Contrata personas, no diplomas

“Uno puede ocupar un puesto como se ocupa una función en un mecanismo, o, si el ambiente lo propicia, como un verdadero agente creador dentro de un equipo.”

Por Chloé Nava

 

Para quienes no lo sepan, desde hace más de dos años abandoné la Ciudad de México para instalarme en el norte de Francia. Dejé lo que parecía anunciarse como una vida estable, un buen puesto y un salario competitivo. A cambio, gané claridad en mis ideas y en mi espíritu.

Con un diploma en filosofía y otro en letras, encontrar un empleo de comunicación no fue tarea fácil. Mi aparentemente extraño recorrido universitario dejaba perplejos a los reclutadores franceses y mi escasa experiencia en México no era garantía de mis capacidades. Fui testigo de diversos tipos de entrevistas: por mail, por correo, por teléfono y en persona. Me di cuenta que ese primer contacto con la empresa es muy importante para el futuro empleado, pues le da una idea de cómo será recibido y de su posible valor en ésta.

Mi mayor obstáculo eran los reclutadores que descartaban mi candidatura por mis diplomas. Otra dificultad, frecuente, era la de darme cuenta que la persona no había leído ni mi currículo ni mi carta de motivación. La entrevista pasaba de ser un posible intercambio agradable a un momento impersonal. Noté que la mayoría de las veces los estudios opacaban la experiencia; en Francia el reclutador se deja guiar más fácilmente por el recorrido escolar de la persona que por cualquier otra cosa. Pero la capacidad (o incapacidad) del entrevistador para ver en mi currículum y en mis motivaciones algo que pudiera ser de interés, me dejaba entrever a grandes rasgos la cultura y valores de la empresa para la que trabajaban. Esas entrevistas no sólo les servían a ellos para considerarme para un puesto, sino que también me ayudaban a mí a decidir si me interesaba o no trabajar ahí.

Uno puede ocupar un puesto como se ocupa una función en un mecanismo, o, si el ambiente lo propicia, como un verdadero agente creador dentro de un equipo.*

Los estudios son complementarios a la experiencia laboral y vital de alguien, no encasillan las capacidades de la persona, simplemente le dan una estructura y una base sobre la cual puede desarrollarse, pero no la determinan. Son varios los casos de personas que no trabajan en las áreas de expertise de sus carreras y eso no viene siempre de la dificultad para encontrar un empleo. Sucede, que una vez sobre el terreno, descubrimos nuevos placeres, valores, habilidades y atributos. La ventaja de una persona que se redescubre es que se impregna de una curiosidad renovada, de grandes ansias por aprender y por perfeccionarse. Cuando no se busca alguien que nada más “funcione”, este otro perfil, aparentemente “atípico”, puede resultar muy interesante y productivo.

Finalmente, la buena fortuna me puso en el camino de una fundación social (o quizás fue a la inversa…) en la cual encontré la estructura que podía acoger mi desarrollada e intempestiva curiosidad. En este lugar no sólo no dejo de aprender todos los días, sino que al tratarse de una estructura pequeña que creció sin ningún encargado de comunicación, el trabajo parece ser doble y la enseñanza mayor.

El encargado de comunicación (mi jefe) me confesó que necesitaba una persona que pudiera sentirse parte de un equipo, que se supiera perfectible, que pudiera construir un discurso coherente para dirigirse a sus colegas…, en fin, que no necesitaba obligatoriamente un egresado en comunicación. Y la fundación funciona así para la mayoría de los jóvenes que incorpora, busca gente autónoma con capacidades comprobadas en el puesto que va a ocupar pero al mismo tiempo que pueda hacer muestra de flexibilidad. Mucho depende de la misión, visión y cultura del organismo al que nos incorporamos.

Mi caso se suma al de millones que no parecemos encajar en las estructuras tradicionales. A veces elegirnos es una apuesta, pero he visto que las ganas reales de dar más de lo que se espera de nosotros, nos añade una cualidad.

Para terminar, reconozco que la carrera que elegimos en la universidad sí limita el tipo de puestos que podemos ocupar (yo nunca buscaré ser astronauta o abogada…) y también entiendo que reclutar y ser reclutado es un ejercicio difícil, costoso y agotador; pero al final, me parece que un sistema más abierto que apueste por la consideración de la persona como un ser complejo y no nada más como un cúmulo de datos y resultados de las instituciones educativas, puede generar grandes alianzas entre los trabajadores y las organizaciones.

chloe nava

*Para ahondar más en este tema, les recomiendo leer el post de Juan José Díaz “Empoderar a las personas, no a las funciones” publicado en este mismo blog.

 

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