Lo fantástico es una puerta

Foto: Fernando Gimez. Inauguración de la muestra "CY Twombly" en el Guggenheim.
Foto: Fernando Gimez. Inauguración de la muestra “CY Twombly” en el Guggenheim.

“Lo fantástico es eso que se cuela entre lo verosímil de forma fugaz y que permite, brevemente, adivinar que hay algo más allá.”

Por Elizabeth G. Frías

Desde siempre, las dicotomías me han parecido exasperantes. ¿Blanco o negro?, ¿dulce o amargo?, ¿verdad o mentira? Ante un camino que ofrece solamente dos alternativas, muchos optamos por ignorar las direcciones ya señaladas e inaugurar una nueva. Y de pronto, la contradicción inicial se convierte casi en un simulacro: ¡hay tantas otras posibilidades! Con la tercera vía nace también el resto de los caminos posibles. Es ella la que da pie al juego de matices y combinaciones. Se dice que varios sistemas primitivos de numeración comenzaron con una designación triple: “uno, dos, muchos”. El tercer elemento es el que rompe con la dicotomía inicial y trae consigo una explosión de alternativas. Pero la tercera vía es una puerta cuya llave no siempre se encuentra a la mano.

Algo similar leí en una cita donde Cortázar equipara lo fantástico con el nacimiento de “una tercera frontera” que va más allá de la aparente contradicción entre realidad e irrealidad:

“Siempre he pensado que lo fantástico no aparece de una forma áspera y directa, ni es cortante, sino que más bien se presenta de una manera que podríamos llamar intersticial, que se desliza entre dos momentos o dos actos en el mecanismo binario típico de la razón humana a fin de permitirnos vislumbrar la posibilidad de una tercera frontera, de un tercer ojo, como tan significativamente aparece en ciertos textos orientales. Hay quien vive satisfecho en una dimensión binaria y prefiere pensar que lo fantástico no es más que una fabricación literaria; hay incluso escritores que sólo inventan temas fantásticos sin creer en modo alguno en ellos. En lo que a mí se refiere, lo que me ha sido dado inventar en este terreno siempre se ha realizado con una sensación de nostalgia, la nostalgia de no ser capaz de abrir por completo las puertas que en tantas ocasiones he visto abiertas de par en par durante unos pocos fugaces segundos.”

La idea me parece acertadísima. Lo fantástico es eso que se cuela entre lo verosímil de forma fugaz y que permite, brevemente, adivinar que hay algo más allá. Entre la solidez y la consistencia de los hechos que parecen indubitables, se adivina, a veces, un espacio, un reflejo, una puerta. Y hay una sed particular por eso que se vislumbra a través de ella. La sed de una tercera frontera.

Varias lecturas recientes me han ofrecido puertas semejantes. Recuerdo en especial un sitio descrito por Alessandro Baricco. Es el estudio de un autor que se dedica a “escribir retratos” que devuelven a los retratados a casa, a su lugar de origen. Es una gran bodega abandonada, en la que los rastros de humedad y de óxido han sido conservados cuidadosamente. Está inundada por un fondo sonoro “capaz de cambiar como la luz durante el día”, “un devenir que suspende el tiempo y simplemente rellena el vacío de un transcurrir carente de coordenadas.” 62 horas de música casi imperceptible. La luz, elegida con el mismo afán minucioso, es entre ámbar y azul, en 18 bombillas diseñadas para apagarse silenciosamente, una a una, al cabo de 760 horas. Los detalles que aquí menciono, por supuesto, no hacen justicia a la historia, pero no podría decirles más sin arruinarla. El libro es Mr. Gwyn, y es una puerta magnífica hacia lo fantástico.

Cy Twombly -Untitled 1992
Cy Twombly -Untitled 1992

Hace un par de meses me pareció haber encontrado una puerta semejante abierta, en efecto, de par en par. Era un díptico de Cy Twombly, Untitled 1992. En sus trazos la pintura es tan austera como esa enorme bodega abandonada al ruido de las tuberías; sus dimensiones son similares. El descuido parece deliberado; ambos creadores parecen evitar a toda costa cualquier superficie pulida, cualquier nota sin interferencias. Cy Twombly recurría, para conseguirlo, a estrategias como dibujar en la oscuridad. En la parte superior de la primera pintura, Cy Twombly parafrasea un fragmento de Rilke: “Outside, an amazing space, as the other side of AIR”.  En el sitio del TATE el curador Jeremy Lewison indica que Twombly sugiere con ello “la vastedad del universo más allá del aire que respiramos”. Más abajo, otra inscripción retoma a Baudelaire: “I have felt the wings of the wind of madness” (aquí el original, al final de la página). En la segunda pintura, Twombly agrega las palabras “Victory” y “The Conquistadores”, en el mismo vacío/torbellino. La pieza, que Lewison describe como “poderosa y sugestiva” evocaría la enormidad del cielo y el mar.  Por su parte, en Harper’s Magazine, Scott Horton interpreta el poema de Rilke (que vale la pena leer completo) como una apreciación trascendente y espiritual de la música. Explica que Rilke identifica la música con un portal, un vehículo para la suspensión o la extensión del tiempo. Aquellos que sepan escuchar podrán atravesar ese portal que extenderá su entendimiento del universo y que les permitirá acceder a un ámbito de percepción enriquecido. La música es ese portal que disuelve la barrera entre mundos.

Sin conocer esas interpretaciones, y con la sensibilidad tambaleante ya tras haber recorrido el resto de la exhibición de Cy Twombly, la pintura fue para mí una enorme puerta abierta que ejercía una atracción casi dolorosa. Las palabras de Rilke, “the other side of air”, sugieren en definitiva un algo “más allá”, un espacio intersticial, una tercera frontera. Fue como si algo tirara de un anzuelo que yo hubiera lanzado sin saberlo. La respuesta a una sed siempre presente, pero silenciosa y difícil de maniobrar. No sé cuánto tiempo me quedé mirando la puerta. No quería dejar que se cerrara. Al final tuve que desviar la mirada, claro. (Desviar la atención, desviar el pensamiento, no sólo la mirada.) Y eso que se alcanzaba a adivinar “al otro lado del aire” se volvió difuso, inasible. Pero estuvo allí.

Sé que esto podría parecer un completo desatino. Tal vez alcance a decirlo mejor en otra ocasión. Por lo pronto, encuentro ecos en esa tercera vía, en esa puerta abierta. ¿Ustedes han encontrado alguna semejante?

liz-arrobaeudoxa

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