Dejemos de hablar con las imágenes del siglo pasado

Imagen: animalpolitico.com
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“Si aceptamos que las imágenes que contraponen a grupos sociales no representan la realidad, quizá podamos superar los demonios del siglo XX y comenzar a construir un siglo XXI próspero.”

Por Juan José Díaz

Twitter @zoonromanticon

Un espectro se cierne sobre el mundo; vuela sobre los países y los cubre con un manto sutil y engañoso. Es el espectro del pasado, del siglo que murió hace catorce años y que quiere seguir gobernando. ¿Y cómo es que se mantiene este fantasma? Se escabulle por los discursos y en las imágenes que políticos y ciudadanos ocupan para describir sus problemas, sus realidades. Es un espectro que no quiere irse, pero que mientras habite entre nosotros mantendrá sometidos los ideales e intereses al peso de un pasado que debería ya haber desaparecido.

Día a día escuchamos los gemidos de este espectro: se deja oír en los discursos que hablan del pueblo y de los ricos, de las clases sociales y sus pugnas, de los oprimidos y los opresores. Todas estas imágenes, válidas –acaso– hace unas décadas, hoy quieren seguir siendo vigentes y se repiten hasta la náusea en casi todos lados.

El problema es que como son imágenes pasadas, llenas de simbolismo pero carentes de verdadero significado vigente, abonan siempre al populismo, y nunca a un verdadero cambio en el estado de las cosas. Tal es el espectro que nos somete actualmente y que es menester erradicar.

¿Cómo pretendemos mejorar, realmente, nuestra situación sociopolítica si la seguimos describiendo con imágenes y metáforas propias de hace 50 ó 100 años? Son imágenes poderosas, es cierto. Son imágenes que evocan y mueven las pasiones a la acción. Pero son imágenes arcaicas, fantasmas de un mundo que ya no existe y que si queremos habitarlo terminará por asfixiarnos, pues la acción provocada por imágenes del pasado no puede construir ningún presente, ni mucho menos un futuro.

Para erradicar el peligro de este espectro debemos comenzar a buscar nuevas imágenes que denoten la realidad actual de una manera adecuada. Imágenes que nos permitan comprender el mundo, pero también modificarlo, mejorarlo, sin caer en la tentación del populismo maniqueísta.

Dos preguntas se vuelven imprescindibles: ¿cuáles son estas nuevas imágenes?, y ¿cuál es la tentación del populismo maniqueísta?

Acaso la más sencilla de resolver sea la segunda pregunta. El populismo plantea la pugna entre dos extremos irreconciliables; pugna provocada por las buenas intenciones de unos y los intereses nefastos de otros. El populismo (existente tanto en la derecha, como en el centro y en la izquierda) pretende confrontar a los buenos contra las instituciones y los grupúsculos podridos que buscan someternos y tenernos en la miseria. La tentación es, entonces, dejarnos llevar por esta falsa confrontación y entender nuestra realidad política y social como el choque de grupos en el que uno forzosamente debe ser erradicado.

Esta tentación se alimenta de las imágenes que he venido describiendo. Fantasmas tales como “el pueblo”, “el gobierno”, “los políticos”, “los estudiantes”, etcétera, siempre presentados como antagonistas irreconciliables.

Para resolver la primera pregunta, es decir, ¿cuáles son las nuevas imágenes que podrían sustituir a las que arrastramos desde el siglo pasado?, debemos cuestionar la aparente separación entre los grupos mencionados. ¿Es verdad que el gobierno y el pueblo viven separados? ¿Los estudiantes son todos anarquistas o revoltosos y los políticos, todos corruptos narcotraficantes? Acaso haya que recordar que nuestro presidente y los demás mandatarios pertenecen a la misma sociedad que nosotros. Quizá sea necesario señalar que el tráfico de estupefacientes se da en dos frentes: los proveedores y los consumidores, y que ambos frentes no son esferas separadas e incomunicadas: tanto quienes consumen como quienes venden son vecinos, colegas o familiares de nuestra más cercana comunidad.

Si reconocemos este continuo social, es decir, si aceptamos que las imágenes que contraponen a grupos sociales no representan la realidad, quizá podamos superar los demonios del siglo XX y comenzar a construir un siglo XXI próspero en el que nuevas imágenes florezcan y nos permitan expresar de mejor modo nuestro presente y nuestro futuro…

… A este respecto me preguntaron hace poco qué imágenes propondría yo. No tengo una respuesta definitiva. Pero imagino que deben ir en la línea de “la comunidad” frente a “las clases”, de la “obligación ciudadana de construir el bien común” frente al “derecho del pueblo por tener un bien común”, etcétera. Deben ser imágenes –me imagino– que nos responsabilicen del futuro, no que justifiquen nuestros errores pasados y presentes. Deben ser imágenes que nos unan y no que nos separen como ciudadanos. Deben ser imágenes que disipen al espectro que recorre el mundo contemporáneo.

¿Cuáles propondrías tú?

Juan José

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