El compromiso de ser esperanza

velitas

“El compromiso con el mundo comienza por la esperanza que cada persona es capaz de transmitir a los seres que le rodean.”

Por Jesús Eduardo Vázquez

Twitter: @UnFilosofeta

 

Antes de comenzar, quiero agradecer este espacio en el que Eudoxa me permite transmitir el pensamiento que surge al confrontarme con el día a día. Espero sea lo más grato posible.

Si bien es cierto que cada vivencia que tenemos es única y valiosa, debo expresar que el último año ha sido extremadamente peculiar y enriquecedor. Cada ocasión en la que me toca cerrar algún ciclo acostumbro realizar una reflexión que permita sopesarme al inicio y final de la etapa transcurrida. Pues bien, el 2014 lo inicié en la sierra de Guerrero, con una comunidad indígena Me’ Phaa (vulgarmente conocidos como Tlapanecos) y con un grupo de universitarios y profesionistas de la Ciudad de México. La combinación entre naturaleza, calidez humana, variadas cosmovisiones y el distanciamiento de lo urbano y cotidiano, ha sido de lo más fecundo que he podido experimentar en estas fechas anuales.

Hoy, al prepararme para enfrentar el 2015, recuerdo con afecto la semana en la sierra. Al estar ahí nunca imaginé todo lo que vendría, todo lo que pasaría, todo lo que me equivocaría, todo lo que crecería… Estuvimos ahí porque a raíz de las catástrofes naturales ocasionadas por los huracanes Ingrid y Manuel (en septiembre de 2013), un grupo de jóvenes impulsados por un sacerdote extraordinario, comenzamos a acudir a algunas de las comunidades afectadas, sin idea y claridad de lo que queríamos, pero con la convicción de poder hacer algo.

Tuve la dicha de coordinar durante un año este movimiento de voluntariado. Después contaré más a fondo sobre ello, pero por el momento deseo centrarme en un factor común que durante el tiempo que estuve al frente pude observar: cada vez que hacíamos presencia en las comunidades, la gente nos recibía con mucha alegría y entusiasmo. Siempre fue algo que llamó mi atención y que en alguna ocasión compartía con mis amigos. No recuerdo a ciencia cierta quién de ellos fue el que me dijo que esto se debía a la esperanza que nosotros representábamos para ellos, pues aunque no hiciéramos mucho realmente, el mero hecho de ir a donde estaban, el compartir un poco de la propia vida, es un aliciente en su existencia cotidiana, una motivación para su crecimiento y desarrollo comunitario y personal.

En días precedentes, Susana cerraba su reflexión escribiendo que “al reencontrarnos a nosotros mismos para reconocernos y replantear nuestras metas, debe seguir nuestro compromiso con el mundo. Y, para el mundo, el compromiso de todos y cada uno de los que lo habitamos es fundamental”. Estas palabras me hicieron rememorar lo que he escrito arriba, resaltando dos ideas: la primera, que el compromiso con el mundo comienza por la esperanza que cada persona es capaz de transmitir a los seres que le rodean. ¿Qué implica que alguien sea una persona de esperanza? Implica que cada uno de sus gestos o acciones sean tan relevantes que trasciendan en la vida de los hombres y mujeres que le circundan, transformando para bien las expectativas del futuro al que se enfrentarán. Y la segunda idea: estas acciones trascendentes, generalmente, son gestos sencillos como el sonreír, saludar, o el preocuparse por el bien del otro, entre muchas cosas más; y estos gestos sólo pueden cumplirse cuando se crean encuentros auténticos, o sea, en aquellos instantes en los que el “yo” se compagina con la existencia del “tú”, engranando de tal manera que la visión del futuro pinta una existencia mejor.

Nuestra sociedad tan llena de individualismo, ensimismamiento (del que también habla Susana en su post), malicia, corrupción, injusticia, desamor, requiere de seres humanos que generen esperanza, de hombres y mujeres signos de una buena noticia para el otro, de personas con la capacidad de iluminar el porvenir del prójimo. Y la esperanza logra eso. En otros términos, podemos expresar que ésta es indispensable para la plenitud propia y ajena, ya que al abrir un horizonte de vida más afable, el hoy se puede disfrutar con mayor gozo.

Por ahora sólo pinto algunas líneas, después ahondaré más en ellas; lo importante es que un año comienza, los propósitos se hacen presentes, y ojalá que uno de ellos sea el de vivir la virtud de la esperanza en cada instante que se transcurra, poniendo así, el cimiento de un mundo mejor.

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