Alcanzar tus sueños duele. Y mucho

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“Hacer lo que nos gusta es apasionante. Y por eso nos permite explotar nuestros límites hasta el llanto, el vómito, la locura… pero por más que nos guste nos va a doler. Y mucho”.

Por Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

Déjenme comenzar con una idea: no todos estamos hechos para el éxito. Y no porque no podamos o porque haya hombres-héroe y hombres-sombra, sino porque no todos estamos dispuestos a soportar el dolor del camino hacia el éxito.

Sí, películas como Ratatuille nos enseñan la gran lección de que todos podemos cocinar. Todos podemos ser el próximo ratón de alcantarilla que conquista París. Pero sólo podemos, es decir, es una posibilidad. No todos lo lograremos. Y es que a Disney se le olvida mostrarnos a Remy llorando, quemado, con la cola herida por la sartén y sus ojos rojos por el aceite hirviendo que lo quiere besar cada que cocina pasta. No. No todos aguantamos el dolor del éxito. Reitero: todos deseamos el ambrosía del triunfo, pero cuando hay que soportar la sangre y el sudor al subir al Olimpo, ¿nos atrevemos a seguir adelante?

El cansancio del camino es un problema tan común, que instituciones como Harvard le han dedicado hojas y hojas de tinta al problema. Desde el clásico “When executives burn out” de Harry Levinson (1981), hasta el más reciente artículo al respecto que he encontrado “How to Overcome Burnout and Stay Motivated”, de Rebecca Knight (2015). Ambos se los recomiendo.

Quizá la analogía más cercana al camino del éxito se encuentra contenida en el mito del famoso Hércules y sus doce trabajos. La salvación del héroe griego debía venir sólo después de que cumpliera los trabajos impuestos por el insufrible Euristeo. No me importa para efectos de este texto si la penitencia de Hércules fue justa o no, sino un mensaje más profundo: la afirmación del héroe sólo se alcanza después de sufrir los golpes del esfuerzo. El éxito se forja en el fuego y en la sangre y en el llanto, no en las relaciones públicas ni en el buen trago con los amigos.

Para entender mejor la magnitud del esfuerzo que el éxito implica, podemos leer los trabajos que Hércules realizó: matar a un león enorme y despojarlo de su piel, matar a la Hidra (a cada cabeza cortada le salían dos, ¿recuerdan?), capturar una cierva híper veloz, capturar un jabalí come-hombres, limpiar unos fétidos establos en un solo día, matar pájaros carnívoros y de heces venenosas, capturar al Toro de Creta, padre del Minotauro, robarle a Diómedes sus yeguas antropófagas, robarle un cinturón a la reina Amazona, robar el ganado de un gigante de tres cuerpos, robar las manzanas del jardín de las Hespérides y, por si lo anterior fuera poco, capturar al Cerbero y sacarlo del inframundo.

Sí: no todos estamos hechos para ser Hércules. Muchos nos arredramos ante la perspectiva de tener que vencer un problema, alcanzar un objetivo que se aleja velozmente, o conseguir sacar del infierno a nuestro estancado proyecto. Pero lo que se atreven, aquellos que empujados por un ascua sagrada aceptan el dolor que se les viene encima y salen al encuentro de la aventura, ellos, son los que tienen en sus manos el poder de ser héroes, de alcanzar el éxito.

Hace unos años salió un comercial de Nike que algo nos decía a este respecto. Se los comparto:

¿Vieron el entrenamiento? ¿Alguna vez han sentido esa arcada horrible de agotamiento, señal de que estamos llevando el cuerpo a su máximo? Pues de eso se trata, igualmente en el camino del emprendimiento y de los proyectos profesionales. Exactamente igual en la búsqueda del éxito.

Atrevernos a sufrir, a llorar y sangrar es la condición de la grandeza. Claro que cuando el enemigo se ve interesante (vencer un jabalí come-hombres, por ejemplo) a veces estamos más dispuestos a soportar el combate. ¡Ah!, pero cuando se trata de aguantar los establos hediondos, meter la nariz a la porquería y limpiarlos, ya no es tan glamoroso el esfuerzo. Y ahí muchas veces tiramos la toalla.

No tiene por qué ser un establo lleno de caca, pero todos tenemos nuestros símiles. Ese trabajo administrativo que nos da tedio, esas ventas que no queremos hacer, esa llamada de seguimiento que mejor pospongo, aquella base de datos de clientes potenciales que me digo y re-digo que no puedo llenar…

Hércules pudo haberse inventado mil excusas para no limpiar los establos, pero no lo hizo. Asqueado hasta el vómito por la peste, decidió inventar un procedimiento que le ayudara a tan desagradable tarea (unos dicen que consiguió alguien que no sufría de tanto asco; otros que desvió un río enorme para que el agua los limpiara “a presión”). Como sea, superó sus barreras internas y externas y limpió los malditos establos.

¿Por qué él es un héroe y nosotros no? En sus heridas y nuestra piel tersa está la respuesta.

Claro, algunos de ustedes podrán decirme que la arenga es bella pero exagerada. Que después de mucho tiempo de esfuerzos sin resultados uno se cansa (dicen los que saben que casi todo el mundo pasa por una crisis cada cinco años dedicados a un proyecto o trabajo, sobre todo en ambientes de crisis).

A este respecto les comparto dos videos. El primero es de Michael Jordan (quienes me leen seguido saben que tengo cierto fanatismo por el heroico jugador de los Bulls): “Work before glory”:

El segundo video es un detrás de cámaras de un video musical de Jack Conte, músico independiente y creador de Patreon. El video musical que estaba grabando fue producto de un objetivo personal: sacar, a como diera lugar, un video en su canal de Youtube después de tres años de inactividad. Jack quería “sentir que estaba haciendo algo”. Después de tres años de evitar el trabajo (por el motivo que fuera) decidió salir al encuentro de su Cerbero personal. Veamos el video:

Días de 19 horas de trabajo continuo, investigación en internet, contactar personas que no conocía, gastar su presupuesto para armar una réplica casera del Halcón Milenario y un escenario para robots que diera vueltas y se elevara… no sorprende verlo en el minuto 7:15 agotado, tirado en el suelo y llorando. Literalmente llorando.

¡¿Pero que no era eso lo que quería hacer?! ¿Cómo es que puede llorar, pese al cansancio, alguien que está haciendo lo que le gusta?

Muy fácil. Hacer lo que nos gusta es apasionante. Y por eso nos permite explotar nuestros límites hasta el llanto, el vómito, la locura… pero por más que nos guste nos va a doler. Y mucho.

Pero sólo en ese dolor con sentido, en ese cansancio sangrante, está la posibilidad de alcanzar el éxito. Lo demás son sueños idiotas. Lo demás es un afán de presumir lo que nos gusta y evitar lo que nos duele. Cocinar implica jugar con fuego y con acero. Triunfar implica llegar a la meta llenos de cicatrices, pero con la certeza de haber hecho lo que no nos gusta por el afán de Ser.

Juan José

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