Este mundo: nuestra casa común

Imagen de Mark Conlan

Por: Chloé Nava

Laudato si” es la encíclica del Papa Francisco, de la que seguramente escucharon algo a inicios del mes pasado. Y si desde entonces no les ha dado tiempo o curiosidad echarle un vistazo, éste puede ser el momento de interesarse por su contenido. Aunque no toca temas nuevos resulta importante ver que el Papa hace explícita su opinión sobre ellos. Hablo de la ecología, del respeto a la naturaleza, de tener una reflexión y una opinión sobre el rumbo que está tomando el hombre y hacia el cual está llevando al planeta.

La Tierra es nuestra casa común, compartimos un hogar y para que todos podamos vivir dignamente debemos mantener el conjunto de la casa limpia, repartirnos las tareas y saber hacernos cargo del propio desorden. Hay una idea de trabajo solidario en este discurso, un recordatorio de que los recursos naturales no son inagotables y que los desechos que producimos son reales y aterrizan necesariamente en algún lugar. Los daños colaterales de la extracción de materias primas, de la producción de carnes o vegetales afectan a personas y comunidades que de hecho existen.

La encíclica nos invita a pensar de manera solidaria y sustentable, si no es que nos urge a hacerlo. Critica el sistema de producción actual, la idea de crecimiento constante que lo acompaña, y la vorágine destructora que implica, el desequilibrio que conlleva y las inequidades que provoca. El crecimiento desmedido de ciertas industrias beneficia a algunos pero deja vulnerables a otros. El Papa hace un llamado a los empresarios y a los políticos de todo el mundo, los países desarrollados pueden trabajar en tecnologías que vayan en armonía con el crecimiento humano, pueden apoyar a países menos desarrollados a crear estrategias de extracción y producción más inteligentes y menos dañinas.

Este cambio implica una inversión económica y personal, no puede imponerse a través de leyes, reglas o tratados. Si cada persona, dentro de lo que le corresponde, actúa convencida de que sus acciones no le conciernen sólo a ella misma y reconoce su responsabilidad en los daños que padece la naturaleza, podemos tomar un nuevo camino. Pensar de manera diferente, consumir de otro modo, entender el éxito empresarial, político y económico de otra manera no significa renunciar a tener un buen estilo de vida o ciertos placeres. No significa que debemos abandonar las ciudades y optar por una vida austera en medio del bosque o de la selva, no significa renunciar a toda la tecnología que tenemos ni a todo el conocimiento, significa que debemos aprender a aplicarlo de otro modo, hacer un esfuerzo por ver las cosas desde otra perspectiva.

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La encíclica también cuestiona la globalización de la economía, y propone volver a prestar atención al comercio local. No se opone a su existencia, pero se opone a su monopolio (por así decirlo). En una economía global ciertos países están en cierto modo destinados a depender de la inversión extranjera. Cierto, esto puede suceder también en un país, pero la escala es menor, el daño puede ser revertido más fácilmente y la conciencia de las personas se puede despertar más rápidamente. Para ilustrar esta situación sólo debemos pensar en los que vivimos en ciudades desarrolladas, la basura y el agua que desechamos es transportada lo más lejos posible de nosotros, aterrizando en zonas pobres a los alrededores de la ciudad, donde normalmente nunca vamos. Si hubiera un cambio de conciencia y buscáramos darle mejor tratamiento tanto a la basura como al agua bastaría con tomar medidas nacionales: hacer campañas, crear programas, etc. Por otro lado, cuando escuchamos que gran parte de nuestros desechos terminan en el mar y que han llegado al punto de generar una isla de basura (compuesta de plástico principalmente) ¿quién se hace cargo de ello?

El Papa toca muchos temas sensibles, ataca, en parte la mentalidad de las grandes empresas y de las personas que como ellas ven al mundo como algo que les pertenece exclusivamente y que pueden explotar infinitamente. Jeb Bush, candidato a la presidencia de los Estados Unidos, anunció públicamente que a pesar de ser creyente y de respetar todo lo que sale del Vaticano, no podía hacer caso de la encíclica “Laudato si”, ya que religión y política deben tratarse de manera separada, es decir, el Papa se habría metido donde no le correspondía. Y si “Laudato si” es revolucionaria es por eso mismo, porque interpela a todo quien la lea, incomoda al decir una verdad que ninguna autoridad como el Papa había dicho o escrito antes. Considero que debe leerse y reflexionarse porque este mundo es nuestra única casa y la compartimos todos, porque debemos buscar preservar la dignidad de todos sus habitantes y atribuirle el respeto que se le debe, porque es nuestro único hogar.

chloe nava

Este post fue publicado originalmente en julio de 2015.

 

2 comentarios en “Este mundo: nuestra casa común

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