Poetas de traje y corbata

Natalie Capannelli

“Un empresario no es sólo un empresario. El empresario es ante todo —vale la pena resaltar lo obvio— un ser humano, y su historia personal y características específicas determinan su desempeño tanto como lo que aprendió, junto con todos, en el MBA.”

Por Patricia Garza

Cualquiera puede apropiarse de la cultura como le venga en gana. No lo digo despectivamente: gran parte de lo que ha hecho a las llamadas “grandes figuras de la civilización” grandes figuras, es su maleabilidad para dejarse aplicar en las más variadas formas y circunstancias.

En el caso del arte esta característica se reconoce, generalmente, como universalidad y uno de los creadores que más ha sido proclamado como poseedor de ella —y en el mayor de los grados— es William Shakespeare.  No es de sorprenderse entonces que recientemente una nueva ola de entusiastas haya reclamado al Bardo para sí, mostrando a sus obras y a sus personajes como ejemplos máximos de qué se debe y qué no se debe hacer en su gremio.

Este nuevo grupo de bardólatros es el de los empresarios.

En efecto, ahora incluso existe una famosa consultora en Washington D.C., Movers & Shakespearededicada a asesorar empresas por medio de las obras de Shakespeare. Cabe mencionar que es una consultora bastante exitosa, lo que  prueba la afirmación de que se puede lograr el éxito utilizando al prolífico y provechoso dramaturgo.

Movers & Shakespeare no es un evento aislado; la extensa literatura empresarial dedicada a entrar en esa misma materia nos dice mucho de qué tan difundido se ha vuelto el fenómeno. Entre algunos de los títulos podemos encontrar: Shakespeare On Management: Wise Business Counsel from the Bard; Say It Like Shakespeare: How to Give a Speech Like Hamlet, Persuade Like Henry V, and Other Secrets from the World’s Greatest Communicator;  Bard in charge: once more into the management breach? Take the lessons of Shakespeare with you; Shakespeare on Management; Power Plays: Shakespeare’s Lessons in Leadership and Management, y recientemente, escrito por un hispanohablante, Shakespeare y el desarrollo  del liderazgo.

¿Significará esto que Shakespeare, antes de ser poeta, actor y director era en el fondo un auténtico gurú de los negocios? Quizá sólo en el sentido de que consiguió hacerse de una fortuna bastante considerable y se convirtió en terrateniente…, pero no. Lo afirmo sin preocupación: las obras de Shakespeare definitivamente no están escritas con el propósito de hacer manuales de magement. Pero eso lo tienen claro hasta los mismos autores que escriben este tipo de libros.

¿Qué es lo que sucede entonces? Sabemos que las historias ficticias  han sido utilizadas para entender mejor la vida real. Las parábolas, las fábulas, los cuentos con moraleja están hechos con vistas a ese fin. Y algo hay de eso en este ánimo de usar historias y personajes ya muy inmersos en la tradición de una cultura (en nuestro caso, la cultura occidental moderna) para aprender cosas nuevas. Pero hay algo más: son muy pocos los tipos de carácter o circunstancias posibles que no hayan sido cubiertas por el dramaturgo, de modo que es muy sencillo encontrar las relaciones y evocarlo para hacer comprender mejor un punto sobre el trato con subalternos o la negociación con la competencia, lo cual confiere mucha autoridad a los expertos en leadership.

Sin embargo, de lo que hablan estos expertos no es de Shakespeare. Marjorie Garber,  experta en el Bardo (y en cultura popular) resume mejor que nadie qué sucede en la mayoría de los casos —o en todos— con este tipo de libros de auto-ayuda shakespeareana. En un apartado dedicado a Enrique V y a sus interpretaciones más  dirigidas a la práctica,  comenta:

“Esta clase de trabajo no es útil para iluminar, analizar o interpretar a Shakespeare. Utiliza a Shakespeare pero el uso no es comunicativo. No hay reciprocidad. Tomar tipos de problemas de las obras de Shakespeare y presentarlos como problemas morales, éticos o de decisión, los aplana en vez de sacar a la luz sus ambigüedades y contradicciones internas. El “Enrique V” de estos ejemplos es un constructo, un producto de un ejercicio en management, o de un curso de discursos motivacionales. (…)
El liderazgo no es una categoría literaria, intelectual o analítica. Es una palabra que se dirige a lo instrumental y que evita la ambigüedad en vez de buscarla. (…) “Enrique V” (así entendido) simplemente tiene un plan y ese plan es seguido con ganancia y para la ganancia”.

Es decir, en este tipo de ejercicios no se está estudiando a Shakepeare en tanto que Shakesperare. El dramaturgo es más bien el pretexto para transmitir  lo que realmente les interesa (toda la literatura secundaria presentada en estos libros es de guías de negocios, estudios y estadísticas empresariales, nunca literaria). Shakespeare se usa como se usa el saborizante de naranja en el jarabe para la tos o como se usa una cuchara en forma de avión para que el niño quiera comer. La verdadera sustancia activa, el alimento, es la teoría empresarial.

Esto no significa que las relaciones entre cultura y empresa estén siempre extrañadas, enrarecidas, o falseadas por esta dicotomía en apariencia irresoluble entre contemplación y práxis. Hay una forma concreta para que un empresario pueda sacarle provecho a Shakespeare: del mismo modo como cualquier persona que lee a Shakespeare lo hace.

LEER MÁS: El empresario Dudamel

Por ser literatura, los escritos de Shakespeare no son unívocos, sino que a cada quien le revelan cosas distintas. A un empresario no le dirán lo mismo que a un médico o a un abogado, y ese es el punto, pues los más grandes contadores de historias no son los que unifican la misma interpretación en todos, sino los que son capaces de hacer florecer la individualidad de cada persona que las lea. Hacer un Shakespeare para todos (para todos los empresarios) es hacer un Shakespeare para nadie (para ningún empresario en concreto).

Y es que un empresario no es sólo un empresario (al igual que Enrique V no es sólo un gran orador). El empresario es ante todo —vale la pena resaltar lo obvio— un ser humano, y su historia personal y características específicas determinan su desempeño tanto como lo que aprendió, junto con todos, en el MBA.

Por lo tanto, ponerse en contacto con historias que lo enfrenten a uno mismo lo enriquecen como persona y ¿quién más que el celebrado “inventor de lo humano” para adentrarse en ese tipo de aprendizaje? Éste repercutirá después en las acciones y decisiones que tome en su propia vida, incluida, por supuesto,  su vida como empresario.

Porque es sólo por medio de esta asimilación shakespereana —completa, sin rebajar en agua— que el directivo inquieto se sorprenderá a sí mismo un día en la sala de conferencias al darse cuenta de que la charla que acaba de dar ha sido digna de un discurso de Enrique V.

Este post fue publicado originalmente en marzo de 2014.

 

2 comentarios en “Poetas de traje y corbata

  1. Me parece muy interesante y extraordinaria la firma en que esta escrito el artículo. Concuerdo con Alberto en que debemos buscar mas autores que inspiren a los empresarios a volver hacia lo humano ya que, una de las conclusiones claras del artículo es que la literatura de grandes autores, como lo es Víctor Hugo, enriquece a la persona.

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  2. Difícil discutir las observaciones del artículo. Pero quizás enriquecerlas…

    ¿Se podría decir, entonces, que toda la literatura de calidad es igualmente valiosa para el empresario?

    Hay muchos autores recomendables para practicar la autoreflexión y enriquecimiento… ¿cuáles recomendarías tú (lector)?

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