¿Para qué sirve leer literatura fantástica?

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“La literatura fantástica no debe considerarse un distractor o una pérdida de tiempo para la educación de un joven, sino que, al contrario, contribuye de manera insustituible en su forma de percibir el mundo.”

Por Emilia Kiehnle

Recientemente, la revista Forbes México publicó un artículo titulado “La verdadera razón por la que no se contrata a universitarios”, en donde se sugiere que la crisis de trabajos a la que se están enfrentando los jóvenes recién egresados es más bien una crisis de educación: en realidad sí hay trabajos, pero las personas no están verdaderamente capacitadas para realizarlos. El artículo cita varios estudios y declaraciones de empresarios alrededor del mundo que dicen que, en su mayoría, los jóvenes salen de la universidad con muchas capacidades técnicas, pero que carecen de las llamadas “capacidades humanas”, es decir, de habilidades sociales, comunicativas e interpersonales que son indispensables para trabajar con otras personas dentro de una organización.

Es una queja que, en lo personal, ya he escuchado varias veces por parte de algunos gerentes y directivos de diferentes empresas mexicanas: dicen que varios de los muchachos que se presentan a pedir trabajo cada vez son menos capaces de pensar de forma crítica y estructurada, de resolver problemas o de cosas tan básicas como expresarse con claridad o escribir correctamente.

Como empresaria y como profesora, éste es un tema que me interesa y me preocupa. ¿Cómo podemos trabajar por la formación humana de nuestros futuros trabajadores?

Una respuesta que siempre hemos defendido en Eudoxa (y que nos ha funcionado bastante bien) es la promoción del estudio de las artes y humanidades como materias indispensables para formar buenos técnicos y trabajadores, pues se sabe que éstas nos brindan un amplio repertorio de ideas útiles y de formas de pensamiento que pueden ayudarnos a enfrenter problemas personales y profesionales. Sin embargo, para efectos de este post, me gustaría hablar particularmente de los beneficios específicos de leer literatura fantástica, pues es un tema que he tenido rondando por mi cabeza a últimas fechas. ¿Es bueno promover que nuestros jóvenes estudiantes “pierdan” tiempo leyendo sobre historias de elfos, dragones y otros personajes ficticios cuando podrían estar leyendo textos más “productivos” o “útiles” para su desarrollo profesional?

Investigando sobre esto, me topé con un estudio hecho en 2013 por los psicólogos sociales Emanuele Castano y David Comer Kidd que afirma que leer literatura fantástica o de ficción contribuye a que las personas entiendan el “estado mental” de los demás, lo cual promueve la capacidad de empatía y de generar relaciones. Precisamente étas son el tipo de “capacidades humanas” de las que carecen muchos de nuestros jóvenes universitarios y que se han visto necesarias en el campo laboral.

Según Kidd y Castano, la literatura de ficción tiene impacto en nuestra capacidad de empatía como resultado de la manera en que este tipo de libros involucran al lector. A diferencia de otro tipo de literatura, como la científica, la técnica o la meramente informativa, la literatura de ficción requiere de un compromiso intelectual-emocional y de pensamiento creativo por parte de los lectores. Por lo tanto, una persona habituada a leer este tipo de libros tendrá una mayor tendencia a comunicarse y a relacionarse mejor con sus compañeros de trabajo.

Desde la publicación de dicho estudio, ha habido mucha atención mediática para el mismo, pero también algunas críticas a la seriedad y rigor del método supuestamente científico que estos investigadores siguieron para probar su teoría. Quizás el estudio como tal no estuvo realizado del todo bien, y después de leer a detalle las críticas me parece que sí hay razones para cuestionar el método detrás del estudio de Kidd y Castano. Sin embargo, lo cito porque sí creo que hay algo de verdad en la aseveración de que leer literatura que nos plantea una historia humana sacada de un contexto cotidiano y con problemas y soluciones que no necesariamente serían las nuestras, nos abre a hacernos nuevas consideraciones y a hacernos más empáticos. Es la diferencia que hay entre un texto meramente descriptivo y un texto crítico que además invita al lector a involucrarse intelectual y emocionalmente con los problemas del personaje.

