El emprendimiento como vía de plenitud

Zaria Forman, artista neoyorquina crea paisajes glaciares hiperrealistas con los dedos.

Por: Jesús Eduardo Vázquez

Últimamente he estado reflexionando sobre la filosofía de Friedrich Nietzsche. Siempre he dicho que su forma de escribir es extraordinaria, por lo que, aunque esté dando de pedradas, uno es capaz de estar ahí, leyendo lo que escribió.

He traído en mente su Nihilismo y su concepción del ultrahombre, debido a que estoy dando un curso de teodicea (teología natural) y uno de moral, y en ambas perspectivas su pensamiento tiene ciertas consecuencias. Seguramente, de Nietzsche hemos oído la famosa frase que expresa que “Dios ha muerto”, si no en la escuela, por lo menos en los memes de internet; pero para sacar el máximo jugo de estas letras hay que considerar que no van solas, puesto que Dios no sólo ha muerto, sino que la causa de su deceso somos nosotros mismos; los seres humanos somos los que hemos matado a Dios: “Dios ha muerto y nosotros lo hemos matado” dice Nietzsche en La gaya ciencia.

Ante la muerte del ser significador de todo significado, es decir, del fundamento último de toda la realidad, el hombre tiene que buscar cómo sobrevivir; entonces es cuando Nietzsche postula el surgimiento del ultrahombre. Éste es aquél que está más allá de toda moral, aquél que ejerce lo más vital que puede ejercer la humanidad: el crear. Sólo el ultrahombre será capaz de dejar de lado la terrible tragedia de la pérdida del fundamento absoluto, porque él mismo es capaz de crear nuevos valores, que si bien no ocuparan el mismo lugar que el del difunto, por lo menos le situarán en un entorno con horizonte.

LEER MÁS: La importancia de distinguir la felicidad de la plenitud.

En el curso de Moral Fundamental hemos reflexionado acerca de lo que propiamente es lo humano, ya que para poder determinar los fundamentos de la moralidad, primero hemos de abordar la cuestión de la naturaleza. Muchas cuestiones surgieron, y de muchas maneras respondieron mis alumnos, pero hubo una que me llamó más la atención y que no pude sino conectarla con la filosofía nietzscheana: lo creativo es lo propiamente humano.

Cabe mencionar que el término creativo se está utilizando como derivado del crear. ¿Qué otro ser tiene la capacidad creativa del humano? Al parecer, ésta es una característica propia de nuestra naturaleza. Ahora bien, la filosofía medieval clásica nos expresa que la humanidad debe regirse conforme a su naturaleza, ya que así es como logrará su plenitud esencial; por lo tanto, si estamos expresando que el crear es exclusivo de lo humano, entonces para gozar de una vida plena tenemos que potenciar esa cualidad en el transcurso de nuestra existencia.

¿A qué quiero llegar con todo lo anterior? Para responder quiero compartir algo personal. Cuando mi familia apenas está conociendo a alguien que llevo a la casa, un amigo por ejemplo, siempre le cuentan anécdotas de mi infancia, y las que nunca faltan son las que hablan de mi hiperactividad emprendedora, puesto que desde pequeño siempre buscaba comenzar algo, ya sea un negocio de dulces, uno de jabones o un periodiquito, sólo por mencionar algunos. El día que se las platicaron a la familia de mi novia, mi suegra expresó: “ahora entiendo todo”, porque el pasar de los años no me ha quitado esa espinita de querer estar emprendiendo nuevas cosas, siempre quiero crear nuevas cosas, independientemente si son de negocios, de ocio o de utilidad.

He monitoreado los diversos blogs que existen de emprendimiento, buscando generar ideas para nuevos proyectos que quiero realizar y he visto una gran cantidad de personas que, al igual que yo, quieren innovar o comenzar algo. También me di cuenta que uno de los argumentos comunes para el emprendimiento es, según mi propia interpretación y palabras, el de la búsqueda de la ruptura con la monotonía que puede aprisionarnos y asfixiar nuestra vida.

La vida es corta, por lo que requiere aprovecharse al máximo. Si el crear es algo propiamente humano, si la plenitud se alcanza potenciando lo propiamente humano, y si, además, el crear es algo que puede sacarnos de la pérdida del sentido y dar un nuevo rumbo a nuestra vida, entonces es preciso considerar el emprendimiento –donde tenemos la libertad de crear cuanto se nos antoje– como algo esencialmente vital, porque es la vía que nos permite sentir la vida, ¡sentirnos vivos!, que debe potenciarse siempre y nunca dejar apagar si verdaderamente queremos experimentar la plenitud.

jesus-eduardo_arrobaeudoxa

Este post fue publicado originalmente en septiembre de 2015.

 

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