Crear una empresa es crear una forma de vida

Por Emilia Kiehnle

Escribir es un reto creativo. Requiere mucha disciplina y concentración, sin embargo, el desafío es mayor en días como hoy, después de que pasé la noche abrazando a mi hija de tres meses atormentada por los cólicos y consolando a mi hijo de dos años que se despertó a causa de una pesadilla.

A veces pienso que ya debería estar acostumbrada a trabajar sin problema a pesar de que mi descanso sea pobre —o nulo— y de que paso gran parte de mi día lavando biberones, cambiando pañales, cantando canciones de cuna y platicando sobre el último capítulo de Pocoyó, pero no. Mi cuerpo no se ha acostumbrado y casi siempre me siento cansada.

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No lo cuento para quejarme ni para presumir mi determinación. Lo hago porque quiero ser sincera con quienes me preguntan cómo le hago para “hacerlo todo”: tener mi empresa, desarrollarme en lo profesional y no sacrificar mi vida familiar.  Mi obligación moral es responder: 1) no lo hago sola y 2) estoy exhausta.

Sí se puede, pero no es fácil. Esa imagen de la mujer en tacones y portafolio que camina segura por la vida y siempre tiene una sonrisa cálida para su esposo e hijos está alejada por completo de mi experiencia cotidiana. La realidad es menos glamorosa y más “despeinada”, como diría el escritor Goran Petrović.

Quiero hacer hincapié en que no lo hago sola. La vida que he elegido para mí no sería posible, por más esfuerzo de mi parte, sin toda la gente a mi alrededor que la soporta y la impulsa. No me refiero sólo a mis amigos y familiares, que por cariño o simpatía me apoyan en mis decisiones personales, sino a las personas con las que trabajo y con las que comparto una mentalidad que nos permite realizar nuestra visión compartida de la vida: centrada en las personas. En mi empresa creemos que la persona está en el centro del quehacer empresarial, pues todas sus actividades emergen desde las personas y existe para las personas.

En esta visión común, la crianza de los hijos es una tarea familiar. El rol del papá es tan significativo como el de la mamá. Mi esposo no “me ayuda” con los niños, ambos estamos involucrados a profundidad y compartimos —y nos repartimos— las tareas y responsabilidades de su cuidado y desarrollo conforme vamos pudiendo. No se trata de un “te toca a ti”, sino de un “ahorita yo puedo”.

Guardería de Eudoxa. Foto de Elizabeth G. Frías.

Según esta mentalidad, mi esposo tiene la misma libertad que yo de acomodar sus tiempos, salirse del trabajo e ir a la cita con el pediatra o sentarse a jugar con sus hijos un rato. La empresa tiene un lugar especial para que los niños puedan pasar tiempo con sus papás. No se trata de una “guardería” en donde se les cuida y entretiene en lo que los padres trabajan, es un lugar que les permite convivir con ellos en los tiempos que se pueda (o se requiera).

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En esta visión, la vida familiar se mezcla con la vida laboral: los eudoxos cocinamos y comemos juntos, sentamos a los niños a la mesa, platicamos y reímos, recogemos y lavamos los platos, nos cuidamos y ayudamos. Y todo esto no se aplica sólo para mí y mis decisiones de vida como mujer empresaria: es algo de lo que todos nos beneficiamos y para lo cual nos apoyamos.

Comedor en Eudoxa. Foto de Elizabeth G. Frías.

En ese sentido, Eudoxa es una empresa “rara”, pues se parece más a una casa —con cocina, comedor, salas comunes, cuarto de los niños, patio y jardín— que a un corporativo con oficinas individuales, cubículos y salas de junta. Así es como la hemos construido, porque es como queremos vivir. Estamos convencidos de que las empresas están para servir a las personas (y a sus familias) y no al revés, y ésta es la forma que hemos encontrado para llevar esa idea a la práctica.

¿Es la única forma? No. Hay muchos modelos y cada quien puede elegir y crear lo que le funcione. Lo importante es entender que al crear una empresa, también estamos creando una forma de vida. Y, al igual que el negocio, es algo que tenemos que cuidar día a día. Los sistemas por sí mismos no bastan para darnos los espacios y oportunidades que esperamos tener. Las guarderías y los comedores de empleados no solucionan la vida por sí mismos, necesitan existir en un contexto donde todos apuesten por la convivencia familiar en la empresa.

Entonces, respondo a la pregunta: yo puedo “hacer todo” porque he trabajado, a la par de otros, para construir un ambiente que me lo permita. Es cansado, difícil y caótico. También es divertido, alegre y me hace una mejor persona. Pero, lo más importante: es mi propia manera de hacerlo.

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Las invito a que, si quieren aventarse a la aventura de hacer empresa y a tener una familia, no se casen con un solo modelo. Tampoco crean la mentira de que es algo que tengan que lograr solas y con sus propias fuerzas para ser mujeres “liberadas” o para demostrarle algo al mundo. Desháganse de tantas telarañas mentales, atrévanse a probar, a pedir ayuda, a enamorar a otros de sus proyectos, a construir cosas nuevas y a compartir sus experiencias. Van a recibir críticas y comentarios que las harán dudar, la van a regar varias veces, y otros días van a estar tan cansadas y desesperadas que van a querer tirar la toalla. Pero, al final del día, estoy segura de que el mundo se verá enriquecido por aquello que ustedes tengan para ofrecerle.

Me encantará leer de sus logros. Y será un alivio saber que no soy la única mamá-mujer-empresaria que vive agotada, estresada, acompañada y feliz.

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