Filosofía en todo y para todo

“La filosofía no sólo nos ayuda a resolver o plantearnos nuevas dudas sobre la realidad exterior, sino también a solucionar dudas sobre nuestra realidad interna.”

Por Mariana Talamante

El tema que a continuación pongo a reflexión lo traigo en mente desde el día en que supe que me convertiría en madre. Nunca había existido en mí tanto miedo por algo tan deseado. Cuando di la noticia a mis allegados me llovieron opiniones sobre qué debía y qué no debía hacer, desde el embarazo hasta el día en que mi hijo decidiera ser autosuficiente.

De todas aquellas recomendaciones la que más me causó gracia fue la que un amigo nos hizo a mi marido y a mí, diciendo tranquilamente: “Deben acostumbrarse a que, de ahora en adelante, para las demás personas ustedes serán unos inexpertos para cuidar a su hijo”. En cuanto nos comentó eso no le presté atención, pero mientras transcurrían los meses y una vez llegado el nuevo integrante de la familia, esas palabras me resultaron adecuadas a lo que estaba viviendo. Todos nos aconsejaban, todos sabían cómo llevar los cuidados necesarios para el sano desarrollo de un niño, ¡inclusive aquellos que no tenían hijos!

Lo acepto, eran simples opiniones no maliciosas, por eso mismo no las malinterpreté, pero debo admitir que muchas me resultaban difíciles de consentir. Lo que sí me resultó fácil fue sentirme insegura para sobrellevar la maternidad. Llegó un momento en el cual esta situación me sobrepasó. Fue entonces cuando decidí darme una pausa y lo coloqué todo en paréntesis, di un respiro y lo analicé a través de la filosofía.

Recordé mis clases en la universidad sobre la δόξα (doxa, opinión) y la ἀλήθεια (alêtheia, verdad). En ese momento de mi vida me encontraba completamente sumergida en un mar de opiniones, pero ¿cómo saber cuáles eran las correctas? ¿Cómo dar en el clavo? Aquí es donde se asoma la segunda, la verdad. Con esto en la cabeza, tomé como solución lo que se cuenta que estaba escrito en el templo de Apolo en Delfos y que Sócrates dictaminaba a cada paso: “Conócete a ti mismo”.

Posteriormente recordé a San Agustín y lo que afirma en su obra De la verdadera religión:

“No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad; y si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo, mas no olvides que, al remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma, dotada de razón.”

Ahí tenía la respuesta, ahí se encuentra la alêtheia, la verdad: en mí y en mi propia capacidad racional para entender qué es lo correcto. A partir de ese momento dejé de sentirme tan incompetente para criar a mi hijo, me sentí más segura y tranquila.

Posiblemente esto suene a una simple historia de depresión posparto, pero esta actitud filosófica es aplicable a todos los demás problemas a los que nos enfrentamos, y funciona. Podemos aplicar la filosofía a la vida de una manera más laxa, más flexible que dentro de la academia rigurosa; interiorizar y reflexionar sobre nuestra circunstancia y así poder encontrar una solución que sea aplicable para nuestro caso particular.

Esto es lo que propone el filósofo canadiense Lou Marinoff en sus libros Más Platón y menos Prozac y Pregúntale a Platón. Con este enfoque podemos ver otro uso de la filosofía. Muchos de mis colegas me reprenderán al darle buena fe a este autor y a sus textos, pero les aseguro que no estoy recomendando a un escritor de libros de superación personal. Marinoff es Doctor en Filosofía por la University College de Londres y tiene sus bases sólidas para considerar a la filosofía como terapia (θεραπεί), colocándola como una herramienta más para la solución de los ahogos internos. No se trata de desestimar a la psicología, psiquiatría u otras terapias, simplemente es retomar a la filosofía como terapia del alma, la mente o la psique; retomar las diversas corrientes filosóficas y adaptarlas a la problemática que uno está viviendo.

Claro está que la obra de Marinoff no está tratada desde un punto de vista estrictamente académico o de investigación, pero no por ello es inútil, ya que de esta forma podemos ver que la filosofía no sólo nos ayuda a resolver o plantearnos nuevas dudas sobre la realidad exterior, sino también a solucionar dudas sobre nuestra realidad interna, nuestros pequeños monstruos que nos sirven para analizar y construir nuestro entorno.

  

   mariana_arrobaeudoxa

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