decía Peter Drucker que la mejor manera de pronosticar el futuro es creándolo, por eso ¿cómo podemos esperar un mejor futuro para nuestro país y, en consecuencia, para nosotros, si no nos involucramos políticamente en la creación del mismo?

Necesitamos más y mejores manos construyendo soluciones para México. Pero esas manos no van a salir de ningún otro lado que de nosotros, la población civil, que tiene que subirse las mangas y meter las manos, sin temor a ensuciárselas, porque –¡hagamos el esfuerzo por recordarlo!– hacer política no es necesariamente ensuciarse.

Tampoco estoy diciendo que todos deberíamos fundar nuevos partidos políticos –aunque mal no nos caerían– o afiliarnos a uno ya existente, pero sí que podemos y debemos buscar y dedicar tiempo a la responsabilidad que tenemos de participar en nuestro gobierno que es, al final del día, democrático. La democracia no es “la opinión del pueblo”, sino el gobierno del pueblo: también a nosotros nos toca esa chamba.

3. Elige una causa y organízate para luchar por ella

México es un gran país, pero tiene muchos retos y muchos frentes que cubrir; demasiados para que una sola persona pueda participar efectivamente en todos. Lo bueno es que, aunque hay muchos frentes, también somos muchos mexicanos.

Debemos ser realistas y pensar positivamente al elegir nuestro frente de batalla. La renuncia de Enrique Peña Nieto, por ejemplo, no es una causa realista, ni siquiera valiosa. No tenemos que elegir causas destructivas, sino edificantes. Y tenemos que ser lo más específicos que podamos. Un buen ejemplo sería “combatir la pobreza en las comunidades indígenas de mi estado” o “mejorar las escuelas públicas de mi delegación”.

Cuando elijas una causa, elige algo que te mueva por tu historia personal –Alejando Martí lucha en contra de la inseguridad precisamente porque perdió a su hijo a causa de ella, por ejemplo–, pues esto te ayudará a tener la motivación y las fuerzas necesarias para superar los obstáculos que se te presenten el camino.

Otra cosa importante a considerar es que, cuando decidas combatir un problema grave como la pobreza, la mala calidad educativa o la falta de transparencia de un organismo gubernamental, debes tener presente que estos grandes problemas muchas veces son monstruos que poseen muchas cabezas, y que no basta con cortar sólo una. Es por esto que debes buscar aliarte y organizarte con otras personas o grupos que compartan tu misma causa y, entre todos, puedan perseguirla más efectivamente.

Y si aún no existe una A.C., una cámara, un consejo o un grupo de personas que trabajen en tu causa, ¡emprende su creación! Sí se puede, sólo necesitas asesorarte. Investiga, infórmate, discute y comparte. Pide ayuda, llama la atención, propón soluciones. Una vez metido en el centro de las cosas es más fácil ver las oportunidades y las soluciones.

Hombres y mujeres “ordinarios” como tú y como yo somos los que podemos cambiar la realidad de nuestro país. Pero tenemos que involucrarnos. Es el único modo. No hay superhéroe que nos salve, no hay puerta que quemar, ni cabeza que cortar que rescaten a México: sólo trabajo político que tenemos que hacer.

Alberto

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