Directores

“La labor de un director de orquesta no es muy distinta a la de un empresario, quien coordina todas las funciones de su personal para que el sistema de trabajo funcione a la perfección.” 

Por: Santiago Piñeirúa

A la memoria del Maestro Claudio Abbado

El trabajo de un director de orquesta puede no siempre ser entendido entre la gente que no ha estudiado música pues a veces tiene mucho sentido pensar que la persona que está parada en frente de la orquesta, siendo el único que no está tocando ningún instrumento y que solamente mueve su batuta de arriba a abajo o de derecha a izquierda, y que encima sea el que más dinero gana, sea un fraude.

¿Por qué, entonces, los músicos profesionales alabamos de manera muy especial el trabajo de los grandes directores de orquesta? ¿Qué es lo que hacen, parados allá arriba, muchos de ellos aparentemente inalcanzables, para que todo el conjunto de músicos funcione correctamente luciendo un resultado final?

La labor de un director de orquesta no es muy distinta a la de un empresario, quien coordina todas las funciones de su personal para que el sistema de trabajo funcione a la perfección. El director de empresa, innova, propone, crea, concilia, coordina, y trabaja para que sea el resultado final el que salga a relucir, un resultado que es producto de las capacidades individuales de cada integrante del personal conciliadas en un trabajo en equipo. El director de empresa, pues, debe rodearse de gente capaz y trabajadora en la que pueda delegar funciones que le correspondan desempeñando labores que le permitan lucir sus talentos individuales para que, al empatarlos con sus compañeros, se logre el resultado final.

El director de orquesta debe hacer exactamente lo mismo. Ahora bien, para poder entender al director de orquesta es necesario entender la naturaleza de su trabajo y del producto final que desea fabricar. Como ustedes saben, queridos lectores, la música es dinámica, lo cual quiere decir que debe ser creada (es decir, interpretada) en un lapso específico, a diferencia de una pintura, por ejemplo, que queda plasmada en un lienzo. Durante ese lapso deben hacerse muchos cambios en sonido, ritmo, volumen, articulación y demás elementos musicales, en tiempos muy específicos que hacen que la pieza viva.

Para hacer funcionar una obra musical que involucra a muchos músicos, es necesario tener un director que unifique esos elementos determinados en favor del resultado final.

LEER MÁS: El líder como un humilde director.

Existen dos momentos en los que el director debe trabajar esto con la orquesta (sin tomar en cuenta el estudio individual previo). El primero es el ensayo, tiempo en el que el director puede hablar con los músicos y explicar qué es lo que necesita de ellos para mejorar el nivel de la obra.

El segundo es el concierto. Este último no puede existir sin el primero, ya que es el momento en el que se puede hacer más arte, pues la atmósfera creada en un concierto debe dar lugar a la espontaneidad de los artistas y sólo puede ser alcanzada con la preparación del ensayo. ¿Entonces por qué es necesario que el director esté presente en el concierto? El director es el principal eje sobre el cual el músico puede ser espontáneo en el concierto sin salirse del conjunto. El director señala esos parámetros y logra hacer sonar la orquesta como una unidad. Esta unidad es necesaria y cada vez más exigente conforme el paso de la historia de la música.

Quisiera mostrarles algunos videos para que sepan exactamente a lo que me refiero.

El legendario Herbert von Karajan ensaya con la Orquesta Filarmónica de Viena, llena de enormes músicos en preparación para la grabación de un disco. Yo les pregunto: ¿en qué momentos de este video pueden apreciar al director tratando de lograr la unión entre los músicos? Como intérpretes de sus instrumentos probablemente no tenga mucho que enseñarles, pero como orquesta aquí está la prueba.

En los primeros minutos de esta entrevista el gran Sergiu Celibidache habla sobre la unidad en la orquesta. Esta interesantísima entrevista es un ejemplo del nivel de comprensión artística y filosófica que debe tener un director de su calibre para poder hacer que la orquesta suene distinto bajo su dirección que bajo la dirección de otra persona.

En este video se ve a Gustavo Dudamel trabajando con la orquesta para un concierto. En el minuto 2:56 habla sobre la libertad que necesitan los músicos para interpretar una obra.

El gran Daniel Barenboim, a modo de juego, bromea con el público al dirigir la Marcha Radetzky de Johann Strauss. Aquí se aprecia (aunque burdamente) la capacidad comunicativa que debe tener un director para que le entiendan intenciones espontáneas durante un concierto (a diferencia de un ensayo). Observen cómo arranca el entusiasmo y el sonido de las palmas del público sólo con usar un gesto (min. 1:20). Ahora bien, si creen que es un payaso que sólo cobra por actuar, aquí les dejo un video que los convencerá de lo contrario. Recordemos que los grandes directores primero fueron instrumentistas. Estos grandes directores son grandes intérpretes también, pues han logrado salir de sus cuerpos para entender la música desde afuera y no desde la mecánica de su instrumento.

Por último quiero dejarles un video del gran Claudio Abbado, quien murió recientemente. La naturalidad y expresividad con la que dirige la orquesta se nota directamente en la música y en el placentero sentido de libertad que ha logrado imprimir a sus músicos.


 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s