Apasionados, exitosos y soberbios

“Somos jóvenes, somos cambiantes, rápidos, indecisos, curiosos, activos y decididos. ¡Bien por nosotros! Pero también somos una generación soberbia. Creemos que podemos alcanzar nuestros sueños solos.”

Por Natalia Kiehnle

Acabo de ver The Intern. Esa película dirigida por Nancy Meyers en donde Anne Hathaway interpreta a la directora de una empresa y Robert De Niro a un becario recién llegado. Y me dejó pensando en la importancia de la diversidad dentro de la empresa.

No, no me voy a meter en el conflicto de los roles de género y la difícil vida que enfrenta una mujer que dirige una compañía, estoy segura que ya hubo muchísimas y mejores escritoras que yo que cubrieron el tema. Tampoco quiero enfocarme en la importancia de hacer sentir importante a la gente mayor, existen libros y teorías acerca de ello y es un tema social de muchísima importancia para mí, pero no es el tema aquí.

Hoy en día en el medio laboral y empresarial predominan los temas de las “apps”, las “startups” y los “jóvenes emprendedores”. Es más, como juego, googleen “jóvenes empresarios exitosos” y por ahí saldrán varios top 100. Sus historias son entretenidas, inspiradoras y muchos incluso tienen libros o biografías por ahí.

No quiero demeritar los sueños de estos visionarios, pero, al leer sus vidas y estudiar sus ideas y propuestas, me da la impresión de que están dejando de lado un detalle mayor. Me refiero a la importancia de tener “adultos” en tu empresa.

Recientemente tuve el privilegio de visitar unas oficinas de ensueño, el lugar ideal para trabajar… si tienes menos de 40 años. Es un ambiente increíble, tiene muchísimas comodidades que, para alguien de mi edad, resultan maravillosas. Además, hay una increíble flexibilidad laboral y crecimiento profesional, pero no vi a nadie mayor. No recuerdo a nadie que tuviera más de 50 años. En el momento no me pareció extraño, es una empresa que se basa en el desarrollo de la tecnología y en estar a la vanguardia… y ¿entonces qué? ¿nos olvidamos de los casi 7 millones de habitantes mayores de 65 años de nuestro país?

Esta película plantea una opción que me pareció interesante: un programa de becarios mayores de 65 años. Es divertida e ingeniosa y da a entender que es una buena forma de “distraer” a adultos retirados. Mi siguiente pregunta y planteamiento sería, ¿por qué estamos obligando a personas a quienes les quedan aproximadamente 25 años más de vida a “retirarse”? ¡25 años! ¡Hay CEOs de esa edad!

Estamos desechando años y años de experiencia, conocimiento, paciencia, aprendizaje, estabilidad emocional, madurez, y un largo etcétera (sin mencionar sabiduría) porque “ya no son tan rápidos” o “no se adaptan fácilmente”, o tal vez cuestan más dinero que un joven de 30 años que hace ejercicio y come vegetales crudos.

Somos jóvenes, somos cambiantes, rápidos, indecisos, curiosos, activos y decididos. ¡Bien por nosotros! Pero también somos una generación soberbia. Creemos que podemos alcanzar nuestros sueños solos, que, sí, hay que tomar en cuenta la opinión de los “mayores”, pero confiar más en lo que nos aconsejen otros de nuestra edad, en lo que dice Google o Wikipedia o (¡ay, nanita!) en nuestra “intuición”…

Si de algo padece la generación del Milenio es de soberbia. Quisiera ver a un joven empresario consultar una decisión laboral con su abuelito. Nuestros padres lo hacían, ¿qué nos pasó?, ¿quién nos metió la idea de que podemos solos, que la inexperiencia y los tropiezos estrepitosos son más cool que la sabiduría y la deliberación?

No dudo de la capacidad de los jóvenes, para nada, pero contrastando ciertos modelos que aún funcionan con jerarquías en cuanto a edad (ciertos despachos de abogados, escuelas, universidades y hospitales o centros de investigación), donde el “senior” ocupa un papel de consultor, mentor, investigador o pensador y lo contrasto con las empresas 100% enfocadas a millennials (dinámicas, flexibles, coloridas y a la vanguardia), y me pregunto cuál predominará, cuál durará más tiempo y en cuál de las dos los empleados aprenderán verdaderamente lo que es trabajar en equipo y enfrentarse con opiniones diferentes.

Un ambiente verdaderamente retador y abierto a la innovación no es necesariamente el más nuevo y juvenil, sino, me parece, el más diverso. El verdadero crecimiento humano (y, por lo tanto, empresarial), se da cuando jóvenes y viejos trabajan juntos, cuando la frescura e ímpetu del joven se unen a la experiencia y sabiduría del maduro.

