La galería del tiempo: Louvre-Lens

Por: Chloé Nava

Twitter: @MmeRoubaud

Las ciudades abandonadas llevan la existencia vergonzosa de quien ha sido despojado de su nombre, su imagen y su memoria por el tiempo. Un tercio de los comercios están cerrados, y los negocios que abren sólo atienden algunas horas al día y a la semana. Las calles, vacías, parecen tristes de no sentir los pasos de las personas correr en ella. La vida se escapa en cada avenida, cada camellón, cada salida, todo se convierte en un escape y, a pesar de todo, sobrevive.

Sobrevivir es una palabra terrible cuando se atribuye a una ciudad, sobre todo cuando ésta era reconocida por su fuerte actividad y dinamismo. Sobrevivir es garantizar el mínimo de los requerimientos para nuestra existencia, de manera que no podemos florecer si trabajamos por existir. Casi ninguna ciudad fantasma se repone de su declive; muchas de ellas se transforman, con la esperanza de volver a vivir, pero sin alcanzar a tener la misma grandeza. Otras simplemente dejan el tiempo y la historia pasar, dando a los habitantes y pasantes un mal sabor de boca.

Sin embargo, no siempre podemos quedarnos inmóviles ante una ciudad o región en declive. Nos gustaría rendirle homenaje de alguna manera, inyectarle la energía que solía tener aceptando el hecho que nunca podrá dedicarse a lo que hacía antes. Todo esto viene a cuento porque visité el Louvre de Lens, o simplemente: Louvre-Lens. Cuando un museo del tamaño y la reputación del Louvre se extiende fuera de París ponemos la mirada inmediatamente sobre la ciudad huésped. No sabemos qué esperar de ella, podría tener cualquier clase de atributos y para cada situación tendríamos una explicación plausible.

Lens es una antigua ciudad minera, las casas construidas en ella son un patrimonio, estrechas, de dos pisos, bien pegadas las unas a las otras y lo más importante: de ladrillo rojo. Nada describe mejor al norte de Francia que los ladrillos rojos, lo hacen bello a su forma, le dan un carácter propio que casi siempre va acompañado de un cielo gris tan bajo que a veces uno parece sofocarse. Y con todo eso se puede decir que Lens es bello. La última mina cerró hace 20 años, y aquello sobre lo cual se fundaba su crecimiento ha desaparecido, esta gran ciudad ya no tiene nada que ofrecer en Francia. O al menos eso se pensaba, así como Lille la gran ciudad del norte, Lens se encuentra en un eje europeo, es decir que es una ciudad francesa y a vez flamenca. Están en el territorio francés, pero no son sólo francesas, su manera de exteriorizar el arte y la cultura a veces se acerca más a la de los belgas. Vivir en el norte es tomar consciencia del universo neerlandés, de la francofonía, de la idea de región que traspasa toda frontera.

El proyecto del Louvre existe desde el año 2003, pero no fue hasta el 2012 que vio la luz del día. Varias ciudades del norte se encontraban en la lista de candidatos, pero Lens, con su antigua fama y posición estratégica tuvo el honor. Y para ser congruentes con la región, el Louvre-Lens no sería un museo convencional, de tipo parisino, ni un museo enciclopédico. No, este museo es interactivo, moderno, pluridisciplinario, destinado a las familias, invita al público a ser parte del museo dándole la oportunidad de conocer la simple importancia de su existencia.

2

Las obras expuestas van desde Rembrandt al antiguo Irán, todo en la misma sala, en orden cronológico: la sala se llama la galería del tiempo. Todo de cristal, el museo da una sensación de libertad, de amplitud de luminosidad que pone en valor cada una de las piezas exhibidas. El parque construido a su alrededor contribuye a esa sensación, los árboles, que esta época ostentas los colores del otoño dan una impresión de calor, aunque el aire sople y esté cercano a los 8º C. De las minas a la galería del tiempo hay una brecha aparente que la trasparencia de sus muros no tarda en borrar. Éste es el hogar legítimo de este otro Louvre.

Louvre Lens by Sanaa
Louvre Lens by Sanaa

Y con todo, la ciudad sigue siendo un fantasma; algunos restaurantes están activos, algunas tiendas abiertas, pero la gente no se ve en ninguna parte. Puede que le tome tiempo hacerse a la idea de ser un centro cultural y no ya un productor de carbón. Fuera del Louvre la ciudad parece dormirse sobre su antigua importancia, quién sabe cuándo retomará las riendas de su desarrollo. En todo caso vale la pena ir, sino es sólo por visitar el museo, para comer potjevleesch acompañado de papas fritas (platillo hecho a base de carne presentado en una gelatina) y una buena cerveza belga o francesa, según sea su gusto.

chloe nava

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s