El regalo de contar una historia

turista

“Ser narrador es un regalo que implica una enorme responsabilidad. Contar una historia es compartir con los demás nuestra interpretación de un pedacito del mundo.”

Por Susana Kiehnle

Twitter: @SusanaKiehnle

Hace un mes decidí experimentar algo nuevo y ser guía de turistas en la región de alrededor de mi pueblo en Noruega. Para ello, recibí un curso teórico que se calificó con un examen con preguntas como qué altura tiene la montaña de la isla tal, en qué año se hizo el camino cual, cómo se llamaba el vikingo que descubrió las islas Faroe, etc. Y, finalmente, pasé un curso práctico en el que visitamos los lugares principales y ensayamos cómo dar un tour. Recibí el primer llamado, era un tour de ocho horas. Debía salir a las 5 a.m., así que me levanté a las 3:30 a.m. a repasar las fechas, los datos científicos y los nombres y memorizar el tour. Estaba nerviosísima y quería dar lo mejor de mí. Terminé de recoger los boletos, tomé el micrófono y empecé a hablar mientras arrancaba el autobús.

Hablaba y hablaba, en general hablar no me cuesta ningún trabajo, pero no notaba entusiasmo alguno, no sentía que existiera una conversación, era más bien un monólogo. Me detuve un poco y decidí voltear hacia atrás y poner más atención a las caras, a las miradas. Pensé, “¿cómo le hago para que este sea un viaje para recordar?” Y decidí cambiar mi discurso, decidí olvidarme de los datos duros y transformar mi tour en una aventura mágica llena de historias de trolls y elfos, de experiencias personales, de anécdotas sobre borregos y cabras, de chistes sobre la cultura noruega. ¡Y qué cambio! Pronto el autobús se llenó de carcajadas, empezaron las preguntas y los “¡guaaaaauu!” cuando aparecía un lago transparente o una montaña nevada. Los turistas vienen a pasar un buen momento, lo último que quieren escuchar son tragedias de la II Guerra Mundial o cátedras abarrotadas de información.

Desde ese día, mi primer día, todos mis tours son iguales, más llenos de fantasía que de datos duros o clases de geografía ¡Qué bonito es contar una historia! Ser narrador es un regalo que implica una enorme responsabilidad. Contar una historia es compartir con los demás nuestra interpretación de un pedacito del mundo. Esta interpretación puede estar cargada de aburrimiento, de frivolidad, de tristeza o de nostalgia. Esta interpretación puede ser tan vaga que se borre de la memoria de quienes la escucharon, pero también puede ser el detonante de una experiencia maravillosa o de un recuerdo que permanezca en la memoria para siempre.

Los guías de turistas, los profesores y los escritores no son los únicos narradores en el mundo. Quizá no lo hemos notado, pero todos recibimos el regalo de contar historias desde el momento en el que nacemos y nuestra obra principal es la historia que nos contamos a nosotros mismos. ¿Cómo ha sido tu vida? Puede ser que te cuentes a ti mismo una historia triste en la que tú, el personaje principal, eres una víctima en este mundo cruel. Puede ser que te cuentes la historia de que has nacido en un país de gente mala y corrupta. Pero también puedes hacer de tu historia algo digno de ser contado, tienes el poder de escribir con tu vida el mejor libro que hayas leído jamás. Esto no significa que vivas en la mentira o que quieras evadir la realidad. En mis tours yo no miento, por supuesto que menciono que el pueblito por el que pasamos fue bombardeado en la II Guerra Mundial, pero esta información es nada más un renglón dentro de un cuento maravilloso lleno de color y poesía.

Adereza tu vida con eso, ¡con vida! Escoge tu narrativa, cuéntate tu historia y cuenta historias para recordar a los demás, conviértete en una fuente creadora de buenas experiencias y buenos recuerdos.

Susana

Un comentario en “El regalo de contar una historia

  1. Reblogueó esto en Letras Noctámbulasy comentado:
    Todos estamos llenos de historias. Nuestra vida es un inmenso libro cuyas páginas están llenas de acciones, sentimientos, emociones y cada personaje en ella nos conecta con una historia mucho más compleja.

    A mi me encanta contar historias, bien sea de forma verbal o escrita. Yo no soy un guía de turistas pero entiendo bien cual es su trabajo y al igual que un escritor, la pasión `por contar una historia debe estar presente en cada palabra.

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