¿De qué nos sirve luchar por la inclusión, la diversidad y la igualdad si vamos a dejar de lado al único sector demográfico al que todos vamos a pertenecer en un futuro?

natalia-arrobaeudoxa

7 comentarios en “Apasionados, exitosos y soberbios

  1. No puedo eliminar la connotación negativa, aunque es cierto, el punto se sostiene aun sin mencionar los “errores” de nuestra generación o de qué “pie cojeamos”. Por supuesto es una generalización y debe haber ejemplos donde el defecto sea otro, pero me parece que para establecer un punto de opinión siempre es bueno tratar de encontrar el equilibrio, y hablar sólo de las ventajas de los “millennials” no sería lo más apropiado, sobretodo porque la cuestión de la soberbia no es algo que me inventé, sino ampliamente aceptado por diversos artículos, infografías y estudios de sociología ¿Exagerado? pue que, pero si algo podríamos aprender como generación es a ser más humildes y al menos escuchar el expertise de los baby boomers o de la generación x…

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  2. El tema desde un lado (los viejos) o del otro (los jóvenes) es considerar la edad como especial o tremendamente significativa para el ser humano y “clasificarnos” en generaciones y desde ese tubo no ver personas, ver solo a los iguales. Hay algo de la evolución en esto, la cohesión de los jóvenes grupos de caza del homo sapiens eran fundamentales para la supervivencia de cada uno y del grupo. La sociedad ha cambiado mucho, pero el prisma y la clasificación en generaciones parece permanecer a muchos efectos, el trabajo significativamente es uno de ellos.

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  3. Querida Natalia, tu post me dejó pensando varias cosas que aquí te comparto:

    1) No podría estar más de acuerdo contigo en que los emprendedores podemos aprovechar la perspectiva y la experiencia de alguien que nos lleva muchos años de ventaja en la vida. ¿Sabías que en Eudoxa tenemos un socio y al menos tres mentores mayores de 65 años? Ellos nos han brindado varios insights muy valiosos para nuestras decisiones estratégicas, el desarrollo de algunos productos y una que otra manera perspicaz de salir de problemas que, para ellos, ya son pan comido. Sin ellos, en definitiva, no estaríamos donde estamos hoy.

    2) Creo que sería muy interesante explorar otros modelos aparte de la tutela –como esa idea de los becarios– para involucrar a más personas mayores en el desarrollo de las empresas jóvenes, pero habría que ver si es algo que realmente vale la pena hacer… o en qué tipo de circunstancias convendría hacerlo. Tampoco sería justo pensar que cualquier persona, sólo por ser mayor de cierta edad, tiene algo valioso que aportarle a cualquier emprendimiento.

    3) Por último, aunque trataste de suavizarla, me parece que en este post nos muestras una perspectiva injusta sobre los millennials y su forma de hacer empresa. Creo que no presentas suficientes razones o evidencias para validar la hipótesis o justificar la acusación de que los millennials son –o somos, dependiendo de cómo entendamos los límites de esta generación– esencialmente soberbios. Podría haber mil razones, como la proliferación de la economía compartida, el crowdfunding, el crowdsourcing, la cocreación y la colaboración, para decir que los nuevos emprendedores son mucho mejores trabajando en equipo de lo que fueron los de las generaciones anteriores. También parece ser que los grupos de trabajo en las startups son mucho más diversos que nunca… Y ese asunto de que la juventud no escucha a sus mayores es tan antiguo como la historia misma – y definitivamente no tiene relación con esa curiosa práctica de comer vegetales crudos–. En fin, creo que tu punto principal en el post se sostiene a pesar de todo esto, pero no necesitábamos la perspectiva negativa para entenderlo. ¿Qué opinas?

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  4. Es porque ya no les importa lo que dice o piensa el otro. Llevamos por lema que lo mas importante es lo que yo sé (aunque no sepa nada) y creemos que hemos alcanzado suficiente madurez para velar por nosotros mismos mientras, irónicamente, seguimos en las faldas de nuestros padres. Generalmente no pediremos consejo para levantar un negocio, pediremos ayuda cuando el negocio acabe.

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    1. Permíteme estar en desacuerdo: me parece bastante incompleta e injusta esa perspectiva. Es verdad que vivimos en tiempos en que el individualismo radical cobra adeptos, pero también que hoy en día tenemos a mucha, muchísima gente buena, apasionada y entregada que sabe crear grandes equipos de trabajo, alcanzar éxitos impensables y mantener relaciones sanas con sus padres o mentores.

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      1. Uno podría argumentar que la bondad y la soberbia no son particularmente compatibles, siendo que la primera es usualmente asociada con lo que consideramos virtuoso o valioso y la segunda, con exactamente con lo contrario. Pero no nos metamos a discusiones bizantinas, el punto está hecho.

        ¡Saludos!

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