El gran ejercicio de autodefinirse

“Ésa es la cosa terrible y maravillosa de las decisiones difíciles: cómo las tomamos terminará teniendo un peso importantísimo en quién nos convertiremos.”

Por Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

Tiene algunos años ya que me enfrento periódicamente a un ejercicio complicado: el de describirme atinadamente y en unas pocas líneas para mis perfiles en las redes sociales. No es tarea fácil. Poner al día un curriculum vitae es sencillo porque lo único que necesito son datos duros –fechas y periodos, nombres de instituciones, funciones operativas– pero actualizar una “bio” es asunto totalmente diferente. No estamos hablando de añadir un capítulo nuevo más a una autobiografía extensa y detallada, no, esas malditas bios siempre son pequeñitas, limitantes, como tuits, imponiéndonos el reto creativo de decir todo lo que hay que decir –o lo más relevante, al menos– sobre quién somos en pocas palabras e ideas.

Reescribir la bio es volver a realizar ese ejercicio de análisis y síntesis, de introspección y reflexión, para encontrar la esencia de lo que es uno, ahora, en esta etapa de su existencia. Claro que esta tarea también puede tomarse más a la ligera, pero a mí me gusta hacerlo así, seriamente. Resulta muy interesante redefinirse –redescubrirse– cada cierto tiempo, especialmente después de que algo grande se termina o cuando comienza una nueva era en nuestras vidas, digamos, porque nos graduamos, porque terminamos una relación dolorosa y prolongada, porque nos convertimos en padres o porque nos enamoramos de nuevo. Y es que esos sucesos nos cambian, a veces, al grado de convertirnos en otra persona.

Suena raro, ¿no?, eso de convertinos en alguien más. Suena a ciencia ficción. Suena a Doctor Who. El Doctor –protagonista la afamada serie de televisión británica– tiene la capacidad de regenerarse cuando su vida se ve amenazada. Su inmortalidad tiene un precio, sin embargo: cada regeneración le cuesta cambiar drásticamente, convertirse prácticamente en otra persona, aunque una que conserva sus recuerdos y uno que otro rasgo de su personalidad anterior. A pesar de que esta particular característica del personaje fue originalmente implementada en la serie para justificar un cambio necesario del actor que interpretaba al Doctor original, resulta una metáfora muy bonita en realidad para la transformación constante que sufrimos todos, en mayor o menor medida, durante nuestra vida.

¿No les ha pasado nunca, estimados lectores, que revisando un documento del pasado se sorprenden al recordar cómo eran? Desde lo mundano –”¡cómo diablos era yo fan de Britney Spears!, ¡mira esa facha que traía puesta!”– hasta lo más íntimo –”¡en ese tiempo me decía ateo!”, “¡cómo estaba yo enamorado de esa bruja!”–, quien somos ahora puede ser muy diferente a quien fuimos hace mucho, en una época pasada, en la que nuestra forma de pensar era sencillamente distinta, así como nuestros gustos e incluso la compañía que procurábamos y disfrutábamos. Justo como el Doctor, pero sin cambiar de rostro.

Doctor
“We all change, when you think about it. We’re all different people, all through our lives. And that’s ok, that’s good! You’ve got to keep moving… So long as you remember all the people that you’ve used to be.”  Dr. Who, imagen de la BBC

Existe un principio budista que dice que todo, incluyéndonos a nosotros, está “vacío”, es decir, que tiene una naturaleza líquida, inasible, siempre en movimiento y cambio constante. Según este principio es inútil que tratemos de definir qué somos, pues nada es permanente y lo que definamos será sencillamente una ilusión, como un reflejo en un espejo, o como el aliento en un espejo, una cosa que ahora nos parece ver pero que pronto será totalmente distinta y se habrá ido para siempre. No termino de aceptar la idea completa –ni siquiera pretendo entenderla del todo–, pero definitivamente me parece atinada la impresión de que no somos, ni en cuerpo ni en alma, una cosa estática que puede resistirse al cambio y el fluir de los tiempos y los acontecimientos.

De hecho, he descubierto que en vez de resistirme me gusta provocar el cambio en mí mismo, mucho más que sólo esperarlo o reaccionar a él cuando sucede. Parafraseando a Susan Sontag, me parece mucho más interesante la gente que está comprometida con un proceso de autotransformación constante, de continuo crecimiento o evolución, de exploración creativa y aprendizaje perpetuo.

¿Ya ven por qué me exijo rigor para escribir mi bio en Twitter? Hay tantas cosas que me interesan, tantas cosas que me han interesado, tantas cosas que todavía tienen que interesarme… Tantas que he hecho, que hago y que me quedan por hacer… Hay tanto cambio, tantas pasiones, tantas preguntas, tanto movimiento. Es una decisión difícil. ¿En cuál de todos los posibles “yos” que puedo ser quiero enfocarme ahora?

La filósofa Ruth Chang tiene una plática TED muy interesante sobre la naturaleza de las decisiones difíciles. En breve, las decisiones difíciles lo son no por que seamos torpes y nos compliquemos la vida, sino por que de hecho las opciones que tenemos para elegir son “igualmente valiosas”, o similarmente valiosas, aunque decididamente distintas. Al final, la cuestión no puede resolverse con un comparativo informado y rigurosamente científico de los pros y los contras de cada opción, pues las dos son buenas desde esta perspectiva. Mucha gente “resuelve” este problema optando por la opción menos riesgosa: al fin las dos eran buenas… Sin embargo, esa es la gente que probablemente no cambia mucho su bio en sus redes sociales, o que no se enorgullece de ella, pues el cambio termina sucediéndoles, en vez de que ellos mismos lo provoquen o lo dirijan hacia donde más lo querían. Chang les llama drifters, porque están efectivamente a la deriva, a la merced de lo que les sucede. Ésa es la cosa terrible y maravillosa de las decisiones difíciles: cómo las tomamos terminará teniendo un peso importantísimo en quién nos convertiremos.

“It is here, in the space of hard choices, that we have the power to create reasons for ourselves to become the distinctive people that we are.”

Quiero invitarte, estimado lector, a que te tomes en serio la tarea de reescribir tu bio en tu red social o página personal favorita. Además del muy valioso ejercicio de autoconomiento que tendrás que realizar, tendrás que incluir uno de autodefinición, al decidir quién quieres ser y cómo piensas lograrlo. Toma el consejo de Ruth Chang y hazlo de forma valiente y auténtica; toma el consejo del buen Doctor y hazlo con tus “yos” pasados en la mente, construyendo tu innovación desde tu tradición más querida. ¡Mucho éxito y feliz transformación!

Alberto

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