Enfrentando un cambio de era

“El hábito a formar es el del pensamiento crítico, que es capaz de enfrentar los paradigmas cambiantes del entorno, pero también de cuestionar y actualizar los personales.”

Por Alberto De Legarreta

Vivimos en tiempos sumamente estimulantes, llenos de sorpresas y, simultáneamente, de desafíos.

Pareciera que vivimos en una época en la que el desafío a los paradigmas, predicado a los cuatro vientos en todo tipo de maneras, es el camino obvio a seguir; una época de cambios rápidos, numerosos, de desarrollo acelerado y urgencia permanente. Tanto cambio nos ha traído muchas y muy grandes innovaciones en nuestro estilo de vida, pero también nos ha exigido una rápida adaptación. Piensen la facilidad con la que nos hemos acostumbrado a ver smartphones en todos lados, cuando hace menos de una década seguían siendo un artefacto impensable (¡cosa de ciencia ficción, eso de las videollamadas!) para muchos de nosotros. Piensen también en cuántos nos quejamos por las complicaciones sociales que estar pegados al teléfono todo el día causa…

Se ha dicho que la cantidad enorme de cambios que hemos vivido en los últimos años se debe a que en realidad experimentamos sólo uno: un cambio de era. No es que un puñado de innovadores estén alterando el curso de la historia, sino que este curso ha cambiado ya y todo lo que hacemos es tratar de sobrevivir a esta gran ola de transición.

Se ha dicho también que el ser humano es el único de todos los animales que, en vez de adaptarse a su medio, lo transforma a su beneficio. Pero está claro que muchos de los cambios que sufrimos hoy en día nos afectan sorpresivamente —por eso, por ejemplo, las principales economías del mundo sufren recesiones que nadie esperaba ni deseaba—.

La mayoría de nosotros nos resistimos al cambio casi automáticamente, porque todo cambio implica una pérdida. Cualquier elección es una renuncia. Pero la fuerza del cambio no puede ser detenida, y estando a medio puente entre dos eras esto es prácticamente incuestionable. Por eso es fácil caer en el extremo vicioso de pensar que no tenemos alternativas para enfrentar el cambio y, con esa sensación de impotencia, dejarse llevar. “Lo viejo da paso a lo nuevo”.

LEER MÁS: Vivimos en una era exponencial, pero no es la primera.

Pasa con algunos pequeños empresarios o profesionales. Pienso en los médicos, que hace apenas una generación tenían una demanda segura y estable con tan sólo poner su consultorio particular, y que ahora deben luchar, como cualquier empresario, por conseguir clientela. “Es que los tiempos cambian, la gente ya no va a consulta”, algunos ponen de pretexto. “Adaptarse o morir” es una vieja máxima que no por vieja ha dejado de ser cierta. Pero si estos son los tiempos en los que los cambios son muchos, rápidos y aparentemente impredecibles, ¿qué puede hacerse?

Innovar, innovar, innovar. La innovación que acompaña a la transición entre dos eras es una que surge de la necesidad, más que de la iniciativa propia. El tema de qué tipo de innovación debemos perseguir ya se ha abordado de una manera que me parece muy adecuada en en este blog, por Juan José Díaz: “la innovación debe estar situada entre la visión futurista y el respeto a la tradición.” El eterno punto medio aristotélico. Pero volvemos a que esto se dice más fácil de lo que se consigue.

¿Cómo lidiar con el cambio constante? En mi post pasado hablé de las razones para desarrollar una “visión caleidoscópica”, que nos ayuda precisamente a enfrentar situaciones complejas. Quisiera ahondar en el tema, a partir de las mismas ideas de Ramón Muñoz, para exponer su utilidad en los tiempos desafiantes vivimos.

La resistencia al cambio puede ser un signo de fragilidad o de dureza. La dureza busca evitar el cambio y sus efectos, la fragilidad les teme y procura impedirlos, por ser tremendamente vulnerable a los mismos. Imaginemos que ese cambio inevitable del que hemos hablado es un gran tsunami: la persona dura tratará de aferrarse a sus principios, la base de su fortaleza, para resistir el embate de la gran ola; la persona frágil no tendrá de dónde asirse y seguramente será arrastrada y destruida.

Pero, ¿es suficiente la fortaleza de un principio, forjado en un paradigma desactualizado, para resistir el embate de la nueva era? Quizás no. El problema del principio es justamente ése: la realidad sobre el que fue construido está cambiando. Muchos principios han quedado desactualizados y obsoletos con el cambio de los tiempos y, si se mantienen, nos hacen parecer desinformados, tercos o, en el peor de los casos, fanáticos.

Necesitamos ser algo parecido a ser flexibles, no frágiles ni duros. Pero la flexibilidad es sumisa y también puede someterse por una fuerza externa suficientemente grande. El cambio no debe imponerse ante nosotros, o cualquier deseo o planeación sería fútil.

Lo que debe perseguirse, con la formación de la visión caleidoscópica, es la antifragilidad, el extremo verdaderamente opuesto a la fragilidad. Mientras que ésta última es destruida por nuestra ola gigante, y la dureza se le opone, la antifragilidad se vería beneficiada por ella. ¡Una persona antifrágil remontaría la monstruosa ola en una tabla de surf!

La dureza está fundamentada en principios, pero la antifragilidad está construida sobre virtudes. Una persona virtuosa es, por necesidad, una persona con capacidad —¡construida sobre la práctica!— de adaptación basada en el correcto cuestionamiento y estudio de la realidad. El hábito a formar es el del pensamiento crítico, que es capaz de enfrentar los paradigmas cambiantes del entorno, pero también de cuestionar y actualizar los personales.

LEER MÁS: Prepararse para el futuro: pensar de forma exponencial.

El pensamiento crítico, amplio y vinculante es el que nos dará la capacidad de encontrar la oportunidad en el caos, la belleza de mirar a través del caleidoscopio; el que nos da la capacidad de mirarnos desde otras perspectivas, tender puentes entre nuestras posibilidades y mostrarnos la salida a la complejidad.

Por esta razón, y no por alguna teoría neohippie de evolución de la conciencia colectiva —o cosas peores que me he topado en ciertos foros creativos últimamente—, es que hoy en día observamos un florecimiento de las artes, la espiritualidad y las humanidades en ámbitos en los que la modernidad les cerró la puerta: porque todas éstas son abono para la inteligencia y promotores del pensamiento.

Este post fue publicado originalmente en noviembre de 2013.

 

3 comentarios en “Enfrentando un cambio de era

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