A propósito del Balón de Oro de CR7

balón

“Cuando hacemos las cosas bien, cuando en cada una de las acciones que ejercemos damos lo mejor de nosotros, tendremos un gran beneficio, no sólo individual, sino colectivo, ya que mientras vivimos esforzándonos por lograr la plenitud, también contribuimos al crecimiento de quienes nos rodean.”

Por Jesús Eduardo Vázquez

Twitter: @UnFilosofeta

 

La semana pasada Cristiano Ronaldo recibió, una vez más, el balón del oro, el cual es concebido como la máxima distinción que a nivel mundial se le puede otorgar a un futbolista profesional. Durante la ceremonia, en el momento en que se reveló el ganador, CR7 (como es conocido) se mostró muy emocionado, a tal grado que soltó algunas lágrimas y un grito peculiar (del cual se ha hecho mucha burla en estos días). En las declaraciones a los medios, Cristiano expresó lo siguiente:

“Mi objetivo es escribir una página inédita en la historia del fútbol como uno de los mejores jugadores de siempre, ése es mi objetivo y estoy encaminado para ello. (…) Pero mi idea no era ser el primero de Portugal, quiero hacerme un hueco en la historia del mundo, no quiero formar parte sólo de la historia de mi país, ahí ya estaba, aunque no hubiese ganado hoy. (…) Quien me conoce sabe la lucha que tenemos todo el año para competir con los mejores”.

Después de escuchar esto, recordé dos textos publicados aquí (“¿Cómo nos recordarán quienes nos recuerden?” y “Comienzos Infinitos”), en los cuales se expresa el drama de vivir cada momento de nuestra vida con intensidad y pasión.

Ronaldo es una persona como cualquiera de nosotros. Un ser humano común y corriente que un día decidió esforzarse por lograr lo que más quería, por alcanzar sus sueños; y que hasta la fecha, sigue buscándolos. Así como él, podríamos hablar de muchos más hombres y mujeres, famosos, que dejan huella. Y lo hacen tan sólo por esforzarse en dar lo mejor de sí mismos, haciendo algo que les gusta. Pero no sólo son los famosos quienes dejan impregnada su marca en la vida de las personas. Pensemos en aquellos que nos rodean cotidianamente, y que con sus gestos y estilo de vida nos dan una buena lección, marcando nuestra historia personal.

Antes de continuar, deseo contarles dos experiencias que tuve la semana pasada, ambas con la misma empresa, ésa del famoso buscador en internet, creativo y original. Pues bien, a mitad de semana tuve que contactar el soporte técnico de la misma, y quedé maravillado: en este campo de la atención telefónica nunca me habían tratado tan bien y dado soluciones tan eficientes. Andrés, quien fue el operador que me atendió, ha dejado huella en mí, a tal grado que puedo recordar su nombre (¿cuántos nombres de operadores telefónicos recordamos habitualmente?) y me dejó con una buena impresión de la oferta de su institución. Después de eso, el viernes tuve un asesoría en sus oficinas mexicanas. Iba con mucha expectativa, puesto que ya había escuchado del buen trato que los empleados reciben ahí, y realmente lo que yo esperaba quedó superado por la realidad, entendiendo por qué tanta gente desea trabajar ahí (hasta yo me quedé con ganas de enviar mi CV).

La cuestión es que cuando hacemos las cosas bien, cuando en cada una de las acciones que ejercemos damos lo mejor de nosotros, tendremos un gran beneficio, no sólo individual, sino colectivo, ya que mientras vivimos esforzándonos por lograr la plenitud, también contribuimos al crecimiento de quienes nos rodean, entusiasmándolos por hacer lo que hacen o por hacer muchas cosas más. Traigamos a la mente aquel profesor extraordinario que nos entusiasmó a estudiar su materia; ¿qué tal si, así como él, que con su pedagogía, comentarios, conocimiento, etc., nos animó para tomar interés y profundizar en lo que nos enseñaba, cada uno de nosotros ayudara a otros a enamorarse de la vida, a disfrutar de los pequeños momentos, a valorar las propias raíces, o a otras miles de cosas más que encaminen a la plenitud? Y eso, ¡tan sólo con nuestra actitud cotidiana! Muchas veces nos quejamos del entorno que nos rodea, denunciando tanto mal, pero sin contribuir con soluciones concretas. ¿Quieres que en tu país haya justicia? Deja de “agandallarte” en la fila para entrar a Viaducto; ¿quieres que los políticos dejen de ser corruptos? Deja de dar mordida al policía que te detuvo y paga la costosa multa; ¿quieres que la escuela donde van tus hijos incremente la calidad educativa? Deja de perder el tiempo mientras trabajas en tu oficina… No sé ustedes, pero al igual que CR7, yo quiero hacer historia, no para que me recuerden y digan de mí “mira qué bueno es (o fue)”, sino para hacer ver al mundo que otro estilo de vida puede ser posible, uno donde realmente se quiera estar, y no del cual se quiera huir.

 

jesus-eduardo_arrobaeudoxa

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