El líder como un humilde director

Por: Juan José Díaz Enríquez

Mucho se ha escrito ya sobre los tipos de liderazgo y de jefes que hay en el mundo. Filas y filas de autores han chorreado tinta explicando las características que configuran a un buen líder y, después, otros tantos se dedican a refutarlos o a explicar por qué aquellos se equivocaron en sus hipótesis.

Sin embargo, en este texto intentaré hablar de una característica que, pienso, deben tener los líderes que estén dispuestos a construir un legado, y no sólo a conseguir metas de corto plazo.

En la monumental obra “Ser y tiempo”, el filósofo Martin Heidegger se da a la tarea de diferenciar entre los “entes” y el “ser”. Dicho rápido y mal, los entes son las cosas concretas que están dentro del mundo. Todo lo que sea, es un ente. En contraste, el “ser” es aquello que posibilita que en el mundo haya entes. El “ser” no es algo concreto, pues no es un ente: es la condición de posibilidad para que ocurran los entes.

Así, mientras que los entes son visibles y palpables, el ser se esconde, se escurre entre las manos y nunca puede ser atrapado. Permite que las cosas brillen, pero él nunca brilla; se escabulle frente a los ojos, pero deja su huella innegable: las cosas que existen, son.

Pues al igual que el “ser”, los líderes deben tener la capacidad de ocultarse, de escabullirse, mientras permiten que las “cosas concretas” brillen y sean disfrutadas. He aquí la justificación de la humildad en los jefes: son absolutamente necesarios para la existencia de las cosas, y requieren ser absolutamente humildes para permitir que ellas sean las protagonistas de la historia.

En este sentido, un jefe o un líder tiene la misma función que un director en el teatro o en una sala de conciertos. El director tiene la obligación de hacer que las cosas pasen: debe garantizar que la obra se represente del mejor modo posible. Pero nunca -nunca- debe brillar por encima de la representación misma.

Sobre esta capacidad para esconderse y dejar brillar lo verdaderamente importante hay grandes ejemplos. Para muestra, una bonetería:

El rey león, de Disney, versión de Julie Taymor.

Tico-Tico, de Zequinha de Abreu, versión de Daniel Baremboim

Mucho ruido y pocas nueces, de Shakespeare, versión de Josie Rourke

Two Motions in one Movement, de Samuel Zyman, versión de Santiago Piñeirúa

Así pues, los grandes directores saben esconderse detrás de su arte. La caricatura del director de orquesta estrafalario es la burla perfecta para el mal líder: aquél que con su enorme ego opaca a la música que debería estar ayudando a brillar.

Este post fue publicado originalmente en julio de 2013.

 

3 comentarios en “El líder como un humilde director

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