Seamos exigentes

Ilustración de Ben Wiseman

 

“La exigencia no se traduce en obsesión por el perfeccionismo, ni en malos tratos o falta de humanidad: se trata de pedirle a las personas que den lo mejor de sí mismas y que se esfuercen por superar sus límites.”

Por: Emilia Kiehnle

“Si encomiendas a un hombre más de lo que puede hacer lo hará. Si solamente le encomiendas lo que puede hacer, no hará nada.” Rudyard Kipling

Para mí tener una actitud de exigencia conmigo misma siempre ha sido algo muy normal, pues la viví desde muy temprana edad. Sin embargo, he notado que hoy en día la exigencia tiene mala fama, y a muchas personas les parece algo malo. La gente a mi alrededor suele escandalizarse cuando cuento anécdotas de mi infancia en donde mis papás se mostraron exigentes conmigo, como aquella en la que mi papá me enseñó a tender mi cama: yo tenía siete años y obviamente no alcanzaba los extremos, ni tenía la fuerza para cargar el colchón y meter las sábanas. Aún así, mi papá me fue enseñando técnicas para poder hacerlo todo bien, a pesar de las limitaciones de mi edad. Me hizo repetirlo varias veces hasta que me quedó derechita y sin ninguna arruga, y a partir de ese día iba a mi cuarto a ver cómo estaba mi cama, y si le parecía que la había tendido mal o al aventón, me hacía repetirlo todo otra vez. Y así era con todo: con el orden y cuidado de mis cosas, con mi tarea de la escuela, con mi forma de hablar y tratar con los demás y hasta con mi arreglo personal.

“Pobre de ti, tus papás eran unos tiranos”, me han llegado a decir. Pero la verdad es que no es así; mis papás fueron siempre cálidos y comprensivos conmigo. Por supuesto, no eran perfectos y mi educación seguramente tuvo varios defectos, y yo tampoco era perfecta y no siempre hice bien las cosas que me pedían, pero en general yo no recuerdo haber sido restringida ni oprimida de ninguna manera, pues también se me impulsó a jugar, a explotar mi creatividad y a divertirme.

Me parece que la exigencia tiene esta cara negativa porque se le ha identificado con la intransigencia, pero no son la misma cosa. Por curiosidad y para comprobar mi teoría, antes de escribir este texto, googleé “exigente” y me puse a leer todos los artículos que aparecieron en la primera página del buscador. No encontré uno solo en donde se hablara bien de la exigencia, más bien me topé con varios argumentos en contra que se repetían a lo largo de los diferentes textos. En la mayoría se recomendaba no ser exigentes ni con uno mismo ni con los demás, porque no es algo positivo. Leí frases como: “la perfección no existe, por lo tanto buscar ser perfectos no nos traerá más que insatisfacción permanente”; “aprende a quererte y a respetarte a ti mismo tal como eres” y “no exijas a los demás más de lo que pueden dar, entiende que todos tenemos limitaciones”.

LEER MÁS: Vence tu status quo. 

Creo que estas frases son verdad: la perfección como tal no existe, todos somos limitados y hay que ser respetuosos de nuestras capacidades y de las de los demás. Es cierto que ser excesivamente exigentes nos lleva a la insatisfacción y al estrés constante. Sin embargo, también es importante resaltar que no toda exigencia es excesiva; también existe una actitud exigente moderada que de hecho es necesaria para no caer en la insatisfacción.

Aceptarnos como somos está bien, pero eso no significa dejar de reconocer que siempre podemos mejorar. Nadie es perfecto, pero todos somos perfectibles: es decir, está en nuestra naturaleza crecer y tender hacia lo mejor, y eso cuesta trabajo y disciplina. Por eso, si no aprendemos a exigirnos, nos va a ser mucho más difícil alcanzar nuestros objetivos.

Jim Ballentine, trabajador y representante de Google que se dedica a dar a conocer la forma de trabajo e innovación de esta empresa, valora mucho el efecto positivo que provoca la sana exigencia dentro de un equipo. Hace un par de años tuve la oportunidad de escucharlo hablar en un evento y recuerdo claramente que insistía mucho en mantener una “vara alta” con uno mismo y con los colaboradores. Ser condescendientes con nosotros mismos o con los demás no sirve y no nos ayuda a mejorar.

La exigencia no se traduce en obsesión por el perfeccionismo, ni en malos tratos o falta de humanidad: se trata de pedirle a las personas que den lo mejor de sí mismas y que se esfuercen por superar sus límites. Se puede ser exigente y comprensivo al mismo tiempo, no son cosas contradictorias. Como todo en esta vida, la línea que separa la exigencia de la intransigencia y la comprensión de la condescendencia es una cuestión de prudencia, de analizar las circunstancias y tomar la mejor decisión posible.

Está bien saber que siempre podemos dar más: eso no significa que lo que ya damos deba ser minusvalorado o despreciado. Hay que darse el tiempo para disfrutar las victorias y reconocer los méritos, y también hay momentos para ser críticos y pensar qué pudo haber salido mejor.

No basta con intentarlo; hay que dar lo mejor de nosotros mismos, y para eso tenemos que apuntar de hecho a lo mejor, no a lo “suficiente”. De otro modo, las cosas que logremos se van a quedar en buenos intentos, pero nunca en algo realmente valioso.

Nadie nace estando completo: todos tenemos que ir aprendiendo y perfeccionándonos a lo largo de nuestra vida, y eso requiere de trabajo constante. Seamos exigentes, seamos la mejor persona que podemos ser.

Emilia

Un comentario en “Seamos exigentes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s