Las virtudes del empresario socialmente responsable: 1) Prudencia

Por: Juan José Díaz Enríquez

En Eudoxa no tenemos un declaración de valores, sino de virtudes. Las virtudes, a diferencia de los valores -creencias buenas que comparte la gente, pero que, por sí mismas, no las mueven a actuar- son hábitos buenos, es decir, acciones que acostumbramos a realizar cotidianamente las personas que las poseemos.

Para nosotros las virtudes son “aquello que hace a su poseedor un bien en todos los ámbitos de su vida práctica” (Cf. Hursthouse, Rosalind, “Virtue Ethics”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy, Summer 2012 Edition). Y justo eso es lo que queremos de todos nuestros colaboradores: que sean cada vez mejores personas en todos los ámbitos de su vida.

¿De qué nos sirve que haya una persona súper eficiente si es un mal ciudadano? ¿Qué podría aportarnos alguien enfocado al resultado, pero que carece por completo de honestidad? De nada. En Eudoxa ponemos a las personas en el centro de nuestra gestión: por eso estamos comprometidos con su desarrollo integral, interior y exterior a la jornada laboral.

Más aún, estamos convencidos de que el desarrollo de personas virtuosas no es algo que debería distinguirnos como empresa. Quisiéramos que todas, absolutamente todas las empresas procuraran la virtud de sus personas. ¡Qué mundo tan diferente sería el nuestro!, ¿no les parece?

Pues bien, con esto en mente, es que me he propuesto ir comentando en los siguientes textos las virtudes que hemos identificado como centrales para Eudoxa. Me gustaría mucho recibir sus comentarios y enriquecer así nuestra reflexión y aplicación de las mismas.

La primera que he querido revisar es la Prudencia, pues pienso que en algún sentido es la madre de las demás virtudes. Un hombre prudente tiene la puerta abierta para desarrollar las virtudes restantes.

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En Eudoxa hemos definido la prudencia como “el hábito por el cual una persona se autogobierna y disciplina mediante el uso de la razón y, por lo tanto, puede elegir correctamente en los asuntos de su vida práctica”. Esto significa que el hombre prudente es dueño de sí mismo y no está supeditado al buen juicio de nadie pues, por sí mismo, sabe elegir lo bueno frente a lo malo, y lo mejor frente a lo bueno.

¿Qué implicación tiene esto para una persona en la empresa? Imagínense que todos los colaboradores de su trabajo pudieran elegir siempre lo mejor para sí mismos y lo mejor para el bien común. Todos construirían día a día la prosperidad que naturalmente persiguen como miembros de la empresa: serían una comunidad de personas orientadas a lo mejor para sí y para todos.

Cuando platico esto con colegas o clientes la primera reacción es una cara de incredulidad y de preocupación (“¡¿Éste zoquete idealista es mi consultor?!”). Pero cuando les explico que el problema no es la utopía, sino la ruta para alcanzarla el diálogo se vuelve más sencillo.

Por supuesto que nunca podremos tener una empresa donde todos trabajen por el bien común, nada más porque sí. El llegar a esta conclusión no es algo que pueda ser enseñado, sino que tiene que emerger de manera autónoma en la mente de cada uno de los colaboradores. Y sólo emerge cuando han alcanzado la prudencia.

Los antiguos filósofos de Grecia (Aristóteles, por ejemplo) llamaban phrónesis a la prudencia. La phrónesis era la cualidad que distinguía a los adultos de los niños y adolescentes. Un adulto, según este pensamiento, era el hombre capaz de escoger lo mejor para su vida en todos los ámbitos, no solamente en uno o dos, como les pasa a los niños. Los colaboradores que sólo ven por su bien particular, o por la fama de su departamento, son “niños” en este sentido, pues no han desarrollado la capacidad de ver por el mayor bien.

¿Cómo se forma la prudencia? Mediante la reflexión, el autoconocimiento y la obediencia. Por eso, en el desarrollo prudencial de sus colaboradores, las empresas deben impulsar tanto el respeto por las normas, políticas y procedimientos internos, como la habilidad de análisis y autodescubrimiento de cada colaborador.

¿Cuántos adultos prudentes trabajan hoy contigo? ¿Cómo podrías ayudar a tus colaboradores a decidir mejor en su vida?

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