El problema del sueño único

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“Nos hemos bombardeado constantemente con la idea de que nuestro sueño es una sola cosa y que esa cosa está relacionada siempre con nuestro éxito profesional. Yo descubrí que mi pasión no es una, son varias.”

Por Susana Kiehnle

Twitter: @SusanaKiehnle

No recuerdo cuando fue que lo escuché por primera vez, pero es algo que me han repetido tantas veces que, desde chiquita, lo tengo clarísimo: todos tenemos una misión en la vida, una pasión, un sueño, y es nuestro deber aferrarnos a ello con todas nuestras fuerzas y no renunciar a lograrlo por nada ni por nadie. Haz lo que te haga feliz y no te detengas, no matter what. Y así, empezamos a preparar nuestro velero desde el puerto. Todos pasamos por la angustiante etapa de elegir nuestra carrera porque “es lo que va a determinar nuestro futuro”. ¿Hacia dónde quieres dirigir tus velas?, ¿cuál es tu destino soñado, cuál es tu meta? Nos convencemos a nosotros mismos de haber descubierto nuestra misión, nuestro sueño. Recibimos todas las instrucciones del mundo para estar preparados para llegar a nuestro destino y, finalmente, zarpamos. Allá, en el destino que escogí, está mi felicidad, hacia allá voy, no me detengo y me voy por este camino porque, a mi juicio, es la mejor opción que tengo.

Hay algunos seres muy iluminados o simplemente suertudos que no tienen problema en elegir el destino y que, de algún modo extraño, parecen haber elegido el mejor camino, siempre con el viento a su favor. Pero, para la mayoría de los mortales, esta experiencia está llena de aventuras inesperadas. De repente, ¡puuuum! zarpamos y hay un vientón que nos hace ir a toda velocidad. “Sin duda, éste es el mejor camino y éste es mi destino, ésta es mi pasión, éste es mi sueño”, nos decimos. Y, además, los días están llenos de sol y el mar se ve de un azul impresionante. De repente, nos cae la tormenta, pero seguimos con el viento a nuestro favor, yendo rapidísimo. Es aquí cuando nos toca probar todo lo que aprendimos y también nuestro carácter y nuestra actitud al tenerlo “todo”.

Después, viene lo difícil y todo cambia. Nos quedamos sin viento y casi no avanzamos. Llega la crisis. “¿qué estoy haciendo mal”, “¿es esto lo que realmente quiero?”, “¿por qué no avanzo?”, “¿qué habrá en ese otro destino que no escogí?”, “¿y si cambio mi camino?”, “¿y si cambio mi destino?” Puede ser también que sigamos con todo a nuestro favor, pero que de repente sintamos un deseo enorme de cambiar de camino y probarnos por rumbos totalmente nuevos y que no consideramos a la hora de prepararnos en el puerto. Puede ser, también, que decidamos velear junto a otro barco, sortear con él las olas, pasar con él los días sin viento, y entonces ese destino ya no se nos presente tan atractivo como al principio.

Hace casi un año, decidí velear con otro barco, pero me aferré a la idea de que podría llegar a la meta que me había fijado desde el puerto desde este otro camino. “Todo se puede”, me repetía. No, la verdad es que no todo se puede como queremos que se pueda. Me sentí fracasada. Sentí que había renunciado a mi sueño por venirme al otro lado del mundo a formar una familia. Después de la reflexión en un largo periodo sin viento, descubrí lo siguiente: nos hemos bombardeado constantemente con la idea de que nuestro sueño es una sola cosa y que esa cosa está relacionada siempre con nuestro éxito profesional. Yo descubrí que mi pasión no es una, son varias. Una de ellas se llama Agustín, otra se llama desarrollo rural y tiene que ver con mi profesión, pero también otra se llama migración y otra se llama escribir, y otra psicoprofilaxis, y así me puedo seguir. Se vale cambiar de camino e incluso cambiar de destino. Lo que no se vale es aferrarse a llegar a un destino que es evidentemente imposible, o bajar las velas y esperar a que llegue una lluvia y nos hunda con todo y barco. Como dijo un amigo, “nuestras prioridades van cambiando y, al tomar una decisión, elegimos contar con ciertas herramientas. No se puede tenerlo todo, así que lo mejor que podemos hacer es hacer lo mejor con lo que tenemos.” Lo importante es no darnos por vencidos, los caminos son infinitos, los destinos también. Hagamos lo mejor con lo que tenemos, que es el resultado de nuestras decisiones, es lo que se nos dio porque así lo escogimos.

Sigue veleando…

Susana

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