Filosofía para todos

gente

“La filosofía consiste primariamente en una actitud, y ésta está abierta al público en general.”

Por Jesús Eduardo Vázquez

Twitter: @UnFilosofeta

Estoy preparando un curso de filosofía para gente que no ha tenido contacto con ella o, que si lo ha hecho, ha sido de muy mala manera. Mi papá alguna vez me preguntó que para qué servía la filosofía, que él sólo veía que mucha gente (incluyendo a mis hermanos) tenía dificultades en la escuela por materias como ésta y que no alcanzaba a comprender el porqué. Mi hermana, abogada, me expresaba algo similar pero aterrizándolo en su campo profesional, ya que, decía, muchos abogados tenían dificultades con materias filosóficas a lo largo de la licenciatura o posgrado. También recuerdo a mis alumnos, tanto los de bachillerato como de licenciatura, quienes en la primera clase me expresaban, cuando les pregunté qué entendían por filosofía, que les venía a la mente algo aburrido, tedioso, fuera de la realidad, difícil de entender; incluso, alguno rememoró sus complicaciones de estudios anteriores y el trauma que había sido un curso así.

Tomo la primera imagen, la de mi papá. Es curioso que mi papá haya dicho eso, puesto que los primeros contactos con filosofía que yo tuve fue a través de unos libros que encontré en la pequeña biblioteca de la casa que él mismo formó. En concreto fueron cinco: “Del ente y la esencia” de santo Tomás de Aquino, “Las confesiones” de san Agustín, “La apología de Sócrates” de Platón, “Teología natural” de Béla Weissmahr, y “Las fuentes del idealismo” cuyo autor no recuerdo. Fue un contacto espontáneo, ya que como estudié en un bachillerato tecnológico y además me tocaron algunas reformas educativas en el plan de estudio del nivel medio superior, no me enfrenté a la asignatura de filosofía como tal. Cuando le comenté a mi papá sobre esos libros, me dijo que los había comprado porque siempre anduvo buscando sabiduría, porque tenía ansias de conocimiento y que no sabía por dónde empezar. Inmediatamente recordé ese comienzo de la “Metafísica” de Aristóteles, donde dice que “Todos los hombres desean por naturaleza saber”.

Si todos los hombres buscan saber por naturaleza, ¿por qué la filosofía, que es un medio privilegiado para ello, acompañada de otros saberes, se presenta tan tediosa para muchas personas? Tal vez porque los que dedicamos parte de nuestra vida a ella no hemos sabido transmitir su relevancia, tal vez nos hemos encerrado en campos académicos… No lo sé, los factores pueden ser muchos. Sin embargo, algo que sí creo que puede mejorarse es el hecho de dejar de concebirla de una manera elitista, como si fuera para unos pocos iluminados, para aquellos que entienden los términos complicados que en latín, griego o alemán que se muestran en los textos de los grandes pensadores, de los “sí filósofos”.

Siempre me ha dado gracia ese santo temor ante la palabra “filósofo”. Es común el miedo a llamarse “filósofo”, supongo que porque la gente no se siente con la erudición de Nietzsche o de Wittgenstein, por mencionar algunos. Y en eso pueden estar en la verdad. Empero, si recordamos los orígenes de la filosofía occidental, si volteamos la mirada a los pensadores griegos, también recordaremos que ser filósofo no se reduce a erudición, sino más bien tiene que ver con una actitud: la búsqueda de la verdad. De ahí que a ésta se le llamara amor a la sabiduría.

Abordo este punto para decir que filósofo es aquel ser humano que está en búsqueda de la verdad, en búsqueda de conocer lo que realmente es su entorno, su familia, el sentido de su vida, su vocación, la felicidad, etc. Algunos (como José Morales en su “Introducción a la filosofía”) han dividido en dos tipos la existencia de los filósofos: “filósofo espontáneo”, el que no ha estudiado de manera sistemática filosofía pero que se cuestiona y busca la verdad de las cosas; y “filósofo” a secas, quien sí ha estudiado formalmente y que también se cuestiona y busca la verdad de las cosas. No sé si esto ayude a la cuestión, pero al menos ya es un intento de desacralizar la idolátrica concepción del filósofo.

Uno de mis alumnos de bachillerato, al terminar el curso me expresó que aunque no le había ido del todo bien en lo académico el curso le había ayudado a clarificar algunas interrogantes de su vida. Eso fue algo realmente satisfactorio, ya que él logró filosofar y replantear alguna de sus posturas. El punto de este artículo es recalcar que la filosofía consiste primariamente en una actitud y que ésta está abierta al público en general. Hace algunos días Juan José decía con mucha razón, que “el empresario es un filósofo”, y así es; pero no sólo el empresario, también puede serlo el carnicero, la secretaria, el arquitecto, y cualquiera que se enfrasque en alcanzar la comprensión de algo que le circunda, por mínimo que esto sea. Si miramos de esta manera la filosofía, las generaciones presentes y venideras dejarán de odiar esta materia en su plan de estudios, dejarán de concebirla como algo abstracto ajeno a lo cotidiano, y tal vez se pongan en marcha en ese caminar de manera muy fecunda.

jesus-eduardo_arrobaeudoxa

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