La libertad de elegir

mama

“La responsabilidad de forjarnos es nuestra y de nadie más.”

Por Susana Kiehnle

Twitter: @SusanaKiehnle

En mi post pasado escribí sobre la importancia de cambiar la idea que tenemos de que nuestro sueño es uno solo y que éste se determina de una vez y para siempre cuando empezamos nuestra vida profesional. Como me dijo un amigo: la vida y nuestra humanidad son suficientes para tratar de cazar a más de una estrella. Se vale también cambiar de idea, dejar atrás una estrella, lo cual no implica fracaso si seguimos con la frente en alto, encarando al mundo y haciendo lo mejor con lo que tenemos.

Ayer estaba viendo la película “Marley y yo”, que les recomiendo mucho a todos, principalmente a los que tienen perro. Esta película cuenta la historia de una pareja que, a través de los años, va formando una familia. Después de tener al segundo hijo, Jenny, la esposa, decide dejar su trabajo y dedicarse por completo a sus hijos y al trabajo de la casa. Pasa un par de semanas y llega la crisis. Jenny está todo el tiempo de mal humor, le echa en cara a su esposo que renunció a todo por la familia y la casa es un caos. Su esposo le dice: “Tú dejaste tu trabajo porque tú así lo decidiste.” ¡Y con toda la razón! Después de un momento de reflexión ella le dice que ha cambiado muchas cosas que definían quién era y que reencontrarse es lo que más le ha costado trabajo. ¡No lo pudo haber dicho mejor!

¡Cuánto nos cuesta a veces asumir la responsabilidad que llega con la libertad de elegir! La vida es una constante toma de decisiones, algunas veces planeadas, otras no tanto. Y de poco sirve encontrar a otros culpables, pues esto que somos es el resultado de nuestras decisiones. Nosotros escogemos nuestro camino cada segundo de nuestras vidas. Escogemos también cómo afrontar las consecuencias de aquello que no pudimos elegir y que nos afecta, como el divorcio de nuestros padres, la crisis económica en el país, la muerte del abuelo, por ejemplo. La responsabilidad de forjarnos es nuestra y de nadie más. Así como Jenny, es muy común que, cuando experimentamos cambios o, dicho de otro modo, cuando lleguen las consecuencias de nuestras decisiones, no sepamos quiénes somos y entremos en crisis. Lo más natural es enojarse y aventar la bolita a otro lado. Y se vale, somos seres humanos y sentimos. Pero si decidimos quedarnos ahí, en el enojo, viviremos frustrados siempre. Estaremos asumiendo que hemos fracasado porque soñaremos todos los días con tener una vida a la que “tuvimos que renunciar”, cuando la única persona que decidió renunciar a ella fuimos nosotros.

Enamórate de tu vida, tómala en tus manos, ve al espejo y asómbrate del gran ser humano que has forjado. Hazte responsable de ti mismo; es por ti que estás hoy en dónde estás ahora. ¿Cometiste errores? Perdónate, no hay un regalo más grande que te puedas dar. Deja de cargar ese saco lleno de piedras y libérate. Tú tomas tus decisiones, sí, pero tú no eres una única decisión. Tú no eres nada más un profesionista o simplemente “esposo(a) de”. Tú eres un cazador de estrellas y tus estrellas te definen en la medida en la que tú lo permitas. No te dejes vencer, el fracaso no existe porque nada es definitivo.

Susana

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