Plenitud humana como modelo político

Victoriano Izquierdo

“La política es algo que nos compete a todos. Nadie queda exento de ella, simple y sencillamente porque nadie queda exento de la convivencia social, de pertenecer a una institución o comunidad social.”

Por: Jesús Eduardo Vázquez

Hace unos días se ha publicado la nueva encíclica del Papa Francisco, Laudato si, de la que Chloé Nava ya nos ha hecho una buena síntesis y exhortación a su lectura. Al hacerla he comenzado una reflexión que se complementó con algunos de los temas que abordé con mis alumnos en estos días. Francisco expresa el pesar por el deterioro inhumano que hemos hecho a “nuestra casa común”, debido sobre todo al egoísmo característico del sistema económico y político que se vive hoy en día, el cual debe centrarse en lo esencial de su razón de ser, en la vida humana: “hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana” (Laudato si, 189). Pero para poder lograr esto de manera plena, requerimos de un cambio de paradigma respecto a lo que se considera progreso, puesto que hasta el momento, éste sólo ha beneficiado a unos cuántos y no a todos, es decir, si sólo algunos han “progresado”, ¿la humanidad lo ha hecho?

La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común. Mientras unos se desesperan sólo por el rédito económico y otros se obsesionan sólo por conservar o acrecentar el poder, lo que tenemos son guerras o acuerdos espurios donde lo que menos interesa a las dos partes es preservar el ambiente y cuidar a los más débiles” (Laudato si, 198).

LEER MÁS: Este mundo, nuestra casa común. 

En días pasados me ha tocado dar clases sobre la perspectiva de la condición humana presente en la filosofía griega clásica. Cuando abordamos a Aristóteles, en específico, su panorama sobre el Estado y su política, no pude más que relacionarlo con lo anterior. Para no expandirme demasiado en esto, he de decir sintéticamente que según este pensador, el Estado en plenitud será el que logre la plenitud de sus propios miembros, puesto que ellos son su propia razón de ser. Esto desató un debate sobre la situación de México, que luego nos llevó al resto del mundo y que culminó tratando el tema de la política ejercida en cualquier institución y/o sociedad: ¿cuál es la razón de ser de una familia, una nación, una empresa? ¿Hay política en cada una de ellas? Definitivamente, siempre y cuando se entienda en el sentido etimológico de la palabra.

La raíz fundamental de la política es la plenitud humana. Esto se comprende cuando se vislumbra la política como la forma en que se desarrolla una sociedad y no sólo cuando se le entiende como el gobierno de un estado. ¿Cuál es el fin más alto al que una sociedad puede tender? ¿Acaso no será que todos sus miembros crezcan integralmente? ¿Una sociedad que sólo vela por algunos de sus elementos puede ser considerada como una sociedad plena? No es difícil contestar esto último, ya que la realidad misma en la que habitualmente nos desenvolvemos, nos manifiesta la respuesta. ¿Qué pasa cuando en una familia sólo se presta atención y responsabilidad por sus miembros más grandes o por sus miembros más pequeños? O, ¿qué sucede cuando en una empresa, sólo importa generar ganancia y no dar un trato digno a los trabajadores? O, pensemos en una nación, ¿cuál es la situación que acontece cuando no se gobierna en beneficio de todos?

La política es algo que nos compete a todos. Nadie queda exento de ella, simple y sencillamente porque nadie queda exento de la convivencia social, de pertenecer a una institución o comunidad social. Además, es tiempo de entender y aceptar que si queremos desarrollarnos y crecer en plenitud, requerimos ir acompañados y no solos, puesto que de lo contrario nunca lograremos la cima más alta. ¿Por qué? Si tú creces y tu compañero no lo hace, ¿hay crecimiento en la humanidad? Toda política, todo forma de tratar los asuntos de la sociedad en la que estamos inmersos, debe regirse por normas convenientes a la dignidad de sus miembros, de todos y cada uno de ellos. Si queremos evitar la declive en la que estamos ésta es la única salida.

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