Esto mismo ya lo decían otros autores, principalmente literatos, que sin pretender darle una un estatuto de teoría científica, describen esta experiencia de apertura que les brindó el encuentro con la fantasía. Por ejemplo, Julio Cortázar -recientemente citado en uno de los posts de Elizabeth G. Fías-, escribió:

“Para mí la idea de lo fantástico no significa solamente una ruptura con lo razonable y lo lógico o, (…) sino que más bien se presenta de una manera que podríamos llamar intersticial, que se desliza entre dos momentos o dos actos en el mecanismo binario típico de la razón humana a fin de permitirnos vislumbrar la posibilidad de una tercera frontera, de un tercer ojo, como tan significativamente aparece en ciertos textos orientales. (…) En ese sentido la literatura ha cumplido y cumple una función que debiéramos agradecerle: la función de sacarnos por un momento de nuestras casillas habituales y mostrarnos, aunque sólo sea a través de otro, que quizá las cosas no finalicen en el punto en que nuestros hábitos mentales presuponen.”

Por otro lado, Michael Ende, el autor de La historia interminable, afirmaba que la literatura fantástica no debe considerarse un distractor o una pérdida de tiempo para la educación de un joven, sino que, al contrario, contribuye de manera insustituible en su forma de percibir el mundo. Según él, la literatura fantástica no es una forma de reducir o de evadir la realidad, sino una forma más amplia y abarcante de acercarse a ella. Crecer leyendo fantasía nos forma para entender que el mundo está hecho de algo más que lo que vemos a simple vista, es decir, nos da la capacidad de pensar y trabajar con un sentido de trascendencia, de ver oportunidades que no son evidentes y de soportar mejor la incertidumbre y el riesgo al fracaso.

También el escritor Jorge Luis Borges, con su magnífica pluma, describe las bondades no sólo de leer fantasía, sino de también escribirla:

“Creo que he alcanzado, si no cierta sabiduría, quizá cierto sentido común. Me considero un escritor. ¿Qué significa para mí ser escritor? Significa simplemente ser fiel a mi imaginación. Cuando escribo algo no me lo planteo como objetivamente verdadero (lo puramente objetivo es una trama de circunstancias y accidentes), sino como verdadero porque es fiel a algo más profundo. Cuando escribo un relato, lo escribo porque creo en él: no como uno cree en algo meramente histórico, sino, más bien, como uno cree en un sueño o en una idea.”

Borges reflexiona sobre la libertad que brinda la escritura de algo que no está atado a los “hechos” o a lo “históricamente objetivo”: la libertad de conocerse a uno mismo, de defender cierta coherencia de pensamiento y de poner nuestras creencias en algo grande, en algo que trasciende al simple cumplimiento de una tarea asignada.

En conclusión, parece que la literatura fantástica no sólo nos abre a las demás personas, a comunicarnos mejor y a ser empáticos, sino que también abre nuestra capacidad de visión y de darle sentido a lo que hacemos. Cierro entonces con una pregunta: ¿valdría la pena promover que nuestros jóvenes fueran un poco más soñadores, que se preocuparan un poco menos por la adquisición de habilidades y datos “duros” y que se atrevieran a dejarse inspirar por unos cuantos caballeros, elfos y dragones?

Emilia

4 comentarios en “¿Para qué sirve leer literatura fantástica?

  1. Hola Emilia, quería sencillamente reconocer que tu post es muy interesante y que lo comparto plenamente. Para mi la literatura fantástica como parte de la Educación Emocional es necesaria para una educación integral. ES muy interesante seguir el desarrollo de la fantasía de los niños a través de los cuentos. Una necesidad de imaginar el mundo para poder explorarlo después. Una deficiente fantasía afecta a una defieciente experienciación de la realidad.
    Saludos y felicidades.
    Antonio Esquivias

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    1. Estimado Antonio, muchas gracias por tu comentario.

      Para mí crecer leyendo literatura fantástica fue algo muy natural y he visto claramente los beneficios que tuvo en mi formación; no fue hasta hace poco que descubrí que hay muchas personas que lo consideran una pérdida de tiempo. Por eso me animé a escribir esto. Me da gusto saber que hay personas como tú que comparten esta visión.

      De nuevo, gracias y muchos saludos.

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