Recomendar un libro

Quint-Buchholz

Por: Ethel Robles

Si bien es cierto que los verdaderos amigos son pocos, tengo la gran fortuna de conocer a varias personas. Algunos comparten mi gusto por la música, varios por viajar, unos cuantos por los juegos de mesa y otros por los animales. Sin embargo, existe un pequeño grupo de ellos que comparten conmigo una enfermedad: el trastorno de identidad disociativo. Como muestra típica de este “mal”, podemos contener en nosotros múltiples personalidades con gustos específicos. A veces podemos llamarnos Felipe y buscar salvar a Aura del control de Consuelo; o ser miembros de la tribu de los Hombres de Hierba con la encomienda de salvar la tierra de Fantasía. Otro día podemos ser un triste notario londinense intrigado por un tal Señor Hyde; e incluso, nos convertimos en ocasiones en una dama rusa de corazón roto dirigiéndonos a las vías ferroviarias de Moscú.

Fue precisamente uno de estos compañeros crónicos –también conocidos como lectores– quien me contactó un día con una solicitud aparentemente sencilla:

“Hola, Ethel. Pronto: Debo viajar en un par de horas, es un viaje de unos dos días y necesito un buen libro. Recomiéndame algo, ¿sí?”

Recomendar un libro. Pareciera una empresa fácil y con frecuencia podría tomarse a la ligera: mencionas un par de títulos que recuerdas haber disfrutado sin mayor reflexión y esperas olvidarte del tema; sin embargo, conlleva una mayor responsabilidad de la que se asoma a la simple vista. El hecho de que alguien te tome en cuenta para compartir tus gustos literarios es un salto de fe, ya que confía en tu criterio al momento de calificar un libro como bueno.

Soy una persona convencida que lo que lees te forja como persona, pues tiene el poder de influir desde lo que sientes y piensas, hasta tu manera de actuar. Te permite ver tu contorno con ojos de niño, de viejo, de hombre, de mujer, de creatura fantástica, incluso de insecto (¿han leído La Metamorfosis de Franz Kafka?). Si bien es cierto que el leer no sustituye al vivir, sí te enaltece de maneras extraordinarias. Te llena de experiencias que no entrarían en una sola vida, por más aventurera que ésta fuera. Desde esa perspectiva, pedir una recomendación es, sin miedo a exagerar, un gesto de amistad, de hermandad, de intimidad. El otro invertirá sus ratos de esparcimiento, su mente y sus emociones en las letras que tú pusiste en sus manos y compartirá su tiempo con autores que tú le presentaste.

Hace unos días comentaba con un amigo que lo que disfrutas habla de tu persona. Tú eres en lo que quemas tu tiempo y la lectura no es la excepción. No solamente tú le aconsejas a alguien que lea una obra, sino que dicha obra también te recomienda a ti. Tomémonos un momento para reflexionar: ¿qué queremos que nuestros libros digan de nosotros?

Por cierto, ¿qué libro le recomendé a mi amigo?

Pues El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl, obviamente.

ethel_arrobaeudoxa (1)

3 comentarios en “Recomendar un libro

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