Las virtudes del empresario socialmente responsable 2: Honestidad

Mark Manders

Por: Juan José Díaz Enríquez

Siguiendo con la serie que comencé en mi post anterior, reviso ahora otra virtud fundamental del empresario que desea ser socialmente responsable: la honestidad.

Esta virtud la enmarco dentro de lo que he llamado el “Paradigma de la Sinceridad”, que a grandes rasgos significa ponernos en la posición de interpretar desde la verdad y no desde la sospecha.

Este cambio de paradigma es importante para nosotros, empresarios del siglo XXI, porque hemos heredado de los grandes pensadores de los últimos años un gusto por la sospecha que no hoy es una barrera para relacionarnos sanamente con nuestros colegas, amigos, familiares, clientes y demás.

LEER MÁS: Las virtudes del empresario socialmente responsable:  1) Prudencia

La sospecha nos acompaña en todo momento: nos es mucho más fácil pensar que el proveedor intentará robarnos, o que el cliente quiere engañarnos cuando llega al módulo de servicio, o que toda la clase política sólo busca su beneficio personal, o que todas las grandes empresas son monstruos inhumanos dispuestos a exprimir nuestras carteras.

Este modo de pensar lo adquirimos históricamente tras la “decepción” que provocó la falta de certezas racionales a partir del siglo XIX. Después de la pretensión moderna e ilustrada de que la razón era la vía de la prosperidad y del desarrollo humano total, las preguntas de Nietzsche y sus secuaces, así como los horrores del siglo XX nos volvieron una sociedad desconfiada.

Si la razón no nos puede dar lo que la ilustración nos prometió, ¿en qué podemos confiar? La propuesta del Paradigma de la Sinceridad es que podemos confiar en el mundo. Nosotros, como humanos, no estamos alienados del mundo, sino que tenemos una facilidad especial para acceder a él y descubrir la verdad. El Paradigma de la Sinceridad es un paradigma de pensamiento realista: la realidad está ahí, en torno a nosotros, y podemos acceder a ella.

Esto es importante, por que si la realidad nos permite una relación con ella que nos dé información verdadera, entonces tenemos la posibilidad de una ética con base en dicha verdad. Y es aquí donde entra la honestidad.

En Eudoxa definimos la honestidad como el hábito por el que una persona busca la verdad y la expresa en su decir y actuar de manera coherente.

La honestidad es un hábito, porque es una acción repetitiva de las personas. No es algo que se nos dé automáticamente, ni un simple punto de referencia moral. No creo que la honestidad funcione sólo como una idea buena que sería adecuado perseguir. No. La honestidad sólo funciona conforme se practique día a día en las acciones más concretas de nuestra cotidianidad.

Además, es un hábito de búsqueda, y no tanto de posesión. En tanto que la realidad es accesible, la honestidad es el hábito por el cual los empresarios se ponen en disposición y camino de acceder a la realidad.

Esta búsqueda es indispensable para cualquier empresario. Sólo a partir de un conocimiento verdadero de la realidad puede comprender cuál es la vocación particular de su empresa. Si la realidad no nos diera información verdadera, ¿cómo podríamos contestar la pregunta radical de nuestra empresa? El para qué de cualquier organización estaría siempre oculto y siempre inaccesible.

Pero la búsqueda no se agota en sí misma. Una persona que busca sólo por buscar no encuentra nada. Es un necio que bien puede encontrar algo o bien puede perderlo y lo mismo dará al final. La búsqueda del empresario debe decantar en una expresión coherente de lo que vaya encontrando en su andar.

Esta expresión coherente es el ordenamiento entre el pensamiento, la palabra y el obrar de los empresarios. Honestidad, en este sentido, es el hábito de hacer lo que se dice, decir lo que se piensa y pensar la verdad.

El reto es grande, es verdad. No estamos acostumbrados a buscar ni aceptar la verdad; mucho menos a ponerla al servicio de la acción. Sin embargo, esta es la naturaleza de la verdad. Ella no existe para sí misma, sino que existe para la acción libre de los hombres.

Dicho lo anterior tenemos que afirmar que la responsabilidad social de las empresas, en tanto a la honestidad, es la capacidad que tienen de dar cuenta de la verdad tanto en sus discursos (reportes, informes, etcétera), como en sus acciones (inversiones, productos, servicios, etcétera).

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¿Puede una empresa ser honesta? Claro que sí. De hecho, debe serlo. Aquí no se trata de si la honestidad es rentable o no: hay empresas que crecen a pesar de ser asquerosamente deshonestas. Incluso cuando el mercado castiga la deshonestidad (pienso en el caso Wal-Mart), la empresa puede salir avante.

Lo que importa es: sin la virtud de la honestidad, las empresas nunca pueden dar cuenta de la verdad que persiguen y, por lo tanto, nunca podrán ser responsables de su primera y más originaria responsabilidad: la solución a la pregunta radical de “¿Para qué [ingrese aquí el nombre de cualquier empresa] en el mundo?”

De la mano de la honestidad se da la confianza. Pero esa es la virtud que trabajaré la siguiente semana.

Este post fue publicado originalmente en abril de 2012.

 

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