En defensa de la igualdad

“No podemos tratar como víctima al pobre o al gay o al refugiado, todos somos seres humanos capaces de los mismos vicios y las mismas virtudes, todos debemos hacernos responsables de nuestros propios actos y de sus consecuencias, todos debemos forjarnos un porvenir y esforzarnos por vivir una vida que merezca la pena ser vivida”

Por Susana Kiehnle

Twitter: @SusanaKiehnle

Este fin de semana el mundo entero celebró la igualdad, ese contexto al que todos aspiramos en el que todos los seres humanos, por el hecho de existir, tienen los mismos derechos y oportunidades. Hoy quiero hablar en defensa de la igualdad.

Desgraciadamente, hemos creado un mundo desigual en el que no todos tienen acceso a las mismas condiciones. A una familia amorosa, un ambiente limpio y sano, una buena educación, un Estado bien constituido que proteja a sus ciudadanos, una ciudad en donde no tome más de 15 minutos llegar al trabajo, un techo que nos brinde seguridad, el derecho a contraer matrimonio con la persona que amamos, etc. Desgraciadamente, también se nos ha inculcado esta idea de que aquel que tiene menor acceso a todo esto es una especie de víctima al que hay que rescatar de la desgracia: un corazón puro y bueno en constante tormento.

Este impulso “salvador de víctimas” permea también a las instituciones. El tema del refugio es quizá uno de los mejores ejemplos. La inseguridad, violencia e inestabilidad en Medio Oriente y el África Árabe, han incrementado en los últimos años el flujo de personas que llega al continente europeo, muchas veces jugándose la vida, en busca de asilo. La respuesta a esta crisis humanitaria ha sido y es, después del tema de Grecia, el reto del siglo para Europa. ¿Qué hacer con los refugiados?, ¿cómo tratarlos, dónde ponerlos?, ¿cuánto les damos? Y lo más importante: ¿cuántos podemos recibir sin poner en jaque las instituciones de nuestro Estado?

La respuesta que Noruega tiene para este tema es calificada como una de las mejores. Noruega recibe personas enviadas por Naciones Unidas que ya tienen previamente el estatus de refugiados. Pero también recibe a todas las personas que llegan por la vía ilegal, que en muchas ocasiones tuvieron que arreglárselas para salir de su país lo más pronto posible y salvar sus vidas y la de sus familias.  Al llegar a Noruega ilegalmente, estas personas van a la policía y solicitan asilo. El gobierno los envía a una casa en dónde esperan a que su caso sea procesado, les paga clases para aprender el idioma, les da una cantidad mensual para su manutención, entre otras facilidades.

Su caso puede tardar 6 meses o un año en ser procesado, mientras tanto los solicitantes de asilo no pueden trabajar, pero no les falta dinero porque todo se los da el Estado. Cuando un solicitante de asilo recibe el estatus de refugiado, comienza un programa de introducción que dura dos años en el que se le siguen impartiendo clases de noruego sin ningún costo, se le pagan todos sus gastos incluyendo la renta, ahora para él solo, y se le ubica en un trabajo.

Hoy en día, hay todo un debate en torno a este sistema. Yo, en lo personal, me declaro abiertamente en contra. ¿Por qué? Porque se trata a los refugiados como víctimas, como gente incapaz de valerse por sí misma, porque todos los incentivos están acomodados para que ellos no busquen superarse y para que esperen que “Papá Noruega” los mantenga toda la vida.

Este sistema es también injusto para los migrantes que llegan por la vía legal y que también tienen que esperar a que su caso sea procesado el mismo tiempo o incluso más, pues se da prioridad a los solicitantes de asilo. Estos migrantes legales tampoco tienen derecho a trabajar ni a estudiar mientras su caso es procesado, pero a diferencia de los solicitantes de asilo, no reciben dinero y tienen que mantenerse solos todo este tiempo. Es el caso de profesionistas que llegan a Noruega porque así lo demanda la industria y después de algunos años, durante los cuales cumplieron con sus deberes cívicos y pagaron impuestos, buscan traer a sus esposas o hijos.

Es injusto también para los noruegos, quienes reciben las bondades del Estado únicamente si cumplen con ciertas responsabilidades, como el pago de impuestos. Los estudiantes, por ejemplo, reciben un préstamo del Estado que está sujeto a que pasen sus exámenes, algo así como el Programa “Oportunidades” mexicano, recientemente re-bautizado como “Progresa”.

No podemos tratar como víctima al pobre o al gay o al refugiado, todos somos seres humanos capaces de los mismos vicios y las mismas virtudes, todos debemos hacernos responsables de nuestros propios actos y de sus consecuencias, todos debemos forjarnos un porvenir y esforzarnos por vivir una vida que merezca la pena ser vivida, todos debemos cumplir con las normas establecidas en el país en el que vivimos. No se vale la lástima, pero sí la empatía. No hay mejor manera de comprender a una persona que hacer el esfuerzo de ponerse en su lugar, escucharlo, conocer su realidad.

Cuando nos detenemos un poco y buscamos la empatía, encontramos la mejor manera de ayudar, esa que no tira o regala lo que nos sobra, sino que empodera y le permite al otro emparejarse el terreno por sí mismo. Una política empática busca “emparejar el terreno” para todos dejando claro que para que el mundo funcione todos deben cumplir con ciertos deberes y responsabilidades. Una política de lástima busca la dependencia de la víctima, una política empática busca darle las herramientas para el “¡sí se puede!” Ya lo había comentado en mi post “Repensando el ayudar”: “el ayudar no debe ser un impulso, una acción aislada que responde al dolor que nos causa ver la vulnerabilidad del otro”.

El primer paso a la igualdad es tratarnos como iguales.

4 comentarios en “En defensa de la igualdad

  1. Me ha encantado tu articulo. Muy completo y bien hilado. En general estoy de acuerdo con lo que defiendes, relativo a la importancia de que se nos trate a todos como iguales. Sin embargo, como no todos contamos con las mismas condiciones de partida no todos tenemos las mismas oportunidades si no se ejerce algun sistema que permita igualarnos. Vaya, que si vienes de un pais en guerra, o donde la pobreza es extrema, por ejemplo, probablemente no has tenido acceso a unos recursos educativos o sanitarios ni de lejos similares a los que ha recibido otra persona en un pais con sistemas educativo y sanitario que funcionan (aunque evidentemente tengan sus defectos). Por ello, no creo que necesariamente se convierta en víctimas a los refugiados, sino que se busca la forma de permitir igualar sus condiciones de partida.
    Perdona por la parrafada, pero es que tu entrada me resultó muy inspiradora. Un saludo!
    Carla

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  2. Al leer el articulo pensè en la frase “el trabajo dignifica”, en el sentido que nos posibilita realizarnos como personas y ademas sentirnos que pertenecemos a una comunidad. Que el trabajo sea valorado (bien o mal) ya es otro tema…el trabajo es mejor que estè en funciòn del hombre y no a la inversa. En cierta forma el concepto de trabajo esta conectado con el concepto de hombre. Que se estè unos a^nos sin trabajar, no es siquiera saludable. La igualdad deberìa garantizar otro principio, el de la libertad, para tener la capacidad de ser sujetos de nuestro propio destino.

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