Luchando contra el aburrimiento

Por Emilia Kiehnle

¿Alguna vez se han sentido terriblemente aburridos de su vida, de lo que hacen todos los días?

¿Sí? Claro, a todos nos ha pasado. Lo peor es que a veces no entendemos por qué.

Quizás tienen un trabajo que les gusta, una linda familia y una buena vida en general. Por supuesto, habrá problemas siempre, pero ninguno de ellos parece ser la causa del prolongado aburrimiento.

Yo misma experimenté hace poco uno de estos episodios horribles en donde sólo deseaba poder quedarme a evadir el mundo en mi camita. Y me desesperaba no encontrar una causa racional para mi desazón. En verdad tengo una muy buena vida: tengo una familia cariñosa, amigos, buena salud y un trabajo que me encanta. Y, sin embargo, un día todo esto no fue suficiente. Me sentía harta y cansada todo el tiempo.

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Después de hacer un alto y darme tiempo para pensar y analizar mi situación, llegué a la conclusión de que el aburrimiento crónico a veces no tiene nada que ver con tener un mal trabajo o con que algo en nuestra vida esté mal. A veces simplemente nos aburrimos de lo que hacemos todos los días porque se nos agota la creatividad, dejamos de sentirnos estimulados y caemos en la rutina, por lo que nos sentimos cansados física y mentalmente todo el tiempo.

Es mucho más común de lo que podríamos pensar, le pasa a todos. Y antes de auto-diagnosticarnos una profunda depresión y de empezar a pensar que estamos enfermos, hay cosas sencillas que podemos probar para romper el hastío y la rutina en la que de pronto nos encontramos inmersos.

A continuación les comparto algunas recomendaciones de cosas que he puesto en práctica en mi propia vida y que me han funcionado para combatir el aburrimiento.

Darnos un tiempo de ocio al día

Y con esto no me refiero a llegar como lo hacemos todos los días a nuestra casa a tirarnos a ver la televisión o a hacer lo que siempre hacemos para descansar. Me refiero a darnos un tiempo para de hecho hacer algo que nos guste y que nos distraiga de lo cotidiano.

Por ejemplo, a mí me gustan mucho las manualidades. Tengo un mueble con cajones llenos de papeles de diferentes colores y texturas, pinturas, pegamentos, listones… y no lo había tocado en meses. Es algo que me relaja y me distrae, y lo más importante: es algo que me hace salir de mí misma y de mis problemas, que me da perspectiva y que vuelve a prender mi creatividad y mis ganas de construir algo. Del mismo modo, cada quien puede encontrar su actividad: tocar música, escribir, dibujar, armar rompecabezas, cocinar… incluso puede que alguien decida meterse a alguna clase de algo o a algún grupo o club de algún tipo, quién sabe. El punto es que sea algo creativo y estimulante; algo que nos invite a crear cosas nuevas y que nos plantee nuevos retos.

Cuidar nuestro cuerpo

Es muy común que dentro del trajín del día a día descuidemos nuestra salud y nuestro bienestar físico. Y no me refiero a la cuestión de calcular nuestra dieta para comer puros alimentos súper sanos y nutritivos o a pasar dos horas en el gimnasio para que no nos vaya a subir la presión arterial. Me refiero sobre todo a apapacharnos físicamente, a darnos un tiempo para nosotros mismos en donde podamos estar tranquilos y disfrutar de algo agradable. Un buen baño relajante, un masajito en los pies, hacernos un facial casero… todas estas cosas pueden contribuir a romper la rutina y a hacernos sentir frescos y renovados.

Cuando tratamos a nuestro cuerpo como un simple instrumento para hacer otras cosas, termina por convertirse en un verdadero estorbo (todo te duele, te sientes cansado, no sientes fuerzas para hacer nada, etc.). Hay que recordar que también estamos hechos de materia y que si no le dedicamos un tiempo al disfrute de nuestro cuerpo no hay manera de que nos sintamos bien para hacer nuestro trabajo intelectual.

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Salir de la oficina/casa/lugar-donde-siempre-estamos

Pasar todo el día dentro de las mismas cuatro paredes ahoga. No importa qué tanto nos guste nuestro trabajo ni qué tan bueno sea el ambiente con nuestros colaboradores: la monotonía del espacio físico también puede encerrarnos en el aburrimiento de la rutina.

A veces no es tan fácil moverse de un lugar cuando hay que cumplir con un horario establecido o cuando el mismo espacio no nos da muchas opciones (no es lo mismo trabajar en una colonia en donde hay parques y banquetas amplias para caminar que a un lado de un eje vial), pero en esos momentos en los que nos sentimos cansados y con el cerebro seco y sin ideas, siempre podemos intentar darnos unos cinco o diez minutos en un espacio en donde podamos descansar del movimiento normal de trabajo. Si tenemos la opción de salir a la calle, a un patio o a un balcón a ver arbolitos o a la gente pasar, puede ayudar. Si no, a lo mejor podemos subir a la azotea a ver el cielo y el paisaje urbano desde las alturas. El punto es cambiar de perspectiva, como decía hace poco Elizabeth en uno de sus escritos. Unos minutos fuera de nuestras “cuatro paredes” pueden hacer maravillas por nuestra mente y nuestro ánimo.

Hacer algo bueno por otras personas

Puede ser algo tan sencillo como darle un regalo a alguien o sorprenderlo con una rica cena, hasta unirse a alguna asociación para ayudar a personas en alguna situación vulnerable. Darnos un tiempo para trabajar por la felicidad de otros es sumamente reconfortante. Nos da sentido y mucha satisfacción, pero, sobre todo, nos ayuda a salir de nosotros mismos y a darnos cuenta de que las demás personas también sufren y a veces se cansan de vivir su vida. Conocer los problemas de otras personas y ayudarlas a sentirse mejor nos ayuda también a nosotros a apreciar lo que tenemos y a sentirnos agradecidos.

Como podrán ver, son recomendaciones sencillas y muy personales. Quizás haya otras cosas que se puedan hacer o que funcionen mejor. Si ustedes tienen algunas ideas que quieran compartir conmigo, se los agradecería mucho. Por lo pronto, espero que este post les sea útil o, por lo menos, entretenido.

Emilia

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