Einstein: la síntesis entre el riesgo y la creatividad

Por Natalie Despot

Seguramente has escuchado muchas hazañas de Albert Einstein, pero probablemente no sabías que:

  1. Él era un ávido marinero
  2. No sabía nadar

Datos interesantes que en el fondo tienen con una profunda conexión. Einstein, considerado el científico más importante del siglo XX, fue también un gran amante del riesgo. No sólo amaba navegar sin saber cómo nadar, sino que mientras navegaba tomaba riesgos altamente peligrosos e innecesarios. Está documentado que durante los años que veraneaba en Nassau Point (1937-1939), los residentes tuvieron que salvar repetidamente al científico después de que salía a navegar por aguas turbulentas. Se rumora que a veces se deleitaba llevando a la mar a científicos que entraban a su barco sin sospecha de que les esperaba un buen susto; Einstein los llevaba directamente a la tormenta por la pura diversión y reírse de las reacciones de sus colegas.

Hay una conexión profunda y significativa entre la creatividad y la asunción de riesgos, conexión que a menudo se pasa por alto.

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Para empezar, la creatividad requiere de mentes intrépidas, que se atreven a pensar e imaginar las situaciones de otra manera. No es una labor apta para los tímidos: el tiempo perdido, empañar la reputación y malgastar el dinero son algunos de los resultados de que el trabajo creativo no tuvo éxito…y, por supuesto, la creatividad frecuentemente no es eficaz.

Ilustración de Pablo Lobato.

Pero es parte del proceso. Los creativos fallan y los más buenos en esta labor, fracasan con frecuencia. Las personas que tienen los más brillantes logros creativos son también las que producen más. He aquí la diferencia: no es que tengan ideas creativas más buenas que el resto de nosotros, es que ellos tienen más de donde elegir y descartar. Así que para la creatividad no sólo se requiere coraje en las propias convicciones, se requiere una disposición a morir por esas convicciones, una y otra y otra vez.

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Pero hay un acoplamiento más fuerte aún y para observarlo hemos de tomar en cuenta lo que revela nuestro cerebro: desde una perspectiva neurológica, la creatividad es el producto de conexiones de extensas longitudes en el cerebro. Cuando se trata de resolver un problema de una manera creativa, el cerebro deja de lado la base de datos de conexiones más familiares, para extenderse a los vínculos más novedosos y a las conexiones más sutiles.

Y bien ¿cómo se puede aprender a pensar de esta manera? Una manera de empezar es asumiendo algunos riesgos en nuestra propia vida.

Cuando el cerebro detecta estímulos no familiares bajo condiciones de incertidumbre —especialmente cuando esa incertidumbre conlleva peligro— los instintos más básicos toman relevo. Como resultado, el sistema racional extrínseco del cerebro se aplaca en favor de la activación del sistema creativo intuitivo. En pocas palabras, en un esfuerzo por salvar la propia vida, los sistemas de patrones de reconocimiento inicia la búsqueda a través de cada posible base de datos para encontrar una solución.

El riesgo, por lo tanto, crea condiciones obligatorias para la innovación, las cuales entrenan al cerebro para pensar de maneras inusuales, es decir, entrena tu cerebro para ser más creativo.

Este post fue publicado originalmente en octubre de 2012.

 

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