Aprender a ser persona

“Para ser una persona, en el sentido más auténtico de la palabra, no basta nada más con existir. Hay que trabajar para construirse a uno mismo, para lo cual se requiere la valentía, el coraje y la radicalidad del amor, la pobreza, la libertad y la fe. “

Por Jesús Eduardo Vázquez

Twitter: @UnFilosofeta

Hace unos días, en clase de moral reflexionábamos sobre lo que implica ser persona, lo cual era necesario antes de abordar una propuesta ética específica, ya que del concepto de persona que se tenga (del ¿quién soy?), dependerá el actuar en la vida diaria (el ¿qué debo hacer?). Gaspar Mora es un teólogo catalán especialista en el tema de moral. En una de sus publicaciones –La vida cristiana. Teología moral fundamental– expone que la vida auténticamente humana consiste en, valga la redundancia, la vivencia de 4 actitudes como fundamentos de la propia existencia: el amor, la pobreza, la libertad y la fe. Aunque su propuesta es netamente teológica, considero que  también desde la perspectiva filosófica tiene mucho qué decir, por lo que no es una propuesta exclusiva para los cristianos.

Ser persona implica vivir en el amor y con amor. Es un hecho que todos los seres humanos vivimos inmersos en una sociedad, es algo inevitable, frente a lo cual el individuo tiene dos opciones: o aprende a existir así, potenciando las oportunidades que surgen al convivir con otros, o no lo hace, y entonces sufre constantemente la necesaria interdependencia. El amor se presenta como la actitud que permite mantener la adecuada armonía entre los individuos y la realidad que les rodea, porque bajo la mirada del amor es que la persona descubre el gran valor que tiene cada elemento de lo real para la propia vida; sin éste, el egoísmo se convierte en el único criterio relacional, trayendo consigo las diversas problemáticas propias de la egolatría. Pero también, es preciso considerar que para lograr vivir el amor se requiere vivir con amor, es decir, con la delicadeza del aprecio y disfrute de cada instante que acontece en la existencia.

Ser persona implica vivir la pobreza. En este sentido, ser pobre significa ser capaz de aceptar la intrínseca y natural contingencia: nadie es eterno, la vida es finita, en algún momento va a acabar. Nadie goza de un poder absoluto que le libre de cualquier peripecia, por lo que lo mejor es aceptar lo más seguro que se tiene, lo que sí sucederá en algún instante, dejando de lado todas las aspiraciones y apegos que con el transcurrir del tiempo se hayan obtenido. Vivir la pobreza es entender que no tenemos comprada la existencia y que en ésta hay cosas que son esenciales y otras que no; es concebir que en ningún bien material se puede cimentar la propia dignidad, porque ninguno superará la finitud que le caracteriza. Una persona apegada a las cosas atenta, tarde o temprano, contra las relaciones sociales y la armonía que de éstas emana.

Ser persona implica vivir en libertad. Son muchos los filósofos que han abordado el tema de la libertad; algunos niegan su existencia, otros la afirman, pero con ciertos matices. Ser libre es ser capaz de decidir autónomamente, asumiendo la responsabilidad que ello conlleva. Esto se entiende mejor haciendo el contraste con la esclavitud, la cual es aquella dependencia que impide que uno se desarrolle de la mejor manera posible. Un hombre libre no tiene ningún tipo de ataduras, lo que le permite ir en busca de su crecimiento, luchar arduamente por sus sueños y aspiraciones. Un hombre libre discierne qué es lo mejor para sí, y decide optar por ello con convicción, más no es aquél que hace lo que quiere sólo porque le da su regalada gana. Vivir la libertad requiere la valentía y el coraje de asumir la responsabilidad que se tiene frente a los acontecimientos de la historia.

Ser persona implica vivir la fe. Cabe mencionar que al hablar de fe lo estamos haciendo en el más puro sentido natural y no desde la perspectiva sobrenatural, sin señalar algún credo en específico. Hemos de entender por fe la confianza plena que tenemos en el otro, cuando somos capaces de encomendarnos a los demás. Vivir en la obsesión y arrogancia de ser autosuficientes es algo que no dura mucho, puesto que la vida, de múltiples maneras, se encarga de hacernos ver que requerimos de los otros, a pesar de que una y otra vez puedan defraudarnos.

Por lo tanto, para ser una persona, en el sentido más auténtico de la palabra, no basta nada más con existir. Hay que trabajar para construirse a uno mismo, para lo cual se requiere la valentía, el coraje y la radicalidad del amor, la pobreza, la libertad y la fe. Sólo así es que alguien puede ser considerado como un hombre o mujer en plenitud, sólo así el día en que nos enfrentemos a la muerte podremos levantar la frente en alto y decir que realmente fuimos personas…

jesus-eduardo_arrobaeudoxa

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