Aprendiendo a ser poderosos

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“Lo que necesitamos es comprender que el poder que tienen algunos es un resultado modificable que procede de sus acciones concretas, no de un destino invencible o un sistema inalterable.”

Por Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

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Hace un par de días celebraba junto con mi familia la tradicional comilona de tamales por el Día de la Candelaria. En algún momento de la plática –contrastando con la calidez de los atoles y el chacoterío familiar– surgió el tema de la situación política de nuestro país. Estas pláticas, como muchos sabemos, suelen ser sólo un compendio de quejas, mal o bien justificadas, que no pretenden llegar a ninguna solución y que sólo sirven para autoafirmarse, una vez más, que nuestra situación política es insalvable en las manos de la corrupción.

Me di cuenta de dos puntos importantes: primero, que mi familia sólo se queja porque se siente indefensa, falta de poder para cambiar la realidad que le pesa; segundo, que yo mismo pensaba como ellos hasta hace no mucho tiempo, mientras que ahora estoy completamente convencido de que puedo ser parte de un cambio positivo en nuestra sociedad.

Tengo que reconocer que parte de este optimismo, o mejor dicho, de esta seguridad, se la debo a la visita que Gerardo Aranda, empresario y ex-Diputado Federal, realizó hace poco a nuestras oficinas en Eudoxa. Gerardo nos dijo que vale la pena creer y trabajar con esmero por ese México en el que la corrupción sea una cosa rara y las condiciones en general sean prósperas y favorables, pues es un ideal realizable. También nos recordó que la democracia es un sistema que necesita de la participación de la ciudadanía frecuentemente, así que lo que tenemos que hacer para mejorarla es informarnos, organizarnos y actuar para que las cosas sucedan como nosotros queremos.

Ahora bien, podríamos objetar que eso es algo que muchos hemos escuchado y que es más fácil decirlo que hacerlo. Pero lo que hizo que el mensaje de Gerardo fuera convincente durante su visita fue la enorme facilidad que tenía para responder a los “cómos” que le planteábamos. Por ejemplo, al preguntarle cómo combatir la falta de veracidad en los medios masivos de información que provoca el actual gobierno federal, el ex-Presidente de la Coparmex nos dijo que sencillamente debíamos exigirles lo que queríamos –veracidad informativa–, escribiéndoles directamente cuando una noticia nos pareciera sospechosa o abiertamente falsa, o mostrando lo que realmente sucedió en las redes sociales. Si la audiencia exige la veracidad informativa y tiene la capacidad crítica de reconocerla, entonces los medios no tienen alternativa: tienen que ofrecer lo que sus clientes piden, o perderían su negocio y desaparecerían.

Con éste y muchos ejemplo más, Gerardo Aranda nos demostró que como clientes o como ciudadanos tenemos el poder de hacer que incluso organizaciones grandes e intimidantes hagan lo que nosotros les pedimos. Eric Liu, un profesor de civismo y activista estadounidense, define el poder –cívico o social– precisamente como la capacidad de hacer que otros hagan lo que nosotros queremos. Ahora bien, ¿se imaginan tener el poder de hacer que nuestros servidores públicos hicieran lo que nosotros les pedimos? ¿Se imaginan tener el poder de que el Congreso realmente representara nuestros intereses, y no los suyos?

La teoría –la ley– dice que los ciudadanos de una democracia tenemos este poder. Sé que la percepción general, como la de mi familia, es que esa teoría no es practicable. Ejemplos como el de Gerardo Aranda generalmente son desdeñados porque él también ha sido político o porque es empresario, y pertenece a esos grupos que ya tienen el poder de hacer que las cosas cambien. Pero en realidad lo único que distingue a Gerardo de cualquiera de nosotros es, como dice Eric Liu, que es muy letrado en cómo funciona el poder y por lo tanto tiene la capacidad de controlarlo y dirigirlo para defender sus intereses. El profesor Liu enseña que para ejercer el poder cívico tenemos que entender cómo funcionan sus mecanismos y desarrollar las habilidades necesarias para operarlos. Lo que necesitamos es comprender que el poder que tienen algunos es un resultado modificable que procede de sus acciones concretas, no de un destino invencible o un sistema inalterable.

Por ejemplo, si en tu colonia deciden poner parquímetros en las calles y tú no quieres que esto suceda, cerrar la calle o pegar calcomanías en los parquímetros sería una reacción muy débil, muy poco poderosa e ineficiente. En lugar de eso debes investigar y comprender: ¿Quién decidió poner los parquímetros? ¿Por qué motivos lo hizo? ¿Qué beneficios esperaba conseguir? ¿De qué otra manera podrían conseguirse sin la necesidad del parquímetro? ¿Qué otras medidas para conseguir estos resultados se han implementado exitosamente en otras partes del país o del mundo? ¿Cómo podrías presentarle tu propuesta al responsable de las decisiones, de modo que deba considerarlas? ¿Quiénes estarían dispuestos a apoyarte para presentar la propuesta? ¿Cómo expondrías, en caso de haberlo, un abuso de parte de la autoridad? En fin, ¿cómo puedes hacer para que los parquímetros sean eliminados?

Nuestra capacidad de adquirir poder, pues, es muy real. Sólo hace falta que nos quitemos esa perspectiva derrotista de encima y que nos pongamos a estudiar y a trabajar para dejar de ser “analfabetas del poder”.

El siguiente video es una excelente introducción del mismo Eric Liu para entender cómo funciona el poder, reconociendo que no es una cosa malvada que sirve a los intereses de unos pocos, sino una herramienta que puede utilizarse por todos y para todos en una democracia. Les recomiendo fuertemente terminar esta lectura con él: les dejará muchas respuestas para las dudas que podrían quedar después de ella.

Alberto

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