El derecho de réplica de la arquitectura y el diseño

“We make our buildings and afterwards they make us. They regulate the course of our lives.” —Winston Churchill, 1924

Por Elizabeth G. Frías

En los últimos días he visto varios videos, textos y charlas acerca de los nuevos modelos de trabajo que cada vez son más frecuentes entre los jóvenes. Desde colectivos de creativos, blogueros y cazadores de tendencias hasta organizadores de proyectos financiados por la comunidad a través de plataformas digitales, las dinámicas de trabajo y producción se han vuelto más diversas y libres. Investigadores como Néstor García Canclini identifican en esta generación una tendencia al autoempleo y a la producción de sentido, no sólo de ganancias monetarias.

Uno de los ámbitos en los que esta transformación se verá reflejada —aunque lentamente— es en la configuración de los espacios de trabajo. Hasta ahora, las oficinas parecen seguir una fórmula estricta y repartida alrededor de casi todos los países: hay lobbies, mesas de recepción, salas de juntas, escritorios, computadoras, post-its y engrapadoras. La idea más simple sería pensar que las oficinas son así porque así las requerimos. Es decir, que nuestras necesidades le dan forma a esos espacios y utensilios. Sin embargo, también sucede de modo contrario: los espacios arquitectónicos y el diseño de los objetos que empleamos a diario determina nuestra conducta y nuestros hábitos.

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Oficina móvil de cartón corrugado, diseñada por Liddy Scheffknecht y Armin B. Wagner.

La arquitectura y el diseño expresan y mantienen la jerarquía en los lugares de trabajo mediante recursos como la escala y la opulencia, pero también mediante otros menos evidentes, como la visibilidad —el supervisor mantiene a la vista a los trabajadores, mientras ellos tienen poca privacidad—, la homogeneidad y los recursos disponibles a los usuarios —¿tienen acceso a ventanas? ¿pueden elegir distintos espacios de trabajo?—.

Quizá sea más sencillo entender cómo una configuración especial motiva una conducta determinada mediante un par de ejemplos. Uno sencillo es el salón de clases: la sillas se colocan de modo que la atención se concentre al frente, hacia el escritorio del profesor, que a menudo está sobre una plataforma. Si comparamos esa disposición de sillas, mesas y espacio con un comedor familiar —más acogedor y con jerarquías menos notorias— y con una sala de juntas ejecutiva —amplia, con una silla más grande para quien preside la junta colocada en la cabecera, probablemente con objetos que denoten la autoridad en las paredes y repisas— será más evidente la conducta esperada.

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Otros ejemplos son los vestíbulos amplios y con asientos que favorecen el encuentro con otras personas, las entradas monumentales que delimitan y destacan una propiedad, los pasillos estrechos en el metro que propician la circulación rápida, las construcciones de tamaño monumental que reflejan la importancia del sitio y motivan conductas respetuosas, como las iglesias. Ya hemos hablado antes de un ejemplo menos evidente: los supuestos que esconden las paredes en blanco en la mayor parte de las galerías y museos. Por otra parte, los diseñadores y arquitectos encontrarán útil estetoolkit descargable que profundiza en el tema de motivar conductas.

Oficina pública.

Una transformación sorprendente de los lugares de trabajo fue la traída por empresas como Google: oficinas que parecen parques de diversiones, con toboganes, espacios de juego y paredes coloridas. Sin embargo, concuerdo con Sam Jacob, director del estudio arquitectónico FAT, cuando dice que tales oficinas son “casi siniestras”: las jerarquías y las conductas guiadas siguen ahí, sólo que disfrazadas. Los colores y juegos no evitarán que los trabajadores sientan presión excesiva o tedio si las condiciones de trabajo no son las adecuadas. Además, un entorno tan recargado debe llegar a ser asfixiante después de un tiempo. No siempre favorece la libertad, sino que es un tipo de encasillamiento distinto. Jacob lo llama una “tiranía de la diversión”.

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Oficina de Google en Dublín, diseñada por Evolution Design. Foto de Peter Wurmli.

¿Qué tipologías de espacios de trabajo inventará nuestra generación? Si los nuevos modelos de trabajo requieren mayor movilidad, libertad y colaboración, los espacios físicos deberán reflejar esas necesidades. Ya existen, por ejemplo, los estudios compartidos y las prácticas de trabajo que extienden la oficina hasta los espacios públicos o incluso a las zonas naturales. Se trata de repensar el esquema de trabajo para diseñar la experiencia como un todo, no sólo el espacio o los artefactos, sin olvidar que ese ambiente tendrá un efecto recíproco en nuestras conductas y actitudes. El diseño y la arquitectura tienen derecho de réplica sobre nosotros.

Este post fue publicado originalmente en marzo de 2013.

 

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