Sin cimientos, no hay rascacielos

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“En nuestra niñez empezamos a forjarnos como los hombres o mujeres que seremos más adelante, pues es cuando adquirimos los conocimientos y muchas de las habilidades que necesitaremos a lo largo de nuestra vida.”

Por Ana Belén Díaz E.

“Aquel que quiera construir torres altas, deberá permanecer largo tiempo en los fundamentos.” – Anton Bruckner

La frase de Bruckner nos hace pensar en arquitectura, sin embargo él fue un músico y compositor, y sus palabras no sólo se quedan en música o arquitectura, abarca a todas las personas y todas las profesiones existentes.

El éxito de una edificación está en aquello que no se ve y que costó más trabajo construir- los cimientos- y la deficiencia en ellos provocaría que el edificio se viniera abajo. En nuestra vida ocurre lo mismo; mientras más sólidos sean nuestras bases tendremos más posibilidades de enfrentarnos y superar las dificultades que tengamos a lo largo de la vida.

En nuestra niñez empezamos a forjarnos como los hombres o mujeres que seremos más adelante, pues es cuando adquirimos los conocimientos y muchas de las habilidades que necesitaremos a lo largo de nuestra vida. Esos cimientos son en gran parte responsabilidad de los adultos que nos rodean; la atención de nuestros padres, las exigencias de nuestros profesores, entre otros, son los primeros cimientos de nuestra vida “laboral” ya que, aunque seguramente hemos olvidado muchas de las cosas que nos enseñaron en la escuela, adquirimos habilidades como la disciplina, responsabilidad, lógica, conocimientos básicos, lectura, etc.

Estos conocimientos y competencias son las que conforman las bases que nos permitirán construir nuestra vida estudiantil y laboral (y, por supuesto, la personal). Si las bases son malas no se podrá construir edificios fuertes y seguros o, en su caso, se tendrían que reforzar para lograrlo.

Por el otro lado, si contamos con buenos cimientos tenemos dos opciones: conformarnos con hacer una simple choza o hacer un rascacielos, eso ya depende de cada uno y del esfuerzo y entrega que le ponga a su aprendizaje y crecimiento personal y profesional. Esta responsabilidad crece conforme nosotros vamos tomando las riendas de nuestra vida, adquiriendo nuevos conocimientos, desarrollando nuevas competencias y haciéndolo de la mejor manera y con gusto.

No me dejarán mentir, pero al salir de la escuela y entrar a nuestro primer trabajo pareciera que lo que vimos en la universidad fuera una migaja de lo mucho que deberíamos de saber; empezamos a notar el gran conocimiento que tienen nuestros jefes (claro, si tenemos la fortuna de tener a un buen jefe) y vemos que esa hermosa “casa” construida en más de 12 años de estudios, puede alcanzar alturas inimaginables y crecer en todas direcciones: convertirse en un rascacielos o abarcar tanto como un palacio. Cada quien elige cómo crecer, el chiste es no quedarnos igual que como estamos ahora, porque casa a la que no se le hacen mejoras y mantenimiento, casa que termina en ruinas.

Ya teniendo nuestro plan de vida y una carrera, hay que empezar a elegir qué cosas nuevas necesitamos aprender-tener conocimientos más amplios entrando a otras áreas de estudio o especializarnos en nuestra misma área-, eso ya depende de cada persona, gustos y necesidades, pero ver cada conocimiento como una oportunidad de fortalecer nuestras capacidades de liderazgo y emprendedurismo. Mientras más sepamos, tendremos más herramientas para poder enfrentar los retos que se nos presenten en nuestra etapa laboral, cualquiera que ésta sea.

ana-arrobaeudoxa

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