El principito… ¿era empresario?

Por: Ana Belén Díaz Enríquez

Cuando se lee el libro de Antoine de Saint- Exupéry se descubren aprendizajes para la vida en cada una de sus páginas. Sin embargo, entre sus líneas también encontramos grandes conocimientos empresariales.

 “Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas.”

Todo lo que vale la pena requiere trabajo. El pensar que una empresa nos va a dar rendimientos desde  el primer año de vida es un error, antes de lograrlo necesitaremos darle tiempo y recursos para consolidarla en el mercado. Darle una identidad, hacerla competitiva y lograr un crecimiento será sólo el resultado de un arduo trabajo de planeación y ejecución, pero al final habrá valido la pena.

 “¿Millones de qué?… Millones de esas pequeñas cosas que algunas veces se ven en el cielo”.

Tener una planeación estratégica nos marca el camino hacia nuestros objetivos. Debemos conocer qué es nuestra empresa y cuál es nuestra misión. Muchas empresas nacen sin una identidad o la pierden cuando el emprendedor ya no se ocupa del negocio, si no sabemos qué dirigimos, ¿cómo podemos saber cómo dirigirlo?

 “La autoridad se apoya antes que nada en la razón”.

Los directivos somos los responsables de dar órdenes razonables y realizables. Siempre tienen que ser claras, precisas y debemos asegurarnos que lleguen a la persona adecuada. La comunicación efectiva es fundamental para evitar malentendidos, pérdida de tiempo y de recursos.

 “Hay que pedir a cada uno lo que cada uno puede dar”.

Elegir a la persona idónea para cada puesto es la clave del éxito. Cada persona es un cúmulo de cualidades, habilidades, conocimientos y experiencias. Cuando nos damos el tiempo de conocer a nuestro personal, podemos aprovechar todo su potencial en beneficio de la empresa y lograr mejorar el desempeño de cada uno.

“Ese es el drama, que la consigna no ha cambiado. El planeta gira cada vez más de prisa…”

La empresa, como un ente vivo, está inmersa en una sociedad que cambia constantemente, y  para poder sobrevivir debe adecuarse a estos cambios. A muchos empresarios les da miedo evolucionar, creen que si hasta ese momento su empresa ha funcionado lo seguirá haciendo. Sin embargo, si la empresa no cambia, se estanca y se hará obsoleta. No hay que tener miedo al cambio mientras mantengamos nuestra identidad.

Para terminar, sólo les dejo una última frase que engloba el ser empresario.

“Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.”

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