Adiós, París

“Dejar una ciudad es dejar una parte de la vida atrás (…), pero también al despedirnos de un sitio nos aseguramos de reconocer quiénes fuimos en él y de garantizarle un lugar en nuestra historia.”

Por Chloé Nava

Twitter: @Mmeroubaud

Facebook

 

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió,

después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni

al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro

de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de

cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que

el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese

cambio era el primero de una serie infinita.

Aleph, Jorge Luis Borges

 

Nunca me han gustado las fiestas de despedida por el hecho de que al dejar un lugar no pienso dejar a las personas que conocí en él. Entiendo ese tipo de fiestas como reuniones llenas de buenos deseos para el nuevo camino que uno está por emprender, pero no como un adiós. Pero de quien no puedo evitar despedirme es de la ciudad, en el momento que me aleje de ella empezará a transformarse; ella seguirá con su trajín la habite o no, y esa indiferencia me atormenta. En el despedirme de la ciudad debo sentir que me apropio de la mayor cantidad de elementos esenciales que la describen a mis ojos, que hago mías las calles, los comercios, los árboles y el aire que la definen. Antes de irme acaricio con mis ojos cada edificio, el movimiento de los coches, el metro, los autobuses, las personas, me dejo absorber por el sentimiento único que me da ese lugar en ese momento. Intento plasmar en mi memoria el mejor retrato de mí misma en ese sitio para nunca olvidar lo que representa para mí.

Me da miedo abandonar una ciudad porque al volver puedo no sentirme de nuevo en casa. Me da miedo porque por más que lea las noticias y que me cuenten sus transformaciones, yo no estoy ahí para vivirlas. Dejar una ciudad es dejar una parte de la vida atrás, es entender que el mundo sigue su curso sin importar qué camino tomemos, que tras cada decisión dejamos algo y que eso se alejará de nosotros inevitablemente. Pero, a pesar del distanciamiento , también creo que al despedirnos de un sitio nos aseguramos de reconocer quiénes fuimos en él y de garantizarle un lugar en nuestra historia.

Hoy dejo París, probablemente no vuelva a vivir aquí jamás y si lo hago no será pronto. Cada día parece uno más, pero en realidad siento que las calles que recorro para ir al trabajo se transforman en un universo que sólo yo puedo ver. Me puedo ver en esas calles incluso cuando tomo una taza de té en mi casa. La felicidad que siento al comprar pan en panaderías diferentes cada semana es de un color especial en París, puedo dibujar esa emoción en mi mente y probablemente no vuelva a tener esa tonalidad en el futuro.

Ya he experimentado esta sensación antes. Hace poco más de un año dejé la Ciudad de México para venir aquí, pero sigo recorriendo la calle de Reforma y evitando pisar el suelo invadido de flores de jacaranda. Hay recorridos que jamás olvidaré y que me pertenecen aunque cambien el sentido y el tamaño de las vialidades. Me cuesta trabajo despedirme de una ciudad en la que he vivido tantas cosas importantes, pero a la vez me alegra haber vivido ahí porque sin eso no sería quien soy ahora. Llevamos un poco de todos los lugares en los que hemos estado, y, ya sea que liguemos a esos sitios buenos o malos recuerdos, es esencial saber despedirse de ellos. Debemos asumir el hecho de que nos constituyen y forman parte de la larga y compleja historia que contamos sobre nosotros mismos. Así pasa también cuando dejamos una casa, un cuarto o un departamento. Dejarán de ser nuestros, probablemente no los reconozcamos más, pero lo importante es saber en cada momento qué vivimos y quiénes fuimos en ellos.

A mí me gusta recorrer en silencio las calles y observar de nuevo todo como si fuera la primera vez. Sentirme como una espectadora privilegiada a quien se le permite tomar foto y nota de todo lo que sucede en la obra. Es una sensación extraña pero agradable, y no sé si soy la única a entenderlo así.

chloe nava

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s