Los sonidos del entorno

Fotografía de Oleg Oprisco

“Los seres humanos tenemos la grave responsabilidad de preservar no sólo nuestro medio natural, sino de conformar el paisaje sonoro que deseamos tener.”

Por: Gabriel Pliego

Vivimos en un planeta extraordinario. Basta con pensar en la incalculable diversidad de flora y fauna que se hospeda en nuestro paisaje mexicano: desde las ballenas del Mar de Cortés hasta las más de sesenta especies de mágicos colibríes; el agave azul –con su producción tequilera– y las bugambilias que cubren nuestras ancestrales paredes; las tundras alpinas del Pico de Orizaba, las profundas Barrancas del Cobre y las infinitas playas del Caribe. Es un mundo sorprendentemente variado y hermoso.

Toda esta extraordinaria complejidad natural, de alguna manera, está unida por un fenómeno transparente e impalpable que constantemente nos acompaña: el sonido. Los bosques, la selva y el mar tienen su sonido propio; cada ciudad “suena” diferente. No es lo mismo el paisaje sonoro del Zócalo de la Ciudad de México –con los concheros en sus danzas rituales, la voz del merolico y el silbido del globero–, que el sonido festivo y tecnológico de Time Square en Nueva York, o el de la quena y la zampoña del centro de Cusco en Perú.

Pensemos con qué percepción sonora crece un niño en una ciudad industrializada y sobrepoblada, y cómo puede llegar a afectarse su capacidad auditiva –con posibles consecuencias psicológicas–, en comparación con otro que habita en el campo.

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Es muy oportuno preguntarnos, junto a Murray Schafer –compositor, pedagogo y ambientalista musical y uno de los invitados estelares al 9º FICUP–: “¿Los paisajes sonoros del mundo son una composición indeterminada sobre la que no tenemos control, o nosotros somos sus compositores e intérpretes, responsables de darle forma y belleza?”

Los seres humanos tenemos la grave responsabilidad de preservar no sólo nuestro medio natural, sino de conformar el paisaje sonoro que deseamos tener. Está en nosotros crear una orquestación sonora del mundo que sea acorde a la sociedad en la que queremos vivir, caracterizada por la justicia, la igualdad y la paz.

La Estación de Porto-São Bento

Bajo esta perspectiva, es fundamental recordar que los seres humanos somos, además de los responsables, los beneficiarios centrales de los ambientes ecológicos y sonoros saludables.

Muy acertadamente Nezahualcóyotl, el rey-poeta, en un poema que tradicionalmente se le atribuye, afirma: “Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces; amo el color del jade y el enervante perfume de las flores, pero amo más a mi hermano: el hombre.”

Es necesario reflexionar sobre la capacidad que tenemos para aportar, por medio de la creación y enseñanza musical, a la configuración de un paisaje sonoro más humano, bello y esperanzador.

Que tengan una semana inolvidable; llena de aprendizajes, trabajo y sonidos del entorno. ¡Llenemos al mundo de música!

gabriel-arrobaeudoxa

Este post fue publicado originalmente en marzo de 2014.

 

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