¿Ser o no ser?

“Constantemente nos quejamos de los atropellos contra la justicia que se cometen en el mundo y en nuestro país, pero pareciera ser que, en ocasiones, sólo queremos que se viva la justicia en estratos más arriba de los nuestros, que se aplique sólo para las ‘situaciones de relevancia’.”

Por Jesús Eduardo Vázquez

Twitter: @UnFilosofeta

Comencemos este post pensando en un político que almacena en su cartera personal algunos miles de pesos que sobraron de una actividad que realizó -pertenecientes al erario público- y en la que se preveía un gasto mayor al que efectivamente se hizo. ¿Qué pensaríamos de él? ¿Es o no una muestra de deshonestidad esto? ¿Se le puede llamar ladrón? Ahora imaginemos a un joven que después de comprar un helado y pagarlo, recibe su cambio, pero de manera equivocada, puesto que le fue devuelta una cantidad mayor a la que debía recibir, y que al darse cuenta hace caso omiso de ello y sigue su camino en paz. ¿Qué tanto se diferencia del primer caso? Otra escena: supongamos que un niño comete una fechoría, la cual no revela a sus padres pero que hace que se comporte de manera extraña a lo habitual; la mamá se da cuenta de ello y dialoga con él sobre la importancia de decir siempre la verdad, y de no andar ocultando nada. Pasan los días, y en uno cualquiera la familia recibe la visita de una persona a la que se le debe dinero; la mamá se da cuenta de quién es y envía a su hijo a que abra la puerta y que diga que sus papás no están, que vuelva otro día. ¿Dónde quedó el discurso de la mamá de siempre la verdad? ¿Qué tipo de educación es ésa?

Alguna vez leí que en cuestiones de moral solemos ser medio esquizofrénicos, es decir que moralmente actuamos y expresamos dos discursos que comúnmente se contraponen: el del deber (lo correcto) y lo que en realidad se hace. ¿Existen ‘mentiritas’, mentiras piadosas? Si existen, ¿cómo podemos diferenciarlas de las ‘mentirotas’ o mentiras no piadosas? Y es que el tema es algo que en ocasiones minimizamos, puesto que consideramos que si no afecta ‘mucho’ entonces puede ser considerado válido, por lo que quedarse el cambio o mentirle a un cobrador es nada a diferencia de apropiarse miles de pesos –que no te pertenecen- o de mentirle a tu mamá.

Esta reflexión surgió a partir de la desastrosa participación de nuestra ‘campeona’ selección mexicana de fútbol en la Copa Oro. En específico en aquel momento del penal –que no era- a favor de México contra Panamá, y que cobró Andrés Guardado. Al final del partido, éste declaro que por un momento pensó en fallarlo porque sabía bien que era un error arbitral, pero que luego recordó las ocasiones en las que su equipo había estado del otro lado y en las que el equipo contrario no se había tocado el corazón, por lo que su decisión, como profesional que era (¿profesional?), fue la de tirar correctamente el penal, a pesar de tener clara conciencia de que eso iba contra el fair play de este deporte. Días después lo platiqué con un amigo, y él me replicaba que se había hecho mucho arguende por algo sin importancia, puesto que en la historia del fútbol internacional se conocían muchos casos más, de equipos y jugadores grandes que habían hecho algún tipo de trampa y que sin embargo seguían siendo considerados como modelos; por ejemplo, el caso de ‘la mano de Dios’, aquella jugada en la que Maradona con la mano metió un gol (en el mundial del 86’), una acción ilícita, y con la que perfiló la victoria de su país y el pase a la siguiente ronda. Yo no dejé de expresarle que independientemente de quien lo haga o no, el punto es que se cometió una violación al reglamento, y que si alguien era consciente de ello, no debía dejarlo pasar de lado, y que por más que sucedieran esas cosas no podían convertirse en lo correcto.

La pregunta de fondo es ¿qué mundo queremos? Constantemente nos quejamos de los atropellos contra la justicia que se cometen en el mundo y en nuestro país, pero pareciera ser que, en ocasiones, sólo queremos que se viva la justicia en estratos más arriba de los nuestros, que se aplique sólo para las ‘situaciones de relevancia’. El problema es que entonces debemos profundizar en este concepto, puesto que no podemos considerar a secas que es más relevante que un político se robe miles de pesos a que un joven sólo unos cuantos. ¿Qué sociedad estamos cimentando? ¿Una de doble moral, de conveniencias según las circunstancias, o una de valores firmes y coherencia en la vivencia de los mismos? Pensemos, ¿cuáles son las consecuencias de un mundo que concibe separadamente el deber del hacer? ¿Es un mejor mundo que uno recto y parejo? Yo creo que no podemos minimizar ningún tipo de atentado contra el bien común y la sana convivencia, puesto que de hacerlo, como la realidad misma nos lo manifiesta, poco a poco iremos cediendo, a tal grado de sólo buscar nuestro bien particular sin importarnos si esto afecta o beneficia a los que nos rodean, construyendo así, una sociedad de constante enfrentamiento y exclusión.

jesus-eduardo_arrobaeudoxa

3 comentarios en “¿Ser o no ser?

    1. Lamentablemente así es. Nos fijamos en la viga del ojo ajeno y no en la propia, y sin darnos cuenta damos un discurso con el que en ocasiones nos damos balazos en el propio pie. Gracias por comentar.

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