Por sus palabras los conoceréis

palabras

Por Susana Kiehnle

Un día fui a una entrevista de trabajo. Era un puesto muy sencillo que consistía en tender camas y lavar platos en un crucero durante el verano. Un trabajo sin mayor dificultad, que no requiere de mucho pensar y consiste en repetir una acción sistemáticamente. Una tarea, a mi juicio, muy fácil. En la entrevista no tuve que resolver ningún problema matemático, ni usar mis conocimientos de cultura general. Tampoco tuve que responder a preguntas complicadas como: “¿Cuántos litros de pintura se necesitan para pintar todas las banquetas de la Ciudad de México?” Simplemente tuve que describir mi personalidad, platicar sobre los trabajos que he tenido y expresar las razones por las que quería ese trabajo.

“¿Cómo es Susana?”, estaba segura de haber entendido la pregunta. Aun así, me detuve unos segundos para repetir en mi cabeza lo que aquel hombre había formulado. Sí, entendí bien. Ok. Ahora empiezo con “Susana es” y me aviento una lista de cualidades, pensé. No sé cuánto tiempo pasó, pero probablemente más de dos minutos. Yo nada más había podido decir: “Susana es alegre y flexible”. Y, además, no estaba segura de que “flexible” fuera la palabra adecuada para expresar lo que quería. Buscaba y buscaba dentro de mi cabeza. Las palabras no aparecían. ¡Ya está!, me dije, y entonces lo solté: “Soy mexicana, alegre, divertida y flexible. También soy puntual”. ¡Uf!, estaba exhausta. Seguí con la siguiente pregunta.

Por fin, terminé. Todas mis respuestas fueron de dos o tres frases. Sujeto, verbo y predicado. Simple. Corto. ¡Qué frustración tan grande! Tan fácil que hubiera sido decir: “Soy responsable y comprometida. Me gusta experimentar cosas nuevas y hacer de mi trabajo una experiencia. Soy muy sociable y me encanta desenvolverme en ambientes multiculturales”. Pero no, no pude. Por supuesto, no me llevé el trabajo.

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Cabe mencionar que la entrevista había sido en noruego, un idioma que estoy aprendiendo y aún no domino.

Con esta experiencia aprendí algo nuevo: uno es más libre en la medida en la que conoce y usa más palabras. No existe, hasta el momento, un universo más amplio ni una forma más precisa para expresar nuestra percepción de la realidad que el lenguaje. ¡Qué creación tan perfecta y tan hermosa!, ¡qué gran ingenio del hombre! Las palabras nos dan el gran regalo de poder transmitir nuestra manera de experimentar y de experimentarnos en el mundo. El conocimiento del significado de las palabras y de las reglas gramaticales, más allá de formar parte del buen gusto, nos permite descubrir lo inimaginable y cruzar cualquier frontera. En esa entrevista, me sentí completamente amarrada. Sabía lo que quería decir, pero no contaba con las herramientas para hacerlo y, por lo tanto, di el mensaje equivocado. Mientras más palabras conocemos, más opciones tenemos para elegir cómo expresar lo que queremos. Como escribió Elizabeth G. Frías hace algún tiempo: “Elegimos una palabra antes que otra porque sentimos que corresponde mejor con lo que vivimos o pensamos. Pero también sucede lo contrario: la palabra elegida le da forma a nuestra experiencia y a nuestro pensamiento”.

Por eso hoy, engrandece tu mundo y toma un libro, lee un artículo, aprende una nueva palabra, sumérgete en una nueva cultura a través del aprendizaje de su lengua. Tanto decimos desear la libertad y esperamos que ésta escurra sin más, como un milagro desde el cielo.

Susana

Este post fue publicado originalmente en marzo de 2015.

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