Dejar ir

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“Soltar lo que no es para nosotros o lo que no nos conviene no es rendirse, fracasar u olvidar: es hacer espacio para algo mejor .”

Por Ethel Robles

Twitter: @MeDicenBanderas

A lo largo de mi vida, he encontrado que el silencio nocturno es el mejor compañero para la meditación. Durante las horas laborales, el cerebro se entretiene con todas las actividades necesarias para alcanzar las metas del día; pero es hasta la noche cuando, más allá de preguntarse si recordó ponerle llave a la puerta principal o si no dejó la última carga de ropa dentro de la lavadora, se ocupa de los menesteres realmente importantes. Fue durante una de estas cavilaciones nocturnas –de madrugada, si somos completamente honestos- que mi cerebro se encaprichó en reflexionar sobre uno de esos recovecos del día a día que pasamos por alto y tienen un impacto más peligroso del que nos damos cuenta: la falsa determinación.

Cuando mi hermano mayor era pequeño quería un vaso para beber agua, por lo que intentó entrar a la cocina empujando la puerta abatible con su fuerza infantil sin lograr pasar. Fue corriendo en busca de ayuda, pero mi mamá simplemente le dijo: Mi amor, sí puedes; empuja más fuerte y podrás abrir la puerta. Mi hermano intentó abrir la puerta fracasando tres veces más, hasta que mi mamá se levantó y lo acompañó para enseñarle cómo hacerlo. Para su sorpresa, la puerta estaba atorada con una silla y no había manera que un niño de cuatro años pudiera moverla.

Mi madre no intentaba ser cruel, al contrario, creyó reconocer una oportunidad de aprendizaje para su hijo y decidió tomarla sin analizar las características específicas que limitaban la acción de mi hermano. Y es así como desde muy temprana edad nos programan para luchar con aplomo por lo que queremos y con la indudable certeza que si trabajamos lo suficiente, alcanzaremos nuestros objetivos. Aprendemos que el querer es poder y que nada es imposible siempre y cuando pongamos los medios necesarios para conseguirlo: entrar en la universidad que queremos, alcanzar el puesto que buscamos, conquistar a la persona que amamos… Incluso la idea de recibir el bien deseado sin haber invertido nada para merecerlo es reprobada por el juicio popular. Bajo mi perspectiva, esta es una concepción radical del trabajo duro. Esta noción nos hace asociar de manera inconsciente el sufrimiento con el éxito.

No busco desacreditar la cultura del esfuerzo de ninguna manera, pues estoy convencida que la voluntad de progreso es la que mueve a la comunidad mundial hacia un futuro mejor. El motor que nos mueve es ese deseo de llegar a algo, a alguien o a algún lugar; y hacerlo no es fácil. Romper con lo que tienes porque buscas algo superior requiere energía, arrojo y valentía. Sin embargo, creo que es necesario desarrollar la habilidad de examinar las opciones con las que contamos y elegir de entre lo bueno, lo mejor. Sin esta capacidad de análisis nos vemos en el peligroso trance de confundir la determinación con el aferrarse. Con cuántas personas me he encontrado estancadas en una idea que en teoría, debería ayudarle a avanzar. Gente que ve cegada su verdadera vocación porque un día tomaron la decisión errónea de querer algo que no les satisface. Parejas de novios que no se aman, pero que no están dispuestos a dejarse ir. Todos niños de cuatro años empujando eternamente una puerta atorada que nunca podrán abrir.

El ser humano, dentro de su naturaleza, posee una gran capacidad de adaptarse a su medio ambiente; somos capaces de desarrollar civilizaciones a pesar de climas extremos, desastres naturales, epidemias, guerras y cuantas dificultades lleguen a nuestra vida. ¿No es acaso atentar contra esta misma naturaleza de adaptación el engancharnos a una sola vía cuando la vida nos ofrece infinitas posibilidades?

No es fácil cultivar el discernimiento y adoptarlo de manera orgánica a nuestro actuar; sin embargo, su importancia es crucial. Es necesario aprender a darnos cuenta cuándo se abrirá la puerta si simplemente empujamos más fuerte y cuándo la silla la atora porque no nos corresponde entrar a través de ella.

El hombre no puede mejorar sin esfuerzo y lucha diaria, pero tampoco puede hacerlo sin la capacidad de dejar ir lo que nos frena. Soltar lo que no es para nosotros, lo que no nos conviene no es rendirse, fracasar u olvidar: es hacer espacio para algo mejor y así, vivir un poquito más felices.

ethel_arrobaeudoxa (1)

3 comentarios en “Dejar ir

  1. “A veces, sólo a veces…
    Retirarse no es rendirse,
    ni estar en contra es agredir.
    Cambiar no es hipocresía
    y derrumbar no es destruir.
    Estar a solas no es apartarse,
    y el silencio no tener qué decir.
    Quedarse quieto no es por pereza,
    ni cobardía es sobrevivir.
    Sumergirse no es ahogarse,
    ni retrocedes para huir.
    No se desciende trastabillando,
    ni el cielo ganas por bien sufrir.
    Y las condenas no son eternas,
    ni por perdones vas a morir.
    A veces, sólo a veces…
    Hace falta lograr soltarse,
    izar las velas, abandonarse,
    dejar que fluya, que el viento cambie,
    cerrar los ojos y enmudecer.”

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