Mexicano, ¿de qué te ríes?

“México también tiene sus cosas buenas. Y sí, créanme que, en muchos sentidos, soy orgullosamente mexicana. No obstante, en otros, no lo soy y no siento remordimiento alguno al decirlo.”

Por Susana Kiehnle

Twitter: @SusanaKiehnle

“El <Chapo> vuelve a fugarse. La Comisión Nacional de Seguridad (CNS) confirmó la evasión del capo del penal de Almoloya”, leí al abrir la página de El Universal, el domingo 12 de julio, antes de ir a dormir. Me quedé atónita, no lo podía creer. Entre click y click me puse a investigar todo lo que pude: “se observó que Joaquín Guzmán Loera se aproximó al área de la regadera dentro de la estancia 20 del pasillo 2, donde habitualmente, además de su aseo personal, lavan sus enseres. En ese punto se perdió el contacto del capo. Al prolongarse la no visibilidad del interno, se ingresó a la celda, la cual se encontraba vacía, por lo que de inmediato se emitió la alerta correspondiente por la probable evasión del mencionado recluso”. ¿Es en serio?, ¿cuál dedo me chupo? Me hervía la sangre. ¡Qué impotencia, qué frustración, qué tristeza que tengamos este gobierno de porquería, estas instituciones débiles, estos niveles de corrupción! ¿Lloro, me río, qué hago?

Las siete horas que existen de diferencia entre Noruega y México me impidieron ser partícipe de la reacción de mis amigos y conocidos frente al tema. Pero, cuando a la mañana siguiente abrí mi Facebook, me quedé aún más atónita. Pocos eran los enojados. La mayoría había posteado toda clase de memes con chistes sobre “El Chapo” o la poca inteligencia de Enrique Peña Nieto. Encontré incluso comentarios de admiración hacia el capo: “¡qué bárbaro, qué inteligente!, ¡ojalá él fuera nuestro presidente!” Mexicano, ¿de qué te ríes?

Y después, los pavoneos: “¡qué ingenio el del mexicano!”, “¡tenemos el mejor humor de todos!” Y luego, el silencio, como si con las bromas se hubiera solucionado el problema. El país sigue en su camino hacia la podredumbre. La impunidad y la falta de rendición de cuentas se han convertido en constantes que forman parte natural de nuestro cotidiano. Los que en su momento votaron por Enrique Peña Nieto, entre broma y broma no lo bajan de estúpido, evadiendo por completo que “tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata.” El país se nos va de las manos y ahí seguimos nosotros con nuestra cara de payasos y nuestra actitud de niños.

Muchos me dirán que México también tiene sus cosas buenas. Y sí, créanme que, en muchos sentidos, soy orgullosamente mexicana. No obstante, en otros, no lo soy y no siento remordimiento alguno al decirlo. Sé que tú también estás cansado de sentir que todo esto pende de un hilo, de percibir la fragilidad de este equilibrio, de ser parte de una sociedad “apaciguada” y dejada. Abandonemos este hábito de la negación. La risa es un placebo, y entre placebo y placebo el cáncer será terminal, y entonces será demasiado tarde. Somos responsables de nuestro porvenir, como he escrito en numerosas ocasiones, y este porvenir es tanto individual, como social. El país es nuestro y su rumbo no depende únicamente de una clase política o de un señor copetón. Alcemos la voz, demostremos nuestra inconformidad, salgamos a votar, formemos nuevos partidos, defendamos nuestras propuestas. Pensemos dos veces antes de abrir la boca y decir nuestra opinión, seamos constructivos desde la palabra.

Por último, les dejo un pedacito de “La Democracia en México” de Pablo González Casanova que, a pesar de haber sido publicado en 1965, sigue vigente:

Reconocer nuestra realidad, acabar con los fantasmas que nos asustan, con las simulaciones, con la retórica y la propaganda que nos enajenan, con la falsa idea de que la mejor manera de amar a México es ocultar sus problemas; buscar así una acción política que resuelva a tiempo, cívica y pacíficamente, los grandes problemas nacionales es el principal objetivo político que buscamos, sintiéndonos como los sentimos corresponsables y partícipes del gran movimiento que se inició en 1910 y que, una y otra vez, lucha por salir del eterno retorno y alcanzar sus metas.

Susana

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