Los soles de Ahmadou Kourouma

“Hacer arte a la vez que se intenta denunciar a los actores de determinados eventos; mantener una pluma literaria cuando ésta no hace más que rememorar hechos confusos en la mente de la gente; y permitirse ignorar la censura de lo políticamente correcto, son cualidades valiosas en toda literatura.”

Por Chloé Nava

Twitter: @MmeRoubaud

Ser crítico, ser fiel a uno mismo, narrar la historia del mundo como si se viera desde el cielo, como si no fuéramos hombres de este tiempo. Olvidar que fuimos parte de una época determinada, una persona concreta con un nombre y contar la historia de un mundo que nos desilusiona desde la perspectiva de los dioses. Desde el olimpo las deidades cuentan historias cíclicas sobre el universo, historias reveladas a través de oráculos, dichas a través de mitos, el destino de familias enteras contado entre una humareda de inciensos y sacrificios.

Hacer arte a la vez que se intenta denunciar a los actores de determinados eventos; mantener una pluma literaria cuando ésta no hace más que rememorar hechos confusos en la mente de la gente; y permitirse ignorar la censura de lo políticamente correcto, son cualidades valiosas en toda literatura. Esta clase de trabajo no suele ser bien recibido el día que es publicado, si es que se llega a publicar, porque nunca a nadie le ha gustado que le obliguen a abrir los ojos y ver lo que en cierto modo no deseaba ver. Y si la resistencia suele disolverse con el tiempo y con ello pareciera que la narración pierde su fuerza la realidad es completamente diferente. Los lectores adquieren una nueva visión sobre la manera en que cuentan su historia, su relación con su identidad y algunas llaves para leer el momento presente.

Y aunque esto me sorprenda a mí misma, hoy no les hablaré de Émile Zola, aunque forme parte de esos escritores con una pluma imprudente y un gran talento artístico. Más bien hoy decidí llevarme, y con esto quiero decir llevarlos a otro continente más cálido: África. Ahí quiero que nos detengamos en Costa de Marfil, país natal del autor que les quiero presentar hoy: Ahmadou Kourouma. Escritor de pocos textos pero todos de gran valor, Kourouma estudió en Bamako (Mali) antes de irse a Francia a estudiar matemáticas; obligado a refugiarse de los “poderosos” en su tierra natal vive la independencia africana con un ojo y un oído altamente críticos.

Su obra Les soleils des Indépendances es quizá la más conocida y la primera en editarse. El primer manuscrito fue presentado en diversas editoriales parisinas entre 1963 y 1965, sin embargo no hubo ninguna respuesta por parte de los editores. Obligado a abandonar su tierra natal se instala en Algeria donde un anuncio llamó su atención: la revista canadiense Études françaises busca textos en francés de todo el mundo. Kourouma no dudó un instante y envió su manuscrito. Fue entonces en Canadá que su novela vio la luz del sol (otro sol que el de las independencias) en 1968, y no es hasta el año siguiente y tras su reconocido éxito que una editorial francesa decide publicarlo.

Justo cuando Costa de Marfil, Mali, Senegal y los países vecinos luchan por su independencia de los colonos franceses, emergen mitologías sobre el África previa a la invasión. Un sentimiento de repudio hacia lo extranjero así como una necesidad de enaltecer el valor de lo verdaderamente africano emerge en cada país, un cuadro que carece de colores podríamos decir, ya que nunca una oposición de ese tipo se ha averiado útil para el avance de ninguna nación. Les soleils des Indépendances es un relato casi mágico, como podría serlo Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez, pero pongo acento en el “casi” porque para quienes han viajado un poco en América Latina y se han acercado a los libros de historia ligados a nuestras diversas revoluciones, el universo de García Márquez pierde en magia y gana en realidad cosmológica latinoamericana. El personaje principal conoce el destino de su linaje, y lo sabe toda la familia; de la misma manera el retrato del África de Fama, personaje principal de la novela de Kourouma, se desenvuelve entre lo mítico y lo real. Entre la realidad mística de las comunidades, el lugar que ocupan los chamanes (por decirlo en nuestro idioma o marabout si queremos ser fieles con el relato) en la vida de ciertas personas y los conflictos políticos: la corrupción, los engaños y la lucha de poder.

Kourouma logra poner de manera mística una realidad punzante, es un grito de alerta y a la vez un relato sutil sobre la realidad detrás de los cambios políticos y administrativos en esta “nueva África”. Fama, actor principal y paradójicamente víctima del desastroso destino de su familia nos muestra el choque entre varios mundos: el religioso, el supersticioso y el colonial. Sin dar nombres da a entender los momentos a los que hace referencia y puede seguir haciendo referencia si lo seguimos leyendo. Denuncia sin señalar a los actores de las traiciones, las mentes detrás de las falsas historias, los manipuladores, en fin los exhibe sin realmente dibujarlos.

Escribe como piensa, escribe en malinké en su idioma natal pero con la forma del francés. Consigue hacer una fusión entre su pensamiento malinké y el francés, una fusión rica en nuevos elementos para el francés, algo mágico al nivel del idioma. Puede entenderse que la traducción de sus obras necesitan de un gran trabajo, puesto que se aborda un texto que podría, en un universo alterno, traducirse al francés de Francia.

¿Qué escritores son para ustedes autores de grandes mitologías, oráculos del destino que abordan la problemática de su mundo sin ahogar su pluma en el estilo periodístico? ¿Qué les inspiran?

chloe nava

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