Espiritualidad de facebook

 

“Necesitamos cuestionarnos más sobre nuestra espiritualidad, pensar sobre la condición humana y los males que nos aquejan y aprender que éstos se superan, no desde las condiciones externas (peleándonos con el sistema político-económico o rebelándonos ante las supuestas imposiciones de la sociedad), sino desde nosotros mismos.”

Por Mariana Talamante

Las redes sociales son una verdadera maravilla. Aunque muchos pesimistas consideren que son el gran mal de la sociedad actual, no pueden negar que gracias a esta invención tecnológica los seres humanos pueden encontrar un medio de expresión, comunicación y sobre todo de unión con los demás.

Es natural, pues, que un medio como éste se utilice no sólo para compartir las fotos del fin de semana, subir memes del presidente o discutir la guerra en Siria, sino también para tocar temas espirituales y de contenido puramente humano.

Me refiero a esas preguntan que todos nos hacemos sobre la vida y el sentido, sobre todo en esas altas horas de la noche cuando no encontramos el sueño. Y el interés por dichos temas se ve reflejado en la enorme cantidad de artículos que se comparten diariamente en nuestras redes sociales.

Encontramos preguntas de carácter profundamente existencial como: ¿Qué hacer con el vacío que siento en mi vida?, ¿cómo salir de la depresión sin terapia? o ¿por qué mi vida no tiene color? Y las respuestas que obtenemos en abundancia suelen ser listados de ideas superficiales o de lugares comunes del tipo: “10 cosas que debes hacer antes de cumplir los 30 años”, “25 formas de sacarte una sonrisa”, o “8 razones para no entrar en cólera cuando se está en el metro”. No digo los artículos con listados sean una mala manera de proponer ideas, al contrario, creo que es una forma bastante agradable y digerible de verlas. Pero lamentablemente, en la mayoría de los casos, estos artículos con contenido supuestamente espiritual sostienen una serie de consejos bastante egoístas para formar nuestra vida o para encontrar algún camino que resuelva nuestro pesar.

Constantemente se nos invita al individualismo, a no tener ataduras ni compromisos de ningún tipo o a “aprovechar” nuestra juventud para desenfrenarnos, porque después ya no vamos a poder. Y esto se nos dice a través de ideas simplistas o lugares comunes como “Sé auténtico, exprésate”, “Combate tus miedos y atrévete a seguir tus sueños”, “No te dejes definir por lo que piensen los demás”. Son frases que suenan bien de golpe, pero que al estar fuera de contexto y aisladas de una reflexión más profunda, terminan por proponer una felicidad banal, superflua y carente de sentido. ¿De qué sirve que nos digan que “seamos nosotros mismos” si no tenemos idea de quiénes somos –o de quiénes queremos ser? ¿Cómo vamos a alcanzar las metas y sueños que tenemos si no sabemos forjarnos antes en virtudes y carácter? ¿Para qué vamos a expresarnos si no tenemos nada importante o trascendente que decir?
Para no llegar a considerar dichos artículos como solución máxima de nuestros conflictos existenciales, necesitamos cuestionarnos más sobre nuestra espiritualidad, pensar sobre la condición humana y los males que nos aquejan y aprender que éstos se superan, no desde las condiciones externas (peleándonos con el sistema político-económico o rebelándonos ante las supuestas imposiciones de la sociedad), sino desde nosotros mismos, desde nuestras creencias, nuestros principios y la formación de nuestra personalidad. Debemos dejar de vernos frente a nuestra espiritualidad, para poder ver nuestra circunstancia espiritual dentro de nosotros.

Y una vez que nos hayamos cuestionado todo esto, tenemos que buscar respuestas en las propuestas serias que existen. Hay que perderle el miedo a responder los misterios del alma con un pensamiento religioso. Es muy triste como hoy en día está mal ser una persona religiosa, que se compromete con una creencia y con una forma de actuar –se les tacha de cerrados o irracionales-, pero eso sí es legítimo dirigir nuestra propia vida con base en frases cursis o mensajes motivacionales superficiales. Somos mucho más que esto. Les propongo dejar estos tabúes y estudiar seriamente las propuestas de las diferentes religiones que hay. Quizás podamos encontrar que hay una que concuerda con nuestra forma de ser y que es afín a nuestra formación intelectual y emocional.

Finalmente, el punto que quiero dejar claro es que hay que dejar de navegar en la superficialidad espiritual y tomar una postura clara y seria; ya sea que nos considerarnos católicos, cristianos, budistas, judíos o lo que mejor llene nuestro malestar del alma, necesitamos conocer a fondo y comprometernos con nuestras creencias para desarrollar una espiritualidad profunda, no sentirnos vacíos y aprender a ver la vida con una perspectiva que vaya más allá del facebook.

mariana_arrobaeudoxa

Un comentario en “Espiritualidad de facebook

  1. Muy bien por despertar el sentido de ser más analíticos e introspectivos y dejar la banalidad, egocentricidad y superficialidad (agregaría la frivolidad) pero ¿es necesario ser religioso para ser espiritual? Yo creo que no necesariamente.

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