Remar a contracorriente

“No podemos negar que es frustrante que algo que a ti te apasiona mucho no sea bien recibido por aquellos a los que te toca instruir. Pero hay que ser conscientes de que no todos están llamados a dar la vida por los mismos ideales que tú.”

Por Jesús Eduardo Vázquez

Twitter: @UnFilosofeta

La semana pasada fue de evaluaciones en la escuela donde trabajo, por lo que fue un tiempo intenso; y como en todo momento de estrés, la reflexión sobre el trabajo que desempeño no se hizo esperar. Siempre he dicho que la docencia, a cualquier nivel y en cualquier momento, es todo un reto, pero también hay que comprender que no todos los niveles y momentos son iguales. Dar clases de filosofía a chicos de bachillerato es harto complicado, simple y sencillamente porque esta materia no es algo a lo que estén habituados, y menos los jóvenes que se están encaminando a las áreas químico-biológicas, económico-administrativas y físico-matemáticas. Impartir una materia a la que desde el principio han prejuzgado como demasiado complicada, de demasiada lectura, tediosa, aburrida y “sin practicidad” para la vida profesional y humana, es como remar contra una fuerte corriente. Y si le sumamos el hecho de la terrible decadencia del sistema educativo -que para los profesores es cada vez más palpable- y que además soy el único profesor con perfil humanista en la institución, entonces la corriente fuerte se vislumbra con más complicación aún. No había otra forma de entenderme que como dentro de una canoa o balsa, en un río, remando pesadamente a contra corriente. Y así me surgió la pregunta de cómo soportar tal situación.

Después de haber reflexionado sobre el tema, considero que las 5 claves para soportar con entereza este hecho son las siguientes:

1. Tener presente los motivos por los cuales vale la pena remar contra corriente. ¿Qué caso tendría estar en una situación de adversidad sin ninguna razón? A menos que uno sea masoquista, no se encuentra favorable mantenerse firme en un momento así. Siempre es bueno recordar el porqué estoy en el lugar que estoy, puesto que eso estimula el propio esfuerzo. Claro que en ocasiones puede ser que uno se dé cuenta, en los momentos de crisis, que el móvil de estar en ese lugar no es suficiente por lo que es preciso emigrar; pero si, por el contrario, sí es conveniente mantenerse ahí, el recordar las propias motivaciones será una renovación de la propia vida. Esto es lo primero que uno debe realizar en los momentos de dificultad.

2. Tomar conciencia de la propia situación. A veces podemos creer que somos superman o gente extra dotada que logrará comerse al mundo y transformarlo de un día para otro. Esto puede llevarnos a una severa exigencia o soberbia que termine repercutiendo de manera negativa en las relaciones personales. O también, puede ser que ese optimismo exacerbado e ingenuo nos encamine a una terrible y dolorosa caída al enfrentarse con la realidad. Reconocer los propios límites es algo necesario que nos ayudará a planificar una buena y sensata estrategia para combatir combatir la adversidad.

3. Platicar con alguien que pueda comprender nuestra situación. Las palabras de ánimo son algo que habitualmente nos cae muy bien, y más si son de alguien que está en la misma situación o en una similar, por lo que es preciso que en estos momentos difíciles no intentemos enfrentarlos solos, puesto que como bien dice Cicerón, “en cuanto a la adversidad, difícilmente la soportarías si no tuvieras un amigo que sufriese por ti más que tú mismo”; además de que, como también se dice popularmente, “dos cabezas piensan mejor que una”.

4. Ubica aquello que puede cambiarse y que mejorará para tu beneficio. En los momentos difíciles no siempre todo es malo, ni inamovible. Seguramente, podrá encontrarse algo que se manipule o cambie a favor de uno, por lo que hallarlo será una gran ventaja para aminorar la pesadez de ir a contracorriente.

5. Establecer un plan a seguir. Es preciso elaborar un plan que marque el rumbo que debe tomarse, así como las formas específicas para lograrlo. Si uno no se guía conforme a un plan en cualquier actividad de la existencia cotidiana, todo se tornará más complicado porque no hay ningún tipo de claridad. Debe quedar patente que remar contra flujo requiere precisión y esclarecimiento, lo cual sólo se logra con la planificación.

No podemos negar que es frustrante que algo que a ti te apasiona mucho no sea bien recibido por aquellos a los que te toca instruir. Pero hay que ser conscientes de que no todos están llamados a dar la vida por los mismos ideales que tú, y por lo tanto no tendrán la misma respuesta que tú diste durante tu tiempo de formación, y que das en el día a día.

Remar a contracorriente es algo que siempre te ayuda a crecer, siempre y cuando aprendas a hacerlo de la mejor manera y para obtener resultados. De otro modo, el desplome, la tristeza y el desánimo estarán ahí presentes.

jesus-eduardo_arrobaeudoxa

2 comentarios en “Remar a contracorriente

  1. Definitivamente, tienes razón, Y.J. Rivas. Justo ahora estoy planeando el nuevo semestre con diversas actividades que permitan una mayor dinamicidad en la clase. Gracias por tu comentario.

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  2. Creo que te podría ayudar una manera mucho más práctica para enseñar filosofía. A mi me a tocado enseñarles un poco, aunque enfocado en el turismo. Y lo he hecho a través de artes manuales…es decir, cortando periódicos y cosas así. Los chicos son más visuales.

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